octubre 20, 2019

Sesenta años después…


Por María Bolivia Rothe C. * -.


Hoy fue un día de esos que no se olvidan fácilmente; días luminosos que parecen, parafraseando a Serrat, que la vida nos besa en la boca. Y este fue, sin duda, un día que recordaré para siempre.

Hoy el Complejo Hospitalario de Miraflores, ese viejo complejo de seis hospitales de tercer nivel, especialmente, el Hospital de Clínicas que este año cumplirá 100 años de fundación, recibió, en el marco del Sistema Único de Salud equipamiento y medicamentos por valor aproximado de más de 2 millones de dólares.

En su discurso, el doctor Edgar Pozo, Director del Hospital del Tórax, dijo que era la primera vez ¡en sesenta años! que el Tórax estaba recibiendo equipamiento nuevo. Inmediatamente, vino a mi memoria, aquellos maravillosos años cuando me formaba como médica en el Complejo y recordé la miseria paupérrima e indigna con la que los pacientes y nosotros debíamos convivir en los diferentes hospitales del complejo, donde, muchas veces, el hilo común de la basta de nuestros mandiles blancos, servía de sutura o cuando sacrificábamos una salteña y esta se convertía en algún medicamento para algún paciente, trabajando en condiciones infrahumanas, a veces lo lográbamos, las más de ellas, pero otras, nos vencía la lacerante miseria, de nuestro hospital y de nuestros pacientes. En esas condiciones, sólo se es médico por convicción y por amor.

Y tuvo que llegar un humilde hombre hijo de esta tierra morena, para cambiar esta situación y devolverle a Bolivia su dignidad y a los más humildes, su derecho a ser felices y sanos.

Tuvieron que pasar sesenta años de gobiernos ilustrados, de señoritos muy ilustrados, si, muy estudiados, seguramente, pero que sentían que la salud era un gasto; que resolvían los temas de la salud de a pedazos y siempre extendiendo la mano de mendigos, a agencias internacionales que decidían por nosotros.

Ahora, la mirada es otra y es por eso que suceden cosas hermosas como la de hoy; el Estado Plurinacional ha reconocido el derecho constitucional de todas y todos los bolivianos a una salud de calidad y el deber que tiene de hacerla realidad y entonces, las cosas cambian. Y cambian tanto que a un comienzo, hasta producen desconfianza, cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía, decía mi abuela comunista. Pero poco a poco, con mucho diálogo y tendiendo de a poquito puentes de confianza y respeto mutuo, se va logrando. Como hoy, por ejemplo.

No todo son voces agoreras de desastre y amenaza; hay también mano franca en apretón sincero y mirada de esperanza. No somos enemigos, somos colegas. No estamos en aceras enfrentadas; estamos en la misma acera, en la misma brecha, abriendo camino hacia el mismo lugar… Ojalá así lo entendieran todos. El único camino, la salud de los que juramos atender y curar.

Pasaron sesenta años, pero llegó el día. Y así paso a paso, vamos pagando y devolviendo tanta deuda y tanto olvido a lo único que no se puede comprar: la salud. Porque entendemos esto, porque mi presidente lo entiende y porque mis colegas han entendido y tendido puentes hoy es, sin duda, uno de los mejores y más radiantes días de mi vida de médica y sólo puedo decir gracias.


* Médica Salubrista.

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