julio 17, 2019

Temporada de huracanes


Por Julio A. Muriente Pérez * -.


La temporada de huracanes comienza oficialmente el primero de junio y finaliza el 30 de noviembre, en el Atlántico norte y el Caribe.
En esas fechas, cuando en el hemisferio norte llegamos al final de la primavera y al comienzo del verano —y luego al final del verano y al comienzo del otoño— es cuando se supone que sea más alta la temperatura superficial de las aguas oceánicas. Éstas constituyen el combustible que calienta las masas de aire situadas sobre esas aguas que al calentarse ascienden en la atmósfera y generan intensos e inestables movimientos de rotación y traslación. Entonces nacen los huracanes.

Ese proceso natural había venido ocurriendo por siglos. Mucho antes de que los seres humanos pobláramos la Tierra. Pero es cosa del pasado. Van existiendo cada vez menos, temporadas de huracanes, o de lluvias, o de seca, o de frío o calor; o estaciones del año. Los fenómenos naturales que ocurren en la atmosfera han sido atrofiados por el ser humano. Ya no son naturales.

Hace más de dos siglos se dieron en Europa grandes cambios en la manera de transformar la naturaleza —materia prima, le llaman en economía— en bienes, en riqueza. Es lo que conocemos como la Revolución Industrial.

Lo revolucionario fueron las nuevas fuentes de energía disponibles para transformar la materia prima. El carbón fue el primero de esos combustibles fósiles utilizados para calentar agua, producir vapor y poner a andar las máquinas en las fábricas. Luego se impusieron el petróleo y el gas natural. Así fueron sustituidos el esclavo, el siervo y los animales como fuentes primarias de energía transformadora. Surgieron el burgués, el obrero y el capitalismo moderno y las grandes potencias industrializadas. Hasta nuestros días.

De tanto quemar carbón, petróleo y gas natural, se ha pretendido competir con la fuente natural de energía, el Sol. Que nos provee energía limpia, pura, infinita, nada contaminante; generadora y reproductora de la vida.
La energía del Sol penetra hasta la superficie del planeta, calienta y luego sale; sin dejar rastro de sucio o basura ambiental. Pero la energía producida por el carbón, el petróleo y el gas natural calienta en la superficie y genera gases que se han ido amontonando, sin posibilidad de salir de eso que se conoce como la biosfera, o esfera de la vida. De nuestra vida y la de los demás seres vivos. Es lo que llaman efecto invernadero …de dimensiones planetarias.

La Tierra se está cocinando por gases contaminantes, tóxicos y calientes; estamos atrapados dentro de esa masa de agentes químicos. La superficie del planeta se está descomponiendo poco a poco, porque algunos han querido jugar a aprendices de brujo y enriquecerse a costa de la humanidad entera.
Los casquetes polares, reserva de la escasa agua dulce con que contamos, se están derritiendo. También los glaciares de alta montaña, fuentes de innumerables ríos indispensables para la agricultura en muchos países.

Los niveles de los océanos y mares ascienden aceleradamente, cada vez más calientes, cubriendo zonas bajas alrededor del planeta. Las temperaturas se han desordenado. Azotan lo mismo sequías intensas que lluvias interminables, inundaciones inusitadas, calores y fríos insoportables, nevadas que se anticipan o que no llegan, huracanes en cantidades exorbitantes, de intensidades nunca antes vistas y en fechas inesperadas.
No es el Apocalipsis. El calentamiento global y el cambio climático resultante son hechura humana. Sus consecuencias son nuestra responsabilidad. Lo peor es que miremos al otro lado, que entremos en negación, que nos conformemos con pensar que no pasa nada. Que son inventos de algún científico desquiciado.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

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