octubre 20, 2019

Paz con la Naturaleza


Por Marcelo Caruso Azcárate * -.


La paz en la sociedad y con la naturaleza, son inseparables y crean un todo único. Gran parte de las causas (problemas) que escalaron en Colombia el conflicto social político hacia un conflicto armado, son las mismas que hoy profundizan la crisis ambiental y su manifestación climática.

Si bien celebramos el poder contar con un marco jurídico que prácticamente declara a toda la naturaleza como sujeto de derecho, ya son muchas las órdenes de sentencias de los más altos niveles del poder judicial, dirigidas a garantizar estos derechos, que están siendo ignoradas. El desinterés en cumplirlas por parte del poder ejecutivo nacional y el autismo ante las mismas por parte del Congreso, prefiguran todas las condiciones para que se declare un Estado de Cosa Inconstitucional ambiental, similar al existente y aun incumplido, frente a la violación de los derechos de la población desplazada y carcelaria.

La necesaria relación virtuosa entre el Estado social de Derecho, la ética social, política y ambiental, la consciencia del daño generado por la desprotección de la vida de los ciudadanos y sus derechos no garantizados, junto con las obligaciones del funcionario público de servir a la sociedad y proteger sus ríos y bosques, no funciona. La falla tiene carácter sistémico y global pero, en lo mucho que nos atañe como país, sus determinantes son los mismos intereses de poder, de dominación, de lucro extractivista y exclusión que nos llevaron a la guerra, en la cual las distintas formas de vida fueron sus principales víctimas. Así como hoy existen “paraísos fiscales”, Andrés Barreda explica que México se convirtió en un paraíso industrial transnacional al servicio del mercado de Estados Unidos, donde con el respaldo del libre comercio se desconocen todas las normas ambientales y de salud en el trabajo, con toxicidades que están generando verdaderas pandemias de cáncer, inmunológicas y genéticas.

La lucha en Colombia es para que no la conviertan en un paraíso deforestador y extractivista. Nuestros bosques tropicales, que refrigeran y oxigenan el planeta, siguen siendo arrasados y ya son 220.000 hectáreas las desmontadas en el año 2018, con el record de tener los municipios más deforestadores del planeta. La mayoría de ellas se direccionan hacia una ganadería de muy bajo rendimiento y sin interés en la madera, pues la queman.

La historia dice que la región amazónica era regulada por la presencia de la guerrilla y su Ley del Monte, y que con su desmovilización eso quedó descontrolado, con tierras al mejor y mayor postor, interesado en invertir para especular con su valor futuro y, de paso, lavar dinero. Se alega que existe una cultura ganadera en la región, pero cuando se investiga queda claro que al campesino la banca sólo le presta dinero si tiene “semovientes” como garantía. No se presta dinero para cultivos, pues frente a una mala cosecha no hay nada que embargar, ya que son tierras baldías, protegidas, resguardos indígenas, que al ocuparlas se genera poder pero no necesariamente producción.

Preocupa que aún no se vislumbre en los precandidatos a las elecciones de octubre de los entes territoriales, donde se manifiestan en concreto las consecuencias de la crisis climática, la compresión para incluir en sus programas de gobierno claras y audaces propuestas para enfrentar esta fase depredadora del capital transnacional y mafioso, comenzando por acabar con el direccionamiento especulativo que estimula el sector financiero y, al mismo tiempo, avanzar en créditos de fomento en los que la asociatividad, la cultura de los pueblos originarios y el manejo ambientalmente sostenible, sea el determinante.

Recuperar la credibilidad social y capacidad transformadora de la política pasa, en gran medida, por retomar el camino marcado por la Ecología integral, que es lo que hace que las diversas religiones y comunidades de fe hoy se unan, por primera vez en la historia de Colombia, tras la causa común de la protección de la “Creación o Casa Común”, comenzando por proteger los bosques tropicales y a sus habitantes ancestrales (Ver IRI-Colombia). Comprender que las riquezas de nuestro planeta no son infinitas aumenta nuestras capacidades humanas para entender que la necesaria reconciliación con la naturaleza es parte integral de reconciliación y transformación de la sociedad. ¡Aleluya!


* Intelectual colombo-argentino.

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