diciembre 16, 2019

Independencia nacional y clasista ¿dónde estamos?


Editorial La Época -.


Hace 194 años, tras una larga y compleja guerra independentista, Bolivia emergió como república. El pensamiento de la época, que fue una suerte de síntesis de los ideales que inspiraron la revolución francesa y de los que alentaron la independencia de las trece colonias de Norteamérica, logró que en esta parte de Sudamérica también se consiguiera dar por finalizado el dominio de la corona española.

Los criollos obtuvieron lo que buscaban: expulsar a los españoles, pero las relaciones de poder desde la perspectiva de la mayoría indígena o incluso de los criollos pobres, no cambio absolutamente nada. Y el culpable no fue Bolívar, quien pasó a la historia como un libertador comprometido radicalmente con América (como en ese momento se llamaba a todo el continente) y con la población negra e indígena.

La república, hasta antes de la llegada de Evo Morales al gobierno, solo fue una caricatura. Las clases dominantes marcharon en dirección opuesta al pensamiento de Bolívar en el que nunca creyeron estructuralmente, y la libertad solamente bañó a un sector reducido de la población, mientras la mayoría permaneció condenada a la exclusión, el racismo y la pobreza.

Pero no hay mal que dure cien años. A la impronta de la revolución cubana, en la segunda mitad de la década de los 90, América Latina retoma el camino emprendido por los pueblos indígenas y el Ejército Libertador para volver a construir, material y simbólicamente, el proyecto emancipador. Aunque en sus orígenes de corto aliento está el año 2000, con la “guerra del Agua”, es enero de 2006 que arranca con fuerza el proyecto de construir una Bolivia con plena independencia económica y soberanía política.

Por eso es que el Proceso de Cambio tiene varias connotaciones. Desde el punto de vista nacional implica abrir el tránsito de una república con independencia formal hacia otra con independencia sustantiva. La Bolivia que precede al Estado Plurinacional quedó atrapada por el dominio estadounidense y por lo tanto mutilados los sueños de libertad plena.

Ahora, a 194 años de la fundación de la república y 14 años de Revolución Democrática y Cultural, es posible asegurar que nos encaminamos a la total independencia.

Pero no hay independencia nacional si el poder político no está en manos de “los de abajo”. En 2006, junto a Evo Morales, el pueblo llegó al poder. El núcleo fundamental, indígena campesino, obrero y popular. La característica principal del gobierno fue priorizar a las inmensas mayorías condenadas a la pobreza y la miseria por el capitalismo, en general, y el capitalismo neoliberal en particular.

Pero tampoco se dejó de gobernar para todos, a tal punto que los empresarios nunca ganaron tanta plata como ahora. Desde una perspectiva posneoliberal la ecuación es perfecta. Todos ganan, nadie pierde. El crecimiento de la economía favorece a todos.

Catorce años después, a propósito de avanzar a la culminación de lo que se está haciendo hasta el año 2024, queda la pregunta si esto implica el salto hacia una sociedad poscapitalista, que en la nomenclatura del Proceso de Cambio es el Vivir Bien o el Socialismo Comunitario. La respuesta a la interrogante es de todos, pero principalmente de los que hicieron posible retomar los caminos de la libertad y la independencia.

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