agosto 24, 2019

La oposición no quiere elecciones, porque no puede ganarle a Evo


Por Oscar Silva -.


Los cívicos develaron prematuramente las intenciones de toda la oposición con miras a las elecciones del próximo 20 de octubre: Desconocerán los resultados de las elecciones si gana el MAS. En el hipotético caso de que aquello no suceda las elecciones serán buenas.

La desesperación de la desorientada oposición boliviana ante su incapacidad de poner freno al avasallador avance de la dupla Morales-García Linera, no solo en las encuestas, incluso en aquellas realizadas por empresas y medios políticamente identificados con esa oposición y su fracaso al intentar forzar una sola candidatura en torno al candidato de la nación camba, los ha llevado a mostrar sus primeras cartas antidemocráticas y antielectorales.

A la cabeza de los cívicos, el sector más reaccionario de la sociedad boliviana, apuntan a desestabilizar al órgano electoral. El pedido de renuncia de los vocales a quienes acusan de haber perdido credibilidad es el primer paso, que necesariamente ira acompañado no solo de marchas y asedios a los edificios de este órgano, sino que buscaran generar violencia para victimizarse después, ante una probable represión policial.

Seguros de que este primer paso solo tiende a caldear el ambiente electoral previo y que su objetivo no es precisamente cambiar de árbitros, sino generar un clima violento, de incertidumbre ciudadana y si fuese posible lograr que el gobierno reaccione de manera violenta.

Pero el objetivo final es impedir que se realicen las elecciones. La razón es muy simple. Están conscientes que no tienen ni juntos, menos separados, la menor posibilidad ya no de ganarle a Evo Morales, ni siquiera de llevarlo a una segunda vuelta. Las diferencias evidentemente cada vez se hacen más grandes en la preferencia electoral y vislumbran una clara y definitiva derrota electoral.

La oposición de derecha nunca fue democrática, aceptaron algunas de las reglas de la democracia formal únicamente cuando les fue útil a sus intereses. El camino que siempre han utilizado, el que lo conocen mejor, como lo demostraron entre 2008 y 2009, ha sido el de la violencia, allí es donde mejor pueden desenvolverse. Aun cuando hay que tener presente que, en aquella oportunidad, el pueblo boliviano supo derrotar la intentona violenta separatista racista.

Junto a ello, queda por definir, quien lidera la oposición. Es un tema que va más allá de la coyuntura. Aquí solo cuentan dos corrientes: Una neoliberal democrática cuya figura visible es Carlos Mesa, pero que esconde los intereses de grupos socialdemócratas que incluso están tocando puertas en sus pares europeos para conseguir financiamiento y la derecha extrema, racista y proimperialista encabezada por las logias y fraternidades cruceñas y con la figura visible de Oscar Ortiz.

El resto de las candidaturas no existen, ni los dinosaurios como Paz Zamora o Víctor Hugo Cárdenas, ni los otros “nuevos liderazgos” de grupos de amigos, no solo desconocidos en lo personal, sino con una ausencia total de propuestas políticas serias o de visión de país.

En síntesis, esa pobre oposición boliviana, fuera del esfuerzo estéril e inconsistente de descalificar la postulación del binomio masista, con la cantaleta de inconstitucionalidad, no han expresado hasta ahora ninguna crítica a la política económica, social o de gestión del actual gobierno, ni menos han propuesto alternativas que pudieran recibir el respaldo ciudadano.

Lo que viene en los próximos meses no será precisamente algo parecido a una campaña electoral, sino más bien un ambiente de violencia, de desestabilización, originado en la frustración e incapacidad opositora. Habrá que estar preparados.

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