noviembre 14, 2019

El camino del Qhapaq Ñan, revalorización del pasado y presente (II)

Por Odalys Buscarón Ochoa *-.


La Paz-. Presente hoy como vestigio arqueológico y en el universo cosmogónico de los pueblos actuales que habitan el vasto territorio del lago Titicaca, la cultura Tiwanaku fue centro de origen civilizatorio de los Andes.

La presencia de rutas y ramales del Principal Camino Andino, el Qhapaq Ñam, en territorio boliviano guardan inexorable relación con la cultura tiwanacota, según investigadores locales.

De acuerdo con el arqueólogo y restaurador boliviano, Carlos Ponce Sanginés, en su periodo de mayor esplendor (época clásica y expansiva entre los años 500 y 1150 de nuestra era) Tiwanaku logró constituirse en un Estado unificado y sus jefes llevaron a su pueblo a la realización de grandes obras en momentos de desarrollo económico y social.

En lo que Sanginés denomina modelo integrador, la cultura tiwanacota tenía definidos ecoregiones y pisos ecológicos, espacios que aprovechó mediante recursos agrícolas, extendiéndolos fuera del entorno del altiplano.

De ahí que dentro de la concepción política, económica e ideológica expansiva edificaron caminos que enlazaban su capital con otros territorios; ya fueran grandes centros de producción agrícolas o urbes periféricas, que se extendían desde la cordillera andina, pasando por los pisos ecológicos de los Yungas, hasta la costa del Pacífico.

Desde esta perspectiva, el investigador identificó 11 tramos con una longitud aproximada de unos cuatro mil 30 kilómetros, incluidos hoy en la ruta turística, nombrados El Choro, el Takesi, el Yunga Cruz y Pasto Grande, con profunda huella tiwanacota.

A estos trayectos, el estudioso boliviano del ‘imperio tiwanacota’ vincula otros ramales viales en los valles de Cochabamba y de Moquegua, hacia el puerto de Ilo en Perú; y en dirección a Arica y a San Pedro de Atacama, en Chile.

El ocaso progresivo de Tiwanaku ocurrió hacia el siglo XII de nuestra era, lo que sumió en la oscuridad al esplendoroso centro, y con ello a sus habitantes, que fueron asimilados por otros grupos.

De todas las hipótesis manejadas, la más acertada hoy es una posible crisis política que pudo ocasionar desajustes en la economía local.

ERA DEL COLLASUYO: SEÑORÍOS AYMARAS

Tras el colapso de Tiwanaku, surgieron y se consolidaron en las regiones altiplánicas peruanas y bolivianas los denominados señoríos con dominio aymara, que al final conformaron la era del Collasuyo (1200-1450 de nuestra era), principalmente en lo que es hoy Bolivia.

Extendido hacia el sur, incluso hasta el territorio de la actual Chile, el dominio Collasuyo representaba un vasto mosaico étnico de aymaras, los canas, canchis, collas y los lupacas, en territorio peruano. En Bolivia estaba constituido, además de aymaras, por los pacaza (pacajes), los karanka, quillaqa, charka, sora, cuis, yampara, qharaqkaras, los visisa, chicha y los lipi, según refiere Saignes en sus estudios.

Destaca asimismo que los señoríos locales y los incas aprovecharon los caminos y rutas de la cultura Tiwanaku.

El cronista Pedro Cieza de León dejó entre sus anécdotas una referencia durante su recorrido en 1549 por comarcas peruanas al constatar que ‘el gran jefe Tupac Inca recorrió por todos los caminos del Collasuyo y envió mensajeros a todas las naciones de los charcas, carangas y más gente de aquellas tierras’.

Muchos fueron los cronistas que narraron sus impresiones a su paso por las provincias del Alto y Bajo Perú (luego Bolivia) durante los siglos XVI y XVII.

Las ruinas incaicas de Incallajta cerca de Pocona, provincia Carrascode, en Cochabamba, constituyen evidencias de la expansión de los incas.

Sostienen los estudiosos que la ocupación incaica en el territorio del Collasuyo duró menos de 100 años; periodo en que la política de integración al Imperio Inca se implementó a través de una red de caminos ya existentes desde el Estado Tiwanaku y que fueron mejorados y ampliados.

EL QHPAQ ÑAN EN FUENTES HISTÓRICAS

Las fuentes históricas del siglo XVI, las crónicas de los viajeros, estudios sistemáticos y excavaciones arqueológicas ubicaron los caminos andinos prehispánicos en seis regiones de Bolivia, diversas en relieve topográfico, fisiografía y pisos ecológicos, según las investigaciones interdisciplinarias llevadas a cabo.

El Principal Camino Andino atraviesa siete de los nueve departamentos en los que se divide administrativamente el país, en 43 trayectos.

Las investigaciones identificaron la construcción del Sistema Vial con dos ramales principales que rodean la región circuns-lacustre del lago Titicaca y desembocan hacia el sur, hasta el sitio de Calahoyo, frontera con la Argentina.

De estos ramales se desprenden varios otros caminos que fueron edificados para conectar importantes y vastas regiones agrícolas, sitios defensivos para el avance inca hacia el oriente; zonas de explotación minera y hasta centros de adoración.

Según fuentes históricas, la extensión aproximada del Qhapaq Ñan en el siglo XVI era de unos seis mil 950 kilómetros.

La intensa actividad agrícola y el abandono como sistemas viales cotidianos y rutas comerciales se mencionan entre las principales causas de la desaparición o deterioro de numerosos senderos prehistóricos aun durante la colonia y el periodo republicano, y posteriormente en el siglo XX muchos de estos caminos fueron convertidos en carreteras.

George Squier, uno de los viajeros del siglo XIX, escribió alguna vez: ‘…el sendero bordea los flancos de la colinas abruptas que forman la isla (del Sol, en el lago Titicaca) y sigue al parecer la línea del antiguo camino sostenido por terrazas de grandes piedras, a una altura de 60 a 90 metros sobre el lago.

Sobre la roca sagrada, amplía el cronista, ‘cuando estuvo a la vista, nuestros guías se detuvieron, se quitaron los sombreros y se inclinaron profunda y reverentemente en su dirección, murmurando unas pocas palabras de significación mística.

Pero actualmente esta roca -ay de los dioses destronados -no es más que una masa raída y desgastada por el tiempo, de piedra arenisca roja, que forma parte de un espeso estrato que atraviesa la isla…’, describió así brevemente Squier.

Bolivia regresó por esos senderos en 2006 con el proyecto del Sistema Vial Andino: el Qhapaq Ñan Bolivia, en un equipo multidisciplinario, que hiló el pasado y el presente desde las miradas de la antropología, arqueología, arquitectura, cartografía, etnohistoria, geología, medio ambiente, el turismo, la topografía y sistema de información geográfica.

Hasta culminar el expediente para la declaratoria, que finalmente se aprobó en 2014, de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


  • Corresponsal en Bolivia

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