agosto 26, 2019

La oposición y la política ilustrada


Por Carla Espósito Guevara * -.


A estas alturas de la campaña electoral es claro que la oposición no ha logrado articular una propuesta alternativa creíble de país. Frente a este gran vacío programático ha centrado su campaña en torno a algunos ejes temáticos fundamentales que no constituyen por si mismos un programa de gobierno. El primero es la ilegitimidad de la candidatura Evo Morales, que no obstante, pierde peso, frente al crecimiento que, a la luz de las encuestas, parece tener la votación del MAS, pues al final es la votación la que otorgará o no la legitimidad.

Este argumento viene acompañado de otro, que es el manoseado discurso sobre la “recuperación de la democracia”. Presupone que antes hubo democracia en Bolivia, por tanto, se trataría de recuperar eso que se perdió, algo que cuesta mucho sostener solo frente al recuerdo de hechos tristemente célebres como la masacre de navidad o los tanques y 60 muertos de octubre del 2003, que echan por tierra este argumento. Además este discurso, confunde de una pueril manera, democracia con alternancia. Durante el neoliberalismo Bolivia tuvo relativa alternancia en el poder en la media en que durante veinte años solo una triada de partidos de derecha se rotaba para acceder a él, pero eso no hizo que este país fuera más democrático, la democracia neoliberal siempre encontró sus límites cuando el pueblo cuestionó los grandes intereses económicos.

Y aquí viene el tercer eje y el más interesante analizar, es el de los profesionales y gente “capacitada”. Tanto CC como DC, durante la campaña han hecho hincapié en la formación profesional de sus cuadros. El supuesto tras este argumento es que la política debe ser ejercida por los letrados, o que al menos ellos lo harán mejor que los campesinos, porque saben. Un discurso de esta naturaleza constituye un llamado al cierre del campo político, que va totalmente a contrapelo con el espíritu de los tiempos, que fue de apertura de ese campo. Los últimos 15 años Bolivia vivió la ampliación de los límites de la política cuya virtud fue romper varios núcleos duros de la reproducción de clase en el poder. Gracias a esto nuevos sujetos ingresaron a la arena política, con nuevas agendas y preocupaciones sociales que oxigenaron el debate político boliviano y trajeron otro tipo de conocimiento estatal sobre la realidad social de este país.

Esta democratización del campo político boliviano a partir de la presencia campesino indígena, sindical, gremial y también de la presencia femenina, supuso un cambio profundo en la composición social de instancias como la Asamblea Legislativa, uno de los núcleos más duros de reproducción del antiguo poder y que actualmente tiene un 51% de indígenas y 54% de mujeres. La presencia de estos sectores hace que el Estado sea menos aparente que antes, diría Zavaleta, en la medida en que hoy refleja de mejor manera la sociedad a la que representa.

Coincido, sin embargo, con quienes sostienen que la presencia numérica de estos nuevos actores en la política boliviana no hace por sí misma el cambio, eso es cierto, no basta con tener 54% de mujeres si no existe una agenda mínimamente avanzada en términos de género y lo propio pasa con los sectores indígenas, pero no creo que la solución a este problema pase por volver al tiempo de la política ilustrada, sino en profundizar la apertura lograda por diversos sectores sociales y ahí los desafíos son muchos. En consecuencia, creo que el planteamiento de volver a la era de los políticos ilustrados de “pedigrí” que plantea la oposición, constituye un verdadero retroceso, porque la política es, fundamentalmente y por encima de todo, la construcción del interés general y éste no es un asunto solo de gente “capaz” o letrada, sino de todos.

Dados sus argumentos manejados parecería que, en términos políticos, tanto CC como la DC tienen ciertas dificultades en percibir que la política en Bolivia ha cambiado. Si es con este diagnóstico que pretenden disputar el poder del Estado, estamos ante un panorama verdaderamente triste.

* Socióloga.

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