agosto 26, 2019

La estratocracia: peligrosa formación reaccionaria en las revoluciones populares


Por Fernando Rodríguez Ureña * -.


Las revoluciones populares, como su nombre lo indica, constituyen algo parecido a los movimientos telúricos de gran magnitud pues desestructuran las formaciones sociales consolidadas durante siglos, y tras su paso, crean un nuevo panorama pues han echado abajo edificaciones e instituciones consideradas inamovibles y hasta casi eternas, produciendo escenarios en los que los habitantes del espacio afectado, deben iniciar un nuevo modo de vida adecuado al entorno y las nuevas condiciones de existencia, produciendo nuevas normas de convivencia, especialmente en lo referido al bien común.

Una verdadera revolución popular, igualmente produce transformaciones estructurales en la sociedad, cambia sus relaciones económicas, sociales y culturales, genera un nuevo paisaje social, produce nuevas normas que expresen el nuevo pacto social, pero sobre todo, visibiliza a los nuevos conductores de la sociedad, quienes buscan superar las condiciones de crisis inherentes a cualquier proceso revolucionario.

Por esas razones, consideramos que el Proceso de Cambio es una revolución popular, que por vía electoral, encumbró a Evo Morales como presidente, y este modificó las reglas del juego económico con empresas extranjeras, generó políticas de inclusión social y antidiscriminación en un país que cultivaba silenciosamente un racismo encubierto y reconoció a las culturas de los pueblos originarios con el mismo valor que a la cultura occidental que caracterizaba al Estado Republicano.

Además de todo ello, el pueblo ratificó su confianza en el caudillo en varias consultas hasta el 21F, que es cuando por 1,5% en contra, pierde el referendo relacionado con el cambio del artículo 168 de la Nueva Constitución Política del Estado.

Aún derrota de por medio (y no abundaremos en detalles sobre la “fabricación del caso Zapata” como factor fundamental para el resultado del referendo), el caudillo mantiene un voto duro de al menos 36%, que manifiesta la lealtad de su electorado.

Todos estos factores reafirman el concepto de que Bolivia vive una Revolución Democrática y Cultural, liderada por su caudillo Evo Morales, quien nuevamente será electo como presidente en octubre de 2019.

Ahora bien, los terremotos y las revoluciones populares, normalmente tienden a producir una nueva composición en las estructuras telúricas así como en las estructuras sociales.

En el campo de la naturaleza, muy difícilmente el ser humano podrá controlar el desarrollo de esas nuevas conformaciones tectónicas.
A diferencia del campo de la naturaleza, en la sociedad, habrá que ser vigilante de estas conformaciones que surgen en los procesos revolucionarios, y que con el paso del tiempo tienden a producir estratificaciones sociopolíticas que se consolidan cual costras en torno a los círculos concéntricos del núcleo de poder.

La estratificación de los núcleos y círculos concéntricos del poder, se produce casi natural y silenciosamente, como efecto de la compactación social, que resultan de la emergencia que implica la génesis del nuevo poder y que por consiguiente es necesaria para blindar a las revoluciones en sus inicios.

Sin embargo, esta situación inicial y extraordinaria, no debe ni puede consolidarse e institucionalizarse en el tiempo, por los efectos perversos que puede producir, ya que ese es el medio más apropiado para consolidar la —estratocracia—, entendida como la compactación y sobreposición de costras impermeables de protección del manejo del poder, donde la prebenda, el nepotismo, la estructuración de consorcios así como estructuras de corrupción, pueden en unos casos fundarse y en otros actualizarse, a partir de dar la bienvenida en esos espacios de poder, a los detractores de la revolución, que cual camaleones, penetran y se mimetizan en el nuevo poder, reproduciendo sus viejas prácticas delincuenciales y oligárquicas, contaminando y por tanto desnaturalizando los objetivos del proyecto revolucionario inaugurado, castrando con sus acciones la ética que toda revolución debe tener.

De esta manera el amiguismo, el peguismo, el compadrerío, el llunkerío y todas esas expresiones de la cultura política del republicanismo, surgen a la sombra del poder debiendo ser erradicadas de la conducta de los dirigentes y los militantes del Estado que está naciendo.

Por eso una revolución, para consolidarse teniendo mecanismos de control de la democracia popular, debe estructurar una forma de organización, dirección y orientación del poder, donde participen principal y fundamentalmente los sujetos revolucionarios que representan la condensación ideológica y política de la nueva sociedad que se proyecta y construye.

Ese Estado Mayor de la Revolución, más allá del nombre que se le asigne, constituye el intelectual orgánico y colectivo, que acondicionado y adaptado a la realidad de la formación económica y social que representa, garantizará la orientación y sentido de la revolución y la actuación de quienes constituyen el bloque social revolucionario que la dirige.

Sin este mecanismo, podríamos volver a repetir la historia de la primera independencia en la que por 15 años guerrearon en las republiquetas indios y originarios y ni uno sólo fue parte de la Asamblea Constituyente ni del nacimiento de la República de Bolivia: ninguno de ellos firmó el Acta de la Independencia en 1825; repetiremos las consecuencias de la Revolución Federal con la traición y asesinato del Zarate Willka y el empoderamiento de la oligarquía minera del estaño; actualizaremos la traición “a las impolutas hordas delos que no se lavan” que después de haber derrotado al ejercito oligárquico y cantado siempre en el Puente de la Villa, fueron entregadas a la voracidad y violencia del imperialismo norteamericano, instrumentalizando a las Fuerzas Armadas de Barrientos y Ovando; restauraremos la derrota de la Asamblea del Pueblo, soviet a la boliviana dirigida por mineros y fabriles y que ejercía el poder dual en el gobierno de JJ Torres; reproduciremos los errores políticos de la UDP que se aperturó a su enemigo estratégico permitiendo la conspiración socialdemócrata y clase/mediera desde dentro del mismo proceso, hasta derrotar a Siles Suazo e iniciar un nuevo ciclo oligárquico.

Erradiquemos pues toda forma de estratocracia y no repitamos los errores del pasado republicano, oligárquico y racista, que siempre postergó a las mayorías nacionales de nuestra patria.


* Sociólogo y guevarista.

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