septiembre 28, 2020

La soberanía y la dignidad no se negocian


Por Soledad Buendía Herdoíza * -.


Es importante plantearse cómo y cuánto puede afectar a los planes y proyectos iniciados y llevados a cabo por la Revolución Ciudadana, el hecho de que el gobierno de Lenin Moreno, eligió el camino de la oposición, a la que enfrentó en las urnas y el modelo de país que el soberano no votó.
Pensar en que está siguiendo la agenda de los que perdieron en el sufragio, es algo que no figuraba en los planes de nadie, mucho menos, de quienes democráticamente creyeron que Moreno seguiría el camino del clamor popular en materia económica y social, logrados por Rafael Correa y su proyecto político. De éstos, precisamente proviene el actual mandatario que, a juzgar por lo actuado en dos años de gobierno, dista mucho de ser consecuente.

No solo creemos que ha elegido el rumbo equivocado, sino que está embarcando al país en un desconcierto y falta de políticas públicas donde los derechos se otorgan por caridad, semejante a las grandes debacles que precedieron los momentos más críticos y nefastos de la historia ecuatoriana. Marcamos posición en la vereda opuesta a la de Lenin Moreno. Subrayamos que nos sentimos traicionados, defraudados y estafados, porque fue por nuestro trabajo que accedió al sillón presidencial.

Y lo hacemos no solo por la convicción de ser fieles Correístas, los que no mancillamos el pensamiento de nuestro líder, ni nos motivan los intereses mezquinos y personales que hemos comprobado en otros. Los mensajes de Rafael Correa tienen el tinte de la denuncia que hacemos a diario, y son parte de nuestra prédica, honestidad y trabajo. Estamos siendo perseguidos y enjuiciados sin pruebas, como lo han hecho con Jorge Glas.

Aun siendo, descalificados, y puestos bajo la lupa del poder judicial, que está sometido al poder político del ejecutivo, seguimos siendo la fuerza política de mayor arraigo en el país. No contamos con el poder de los medios de comunicación, en la propalación y promoción de nuestros proyectos y trabajo con la comunidad, que no se detienen porque no seamos hoy parte de éste gobierno, aunque inicialmente creíamos nos representaba. Gobierno que nos ha dado la espalda, esa poderosa herramienta de la comunicación, usa para desacreditarnos, a cómo de lugar. No obstante, entre los militantes con el único apoyo de nuestra voluntad y sacrificio de no bajar los brazos, seguimos combatiendo desde nuestra trinchera, lo que sostenemos es el rumbo que queremos para nuestro país.

La soberanía nacional no está en venta pese a que ya tenemos más de una base militar extranjera operando en el suelo nacional, en un franco acto de injerencia. Injerencia que cuenta con el beneplácito del gobierno, vaya uno a saber a cambio de qué favor personal. Nuestra mejor arma para el combate de la pérdida de los beneficios ganados en una década de avances progresistas, ha de ser la misma que nos llevó a ser elegidos. El Pueblo. Él, y no otro, tiene la palabra. Estamos confiados en que asuma su rol y vuelva a retomar la senda perdida, esa que solamente la traición pudo derrotar, porque seguramente, ciertamente, volveremos a levantarnos al grito de ¡Viva Ecuador! ¡Viva la Revolución Ciudadana! Que no por casualidad lleva las iniciales de nuestro líder Rafael Correa.


* Asambleísta ecuatoriana.

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