octubre 20, 2019

Delivery de gobernabilidad


Por Noelia Barral -.


Las seis semanas seguidas de estabilidad cambiaria le permitieron a Mauricio Macri recuperar aire justo antes de las definiciones electorales. El dólar tranquilo apagó el fuego amigo. Los mercados y los cambiemitas dejaron de dudar del presidente y de su aptitud para ser el candidato. Y fue en ese momento, cuando pudo volver a ponerse de pie, que él y la mesa chiquita del macrismo recordaron cómo convertirse en una maquinita de impacto electoral. La designación de Miguel Pichetto como candidato a vicepresidente cumplió con las tres premisas que buscaba el tándem Macri-Peña para la elección: generar sorpresa, mostrar apertura y complementar a la figura presidencial.

El primer objetivo Miguel Pichetto lo cumplió con creces. Su nombre al lado del de Macri en una fórmula presidencial sacudió el tablero político y tuvo consecuencias sobre el resto de los espacios. Sin ir más lejos, liquidó a Alternativa Federal. Un terremoto equiparable al que provocó Fernández-Fernández hace casi un mes, que ya había herido de muerte a la tercera vía.
El segundo objetivo, la búsqueda de mostrar apertura, deberá demostrarlo PRO en los próximos días. El macrismo tiene escuela en las convocatorias que se quedan en la foto. Lo saben bien los radicales, Emilio Monzó y Ernesto Sanz.

Y el tercero, la complementariedad, es sin dudas el gran acierto de Macri en la elección de Pichetto. La mesa chiquita de Cambiemos buscaba un o una vice que le agregase al presidente alguna cualidad con mucha demanda en el mercado de los votos. En su momento, las elecciones de Gabriela Michetti (dos veces) y María Eugenia Vidal para ese papel apuntaban a suavizar la imagen de Macri. Hoy, en medio de la crisis económica, la necesidad era consolidar al núcleo duro de votantes con una elección fuerte y complementar a Macri en lo que le reclaman votantes y mercados: gobernabilidad. La equidad de género, bueno, nos la deben.

Como marcó el politólogo Julio Burdman en El Economista, Pichetto resuelve algunas de las dudas del Círculo Rojo sobre el presidente porque construyó desde el Senado un sello distintivo que ata su nombre a la eficacia política. En los papeles, esa eficacia no se verifica absoluta y se muestra más bien falible en contextos de alta fragmentación política o de falta de verticalismo del bloque que conducía. Baste recordar por caso la fallida aprobación en el Senado de la Resolución 125 o, mucho más cercana en el tiempo, la caída en la misma Cámara del proyecto para legalizar el aborto, que encontró en Pichetto uno de sus defensores más coherentes y un buscador de votos incansable pero finalmente atado a los designios de los jefes reales de los senadores: los gobernadores.

Algunos de esos jefes distritales, a los que Pichetto siempre dijo responder y a quienes el Gobierno busca acercarse al abrirles el canal de comunicación que encarna el senador, dieron una primera señal que alegró a la Casa Rosada. Juan Schiaretti, en Córdoba; Omar Gutiérrez, en Neuquén, y Hugo Passalacqua, en Misiones, se inclinan por llevar lista corta de candidatos a legisladores nacionales. Es decir, no apoyar con sus votos, sus fiscales ni sus campañas locales ni a Roberto Lavagna ni a Fernández Fernández, los espacios adonde respectivamente podrían haberse sumado. Más aire para Macri.

Un consultor muy escuchado por la Casa Rosada y por los financistas extranjeros utilizaba hace algunas semanas la metáfora de la pared para explicar la situación del Gobierno. Decía: el votante 2015 de Cambiemos tiene una pared ante sus ojos que no le permite ver más allá. ¿Qué hay más allá de esa pared? Las cualidades que los votantes oficialistas valoran en Macri y en Cambiemos. Puede ser la transparencia, la lucha contra el narco o el simple antikirchnerismo. Pero esa pared, que es la situación económica expresada principalmente en la volatilidad del dólar, no les permite verlo. Si el Gobierno, seguía el consultor, logra sacar un ladrillo de esa pared, es decir, estabilizar el dólar, entonces aquel votante desencantado podrá volver a mirar por un agujerito las cosas que en 2015 vio con aprobación y deseo. Y si consigue el Gobierno sacar otro ladrillo, es decir, hacer que la inflación empiece a mostrar una baja consistente, el votante podrá ver todavía un poco más.

Desde hace seis semanas, el Gobierno sacó el ladrillo del dólar. Tal vez logre sumarle el de la inflación. Y ahora, además del repertorio de siempre, en ese “más allá” el votante tendrá a Miguel Pichetto como un horizonte de gobernabilidad, para los próximos seis meses y para un eventual segundo mandato.

Comenzará a jugarse ahora entonces la posibilidad de Pichetto de cumplir ese delivery de construcción de poder para el que lo han designado. No la tendrá fácil con un peronismo en clave FF en el Senado, que desde hace dos meses bloquea las designaciones de más de 75 jueces propuestos por Macri. ¿Un Pichetto sin mayoría consigue lo mismo que uno mayoritario? Los mercados creen que sí. Los votantes macristas parecen creer que sí. Pero es pronto para conocer la respuesta definitiva. Macri se prepara para saberla en las próximas semanas.

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