agosto 20, 2019

El informe venenoso de Bachelet sobre Venezuela, otra maniobra de EEUU

Por Vicky Peláez-.


Algo extraño pasa con algunos líderes latinoamericanos cuando se convierten en enviados especiales de las Naciones Unidas.

«Que en este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color de cristal con que se mira»

(Ramón de Campoamor, poeta asturiano, 1817-1901).


El exvicepresidente de Ecuador, Lenín Moreno, defendió a capa y espada durante siete años la Revolución Ciudadana de Rafael Correa. Sin embargo, bastaron tres años de asumir el cargo de Enviado Especial de Naciones Unidas sobre Discapacidad y Accesibilidad para que Moreno cambiase su camisa revolucionaria y antiimperialista por la neoliberal y proestadounidense.

Ahora le tocó el turno a la socialista y amiga declarada de Hugo Chávez Michelle Bachelet convertirse en detractora de la Revolución Bolivariana al ser nombrada la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

El pasado 4 de julio, el mismo Día de la Independencia de EEUU, la Alta Comisionada presentó un informe lleno de imprecisiones y acusaciones infundadas contra el Gobierno venezolano, al que la periodista de Resumen Latinoamericano Victoria Korn llamó «un informe selectivo, tan cerca de Washington y tan lejos de Caracas» (5 de julio de 2019). Alguna vez dijo Fidel Castro que lo único que se puede esperar de informes y consejos de los que están de ese lado es «puro veneno». (Discurso de Fidel Castro, 12 de abril de 1961). Así resultó el informe de Bachelet, que puede ser resumido en una simple frase: «Ella vino, conversó, observó y desinformó» sobre el estado de los derechos humanos en Venezuela.

¿Y qué se podía esperar de una socialista becada por Washington para estudiar en el Colegio Interamericano de Defensa (CID) en Fort Lesley, ubicado cerca de la Casa Blanca y el Pentágono, donde tomó el camino, según sus propias declaraciones, de «convergencia con el poder hegemónico del planeta»?.

El CID, desde su fundación en 1962, después del triunfo de la Revolución cubana, ha sido la escuela de adoctrinamiento político y militar de EEUU donde se forman tanto líderes militares como civiles, de acuerdo a los postulados del interamericanismo. En 2016 el CID le otorgó a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, el título de Master Honoris Causa y le entregó la Medalla del Consejo de Delegados de la escuela.

En su primer gobierno (2006-2010), la presidenta socialista Bachelet aplicó la Ley Antiterrorista de Pinochet contra comuneros mapuche y, en su segundo período presidencial (2014-2018), desconoció su promesa electoral de derogar la Ley de Amnistía de Pinochet. También Bachelet fue promotora del modelo económico neoliberal en Chile y, respecto a Venezuela, fue una de los fundadoras del Grupo de Lima. En resumidas cuentas, esta socialista se ha sumado al plan estadounidense de poner fin al Gobierno legítimamente elegido de Nicolás Maduro, plan que incluye inclusive una posible invasión de EEUU y sus allegados incondicionales: Colombia y Brasil.

Lo indignante y cínico de este informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha sido que, de las 558 entrevistas realizadas para la elaboración de su veredicto sobre Venezuela, 460 tuvieron lugar fuera de la República Bolivariana, utilizando migrantes y refugiados venezolanos actualmente en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, España, México y Perú, lo que da a entender que el documento o su borrador fue redactado antes de la visita de Bachelet a Venezuela.

Eso quiere decir que el informe está lleno de prejuicios, no es nada equilibrado y tiene visibles toques de manipulación. El experto independiente de las Naciones Unidas Alfred de Zayas le hizo a Bachelet una severa crítica al concluir que el informe «es una oportunidad perdida, porque Venezuela ha solicitado y necesita servicios de asesoría y asistencia técnica, pero de buena fe». Lo que, según De Zayas, convierte al documento en «una colección de acusaciones infundadas».

Michelle Bachelet no tomó en cuenta que la situación en Venezuela está envuelta como por una manta en la mentira que se ha impuesto a la verdad ganando el terreno a nivel local, regional, continental y mundial en redes sociales, páginas web, prensa escrita, radio y televisión. El 4 de julio pasado, el periódico venezolano CCS Ciudad reveló en el artículo Mentes Bloqueadas que diariamente se publican 3.600 noticias falsas sobre Venezuela, lo que se traduce en 108.000 fake news al mes o 1,3 millones de noticias falsas al año.

El informe de la Alta Comisionada centra su atención en la represión de la oposición por parte del Gobierno bolivariano, pero ignora por completo el dolor de las víctimas de las sanguinarias guarimbas, cuyos integrantes delinquen masivamente en los países a donde huyeron de la justicia venezolana.

Bachelet no presta atención a los vídeos sobre quemas y asesinatos de personas ejecutadas por la derecha, que se convirtieron en el documento en muertos invisibles. A la vez, el informe otorga privilegios a la oposición, ocultando la verdad para desacreditar al Gobierno bolivariano de Nicolás Maduro. El Comité de Víctimas de la Guarimba y del Golpe Continuado entregó un documento al Poder Moral republicano de Venezuela en «rotundo rechazo al informe emitido el pasado 4 de julio por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, declarando que nos ha decepcionado».

