octubre 20, 2019

Gabriel René Moreno: entre el darwinismo social y la bolivianidad


Por Luis Oporto Ordóñez * -.


Mariano Baptista Gumucio entregó a la Biblioteca de la Asamblea Legislativa Plurinacional la obra de Fernando Baptista, Las monedas de la Independencia (Aguilar, 2002) y 20 fascículos de Kollasuyo, Revista de Estudios Bolivianos, dirigida por Roberto Prudencio, que incluye el “número de homenaje a Gabriel René Moreno” [1] (84, abril-septiembre, 1973), con cinco ensayos biográficos: R. Prudencio: “R. M. crítico e historiador”; T. Imaña: “R. M. y la independencia de Bolivia”; V. Abecia: “El historiador G. R. M.”; J. Siles: “G. R. M. bibliotecario” y opiniones de Alberto Gutiérrez, Enrique Finot, Carlos Medinaceli y Hernando Sanabria Fernández, sobre diversas facetas reveladoras de la trayectoria y personalidad de Moreno, un producto de su época que tuvo como autores de cabecera a Sainte Beuve, Thaine y Ranke.

Se tituló de abogado en 1866, profesión que despreció, pues su vasta obra se expresa en cuatro vertientes: crítica literaria, historia, bibliografía y catalogación de colecciones de la Biblioteca del Instituto Nacional. Fue publicista precoz (a sus 22 años), literato (blandiósus mortíferas armas: crítica radical e ironía ácida), historiador (analizó las estructuras sociales), bibliógrafo (anotador, erudito y técnico), papelista (obsesivo colectador de documentos), archivista (salvó archivos) y sorprendente bibliotecario (usó, en época tan temprana, el sistema de clasificación decimal Dewey). [2] Gastó 36 años de su existencia en el oficio modesto de bibliotecario —su única ocupación rentada— en el Instituto Nacional, el más prestigioso centro educativo de Chile, [3] al que ingresó con 32 años (marzo 1886), contratado por el rector Diego Barros Arana, en reemplazo de Amador Rodríguez, cargo que ejerció —con breve interrupción— “cuando éste muera a resultas de una penosa enfermedad en Valparaíso” (28 abril 1908), siendo reemplazado por Enrique Barrenechea (Siles, 1973: 116, 126).

Un ser minado por la soledad autoimpuesta pues rechazó la posibilidad de formar un hogar; misántropo darwinista, actitud expresada en su crítica literaria (“curioso folleto por su suciedad tipográfica, gramatical e indigenal. Huele a chicha”) y su análisis sociológico de la historia (el ‘cholo abogado’ es la “alimaña más dañina en la sociedad” y el ‘cholo mandón’, el “gato montés más rapaz y bravo”), que denota “su racismo, su convencimiento de la superioridad de la raza blanca sobre la mestiza y la india” hecho por el que “fue duramente combatido en Bolivia, tal vez nunca perdonado” (Abecia, 1973: 76). En efecto, Franz Tamayo, denunció a Moreno en las cámaras (1934) como al difamador de Bolivia: “Todo nuestro desprestigio actual lo debemos a Moreno, es el autor de la frase clásica del ‘doctor altoperuano’ y del ‘cholo altoperuano’, y esa fama infame que arrastra el boliviano en el exterior se la debemos exclusivamente a Moreno” (Abecia, 1973: 78).

René Moreno se ve obligado a abandonar Chile (marzo de 1879-abril de 1883), como efecto inesperado de su fugaz intervención en un pasaje de la guerra del Pacífico. [4] Viaja a Buenos Aires donde se lo ve “huroneando archivos” (Abecia, 1973: 59); consultando los fondos del Archivo General de la Provincia de Buenos Aires, “competentemente autorizado para realizar investigaciones históricas”. El amor obsesivo por documentar los fastos de su patria, lo expuso a momentos amargos y dramáticos, de las que se ha informado de un pasaje y documentado otro.

Vicente G. Quesada (1830-1913), [5] Director de la Biblioteca Nacional Argentina, lo acusó de sustracción de libros, según relató José Vásquez Machicado a Valentín Abecia: “cuenta que un día compareció Moreno ante el Director de la Biblioteca, sindicado de robo de valiosos libros que los había tomado el ilustre escritor llevado por su pasión de bibliógrafo”, aunque le otorga el beneficio de la duda al afirmar que “no hemos podido comprobar sobre lo que alguna vez se ha escrito sobre la acusación que hizo Vicente G. Quesada” (Abecia, 1973: 93).

El segundo hecho ocurrió el 4 de octubre de 1879, ocasión en la que se suscitó un episodio de sustracción de doce expedientes, acción detectada por el encargado del Archivo, Carlos Guido y Spano, quien informó al Ministro de Gobierno de la Provincia, Santiago Alcorta:
Me constituí a mi Repartición, donde se hallaba detenido, el Sr. René Moreno, a espera del señor Gefe de Policía, conforme a lo determinado por V.S. A poco más delas cuatro de la tarde presentóse dicho funcionario en mi despacho, y luego de recibir por mí las informaciones del caso, hizo llamar al Comisario de Órdenes, ordenando acompañase al referido sujeto a su domicilio (Hotel de París) a fin de que le hiciese éste entrega de los documentos de que debíamos ser inmediatamente reintegrados. Para su debido reconocimiento hice [que] acompañase al Señor Anzó el Oficial 1° del Archivo don Agustín Pardo. El resultado de esa diligencia fue la devolución de cuarenta y un documentos con 246 fojas útiles, los cuales agregados a los doce, sumando 50 hojas, recuperados en el mismo Archivo forman un total de cincuenta y tres documentos con 296 fojas. A más de los papeles aludidos, el señor Pardo reconoció cinco expedientes con 24 hojas relativos al mismo periodo histórico a que los anteriores corresponden, y que teniendo un carácter oficial hay toda presunción [que] han sido también sustraídos de nuestros estantes en época remota. [6]

La obsesión de Gabriel René Moreno por recuperar documentos referidos a la historia nacional, sin importar costo o riesgo lo llevó a deslizarse por la delgada línea delo ilícito. Sin embargo, es evidente que el ilustre polígrafo, encontró otros cinco expedientes históricos en el mercado negro que los compró con el mismo objetivo, los que igualmente fueron incautados. Moreno bebió aquel día, el trago más amargo de su existencia.

Gabriel René Moreno, a pesar de haber pasado casi toda su existencia en Chile, rechazó la ciudadanía de ese país. Escribió su sorprendente producción histórica exclusivamente sobre historia nacional y dedicó todos sus esfuerzos a registrar y recuperar los documentos esenciales sobre Charcas colonial y la Bolivia republicana. Su “bolivianidad” —como él denominaba a su acendrado patriotismo— tiene un peso específico que hace variar el fiel de la balanza en la hora del juicio crítico sobre su conducta.


* Magister Scientiarum. Docente titular de la carrera de Historia (UMSA). Jefe de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.


1 Nació en San Lorenzo de La Barranca, Santa Cruz, el 7 de noviembre de 1836.
2 Melvil M. Dewey (1851-1931) patentó su sistema en 1876.
3 Su salario era de 400 pesos anuales, el del rector de 4.000.
4 Ver su obra Daza y las bases chilenas.
5 Diplomático y escritor, autor de Crónicas potosinas. Costumbres de la edad medieval Hispano-Americana, que inspiró a Modesto Omiste en su obra sobre Potosí.
6 Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Libro de notas, II, 1875-1912, pp. 24-25.

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