octubre 20, 2019

Feminicidios y necropolítica


Por Rosario Aquím Chávez * -.


¿Por qué tantos feminicidios en lo que va del 2019? ¿Será porque no funciona la Ley 348? ¿O es porque estos temas transcurren por otros senderos? Este artículo busca responder a la pregunta: por qué tanta muerte de mujeres, a mano de sus hombres, ante la complacencia del Estado. ¿No será que los intereses del estado, ya no están del lado de la administración y construcción de un estilo de vida (biopolítica), sino del lado de la administración de la muerte, que no es otra cosa que la destrucción de la gente y su hábitat (necropolítica)?

El poder sobre la vida, que conocemos como biopolítica, se ejerce a través de las leyes y las políticas públicas que gestionan la vida humana en tanto especie, para garantizar que la población, en su dimensión existencial y biológica, mantenga su statu quo racial; de ahí que, leyes y políticas públicas, sean consideradas comotecnologías de dominación. Por su parte, el poder de dar muerte, se ejerce a través de masacres, esclavitud, desaparición forzada, migración, comercio sexual y feminicidios, considerados todos ellos, como tecnologías de explotación y destrucción de cuerpos, que actúan en complicidad con los dispositivos legales administrativos que ordenan y sistematizan los efectos y las causas de estas políticas de muerte.

En la gubernamentalidad neoliberal y sus dispositivos, así como en el capitalismo corrosivo de las diferentes formas de vida, tanto la biopolítica como la necropolítica se co-constituyen, ya que la gestión de la vida se activa, allí donde previamente ha habido, destrucción de hábitat, de sistemas civilizatorios y de sectores económicos; y muerte de cuerpos y modos de vida diferenciados.

Tanto para la biopolítica como para la necropolítica, el cuerpo individual, no tiene ningún interés, lo que interesa es la regulación de la población en tanto cuerpo político. De ahí que, estemos hablando de un “dar la muerte”, de un asesinar indirecto, dado quelas poblaciones no serán aniquiladas en masa intencionalmente, sino que irán desapareciendo, muriendo, como consecuencia de que el Estado no haga nada por ellas (Ej: las naciones de la amazonia, del chaco y el altiplano) o por mano propia o de otro/a (Ej: los feminicidios). El bio/necro poder para ejercer su control sobre la vida, sobre lo biológico, necesita dividir los cuerpos de manera dicotómica (dos), jerárquica (superior-inferior) y valorativa, en razón de raza, clase, sexo, género, sexualidad, etc. de manera que los que queden en la parte inferior, sean los cuerpos de desecho, los cuerpos in-útiles que serán abandonados a la muerte. Las tecnologías que se utilizan en esta taxonomización provienen de la medicina, la estadística, el control natal, la política pública, y tienen como propósito controlar y regular la población.

Actualmente, como dijo Agamben, vivimos en un estado de guerra civil legal en la que la vida está subordinada al poder del Estado y sólo está presente en la ley, a través de su exclusión. Pero no es una vida, entendida como bios, es decir, como vida política, sino que en palabras de
Agamben, estamos hablando de nuda vida, es decir, la reducción de la vida humana a su estatus biológico (separada del bios, de la vida política). Agamben equipara la nuda vida, con el zoé de los griegos, que es la vida simple, mundana, opuesta y separada de la acción, de la vida política.
La inclusión de la vida simple en la vida política se encuentra en la antigua figura jurídico política del homo sacer, que hace referencia a una persona que ha sido juzgada y acusada de un crimen, pero a la que no se le permite ser sacrificada. Sin embargo, cualquiera es libre de matarla, porque quien lo haga, no será acusado de homicidio. De esta manera, la persona, queda en total desprotección de la ley, se encuentra incluida en ella, pero únicamente por su exclusión.

Las mujeres, los TLGB (Trans, lesbianas, gays y bisexuales), las/los adultos mayores, las personas con capacidades especiales, los migrantes, etc. son el homo sacer, en la modernidad/colonialidad capitalista. Pueden como personas ser asesinadas, y su muerte quedará en la más completa impunidad, porque pertenecen a ese grupo, cuya nuda vida, no es de interés del poder biopolítico soberano, y; por lo tanto, a éste, no le importa su inclusión en el orden jurídico, por el contrario, esos cuerpos abandonados en la exclusión, son cuerpos de desecho destinados a la muerte. Excluidos jurídica y políticamente, están sujetos a violencia y vulnerabilidad. No poseen nada, que no sea los “derechos humanos”, que el bio/necro poder, se da el lujo de conceder, a quienes tiene al borde del patíbulo.

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