octubre 20, 2019

La oposición sin rumbo

Por Editorial La Época -.

En los últimos días, sin que parezca una interpretación ideologizada o expresión de un buen deseo, la realidad se ha encargado de constatar la poca seriedad que tiene la oposición política a Evo Morales y al Proceso de Cambio, y la serie de juegos que se esfuerza por realizar sin ningún resultado alentador.

Es más, si hay un resultado que se extrae al colocar las piezas sobre el tablero, es la falta de credibilidad que cada día se amplía de parte de la población respecto de los que pretenden instalarse en el imaginario colectivo como los “dignos” sustitutos del actual presidente del Estado Plurinacional.

Carlos Mesa, que se presenta, aunque cada vez menos, como el principal oponente a Morales, ha puesto de manifiesto las grandes dificultades que tiene para contar con un grupo cohesionado que compense sus conocidas limitaciones como conductor político: en menos de dos meses ha cambiado seis voceros de campaña y ha confirmado que no es por el anuncio de la plata que tiene para la campaña que pidió la renuncia de Diego Ayo —un estrecho colaborador de la embajada de Estados Unidos—, sino debido a que le estaba cerrando, por el alcance de sus desmedidas palabras, cualquier posibilidad de acuerdo con Samuel Doria Medina y otros políticos del viejo sistema de partidos.

Por lo demás, Comunidad Ciudadana (CC) no ha podido, hasta ahora, construir un programa alternativo a lo que hace Evo Morales ni mucho menos presentarle a la población. No hay nada que sea atractivo en Mesa, quién por su falta de actitud, como ya la tuvo cuando prefirió renunciar a la Presidencia antes que nacionalizar los hidrocarburos, va perdiendo cada día que pasa posiciones dentro de la tendencia electoral.

Lo que si hace Mesa, que no tiene objetivo definido, es ser objeto de una crítica radical de parte de Oscar Ortiz de Bolivia Dice No, quien está desplegando todo el esfuerzo que sea necesario para aglutinar al voto de derecha duro que desde las elecciones de 2005 oscila en alrededor de 25 por ciento. El problema para el dirigente cruceño es el apoyo a media máquina que tiene de alguna gente de su partido en la ciudad de Santa Cruz y la iniciativa de Mesa de “amarrar” con fracciones de esa derecha dura. De ahí que se deba dar por descontado una ardua disputa entre estos dos candidatos de la derecha boliviana.

Mucho más patético es Víctor Hugo Cárdenas con la sigla UCS, que ha preferido sacrificar el intento de encontrar bolsones de votación en el área rural, indígena-campesina, al privilegiar propuestas al estilo Bolsonaro, como la de sostener que las mujeres tienen el derecho de andar con armas de fuego para enfrentar la criminalidad. Este es un planteamiento poco serio e irresponsable que felizmente no atrajo la atención predominante de la gente. Después de eso, nada en el horizonte que no sea los mismos argumentos de toda la oposición para criticar el Proceso de Cambio.

Pero si Mesa no tiene rumbo, mucho menos lo tiene el resto de la oposición, que electoralmente no aparece. Es probable que la presión de la embajada de EE.UU. crezca para que esos candidatos que no pintan nada, se bajen de la competencia.

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