Como recalcó Alfred de Zayas, «el principio fundamental que guía a cualquier investigador es audiatur et altera pars (todos los lados deben ser escuchados)». Sin embargo, Bachelet, siendo una mediadora en vez de abrir espacios políticos, facilitar diálogo, apoyar soluciones negociadas, favoreció en su informe a la oposición, desestimando las informaciones de ministerios, instituciones oficiales sobre la situación de los derechos humanos en el país bolivariano. El periodista y sociólogo Marcos Roitman Rosenmann acusó inclusive a la Alta Comisionada de mentir al señalar que «solo existe un centro penitenciario de mujeres, cuando en realidad existen 17 en todo el país» (El Clarín de Chile, 6 de julio, 2019).

El informe ignora por completo las sanciones económicas y financieras de EEUU contra Venezuela, que están negando al pueblo bolivariano acceso a medicamentos, alimentos y a la materia prima para la producción, lo que debe considerarse un crimen de lesa humanidad. No menciona el informe que el bloqueo económico no permite refinanciar su deuda debido a la confiscación ilegal por EEUU de 30.000 millones de dólares en activos de la estatal petrolera PDVSA y la retención ilegal por parte de bancos internacionales de 5.400 millones de dólares.

Washington no solamente confiscó los activos de la estatal petrolera venezolana sino transfirió una no tan significativa parte de miles de millones de dólares de estos activos a las manos de un grupo de oposición manejada por el autodenominado presidente, Juan Guaidó, y designado encargado por el Departamento de Estado de EEUU. La historia demuestra que siempre la parte más suculenta del dinero confiscado a un país que no se arrodilla ante Washington se queda en el departamento de Tesoro estadounidense.

Los opositores liderados por Guaidó no pierden tiempo y el nuevo consejo de directores de PDVSA en EEUU, nombrado por Washington, según la publicación The GrayZone (7 de julio, 2019), ya se apoderó de 70 millones de dólares, creando un escándalo que obligó al Departamento de Justicia de EEUU a abrir una investigación contra el presidente del directorio y el embajador de Guaidó en EEUU, Carlos Vecchio.

En Venezuela, los partidarios de Guaidó se enriquecieron con 125.000 dólares destinados a ayuda humanitaria. Este es el rostro verdadero de la supuesta oposición democrática, que tiene orden de Washington de «hacer chillar la economía de su país» para poner fin al chavismo de una vez para siempre con el fin de apoderarse de 600.000 millones barriles de petróleo, de la mina más grande de oro en el mundo —que guarda 7.000 toneladas de este mineral—, de la primera reserva de diamantes de 1.020 millones de quilates, de la primera reserva certificada de níquel, y de los yacimientos de carbón, fosfato, hierro, bauxita, coltán.

Precisamente los intereses de esta oposición está reforzando el nefasto informe de Bachelet que obligó al Gobierno de Nicolás Maduro a presentar ante las Naciones Unidas 70 objeciones por su parcialidad. El internacionalista venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein declaró que Bachelet es una persona «que nunca sabe nada, otros saben por ella y otros piensan por ella».

Ni siquiera esta Alta Comisionada se atrevió a mencionar que los Gobiernos de EEUU y de Colombia quieren llevar a Venezuela a la guerra, que reclutan mercenarios, que están intentando dar un golpe de Estado y que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, solicita una intervención militar de EEUU siguiendo las instrucciones de Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams, que proponen una guerra permanente encubierta contra el país bolivariano.

Los diálogos entre el chavismo y la oposición que tuvieron lugar en diciembre de 2017 y enero de 2018 en la República Dominicana fueron una parte de esta guerra encubierta dirigida por Washington a intentar desmantelar el chavismo por esta vía.

Al darse cuenta del fracaso de esta intención, Rex Tillerson, hoy exsecretario de Estado, dio la orden teledirigida al representante de la oposición Julio Borges para abandonar el diálogo y profundizar la crisis venezolana. El inicio de la nueva ronda de diálogo en Barbados con la mediación de Noruega no inspira ningún optimismo, porque la única solución para la crisis venezolana, según la oposición dirigida por Guaidó, es la renuncia de Nicolás Maduro como un acto de «cese de la usurpación y entrega del poder a Juan Guaidó» para que reforme Venezuela de acuerdo a los intereses de Estados Unidos y convoque elecciones sin participación de los chavistas, que son mayoría absoluta en el país.

Todas estas exigencias de la oposición teledirigida por EEUU son absolutamente absurdas. El 3 de julio pasado, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, hizo el siguiente comentario sobre el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó:

«El líder de la oposición, el señor Guaidó, apareció un día ante el público, miró al cielo y, dirigiéndose a Dios, declaró ser presidente. Vale. Pero Dios no nos comunicó su reacción a la proclama de Guaidó. No nos dio ninguna señal… Pienso que el señor Guaidó debe retornar a nuestra pecadora y mortal tierra y seguir normas y leyes democráticas que se reducen a una sola cosa: diálogo y apelar al pueblo, a los votantes».

No cabe duda que el teledirigido por Washington presidente encargado Juan Guaidó, adoctrinado y al mismo tiempo atemorizado por la ira de su creador y promotor, el establishment norteamericano y sus 17 servicios de inteligencia, jamás se atrevería a seguir el consejo del presidente ruso. Venezuela debe mantener su estado de alerta conociendo la historia de EEUU.

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