septiembre 18, 2019

Elecciones en octubre: la embajada, ¿bien gracias?


Por Fernando Rodríguez Ureña *-.


Es curioso, pero cuando el imperio del norte señala a los procesos que considera peligrosos para sus intereses, nombra a Venezuela, Cuba, Nicaragua pero no a Bolivia. ¿Cuál será la razón para esta caracterización?
¿Qué intereses tienen sobre Bolivia, que les hace guardar ese singular silencio? ¿Habrá logrado penetrar algunas esferas del gobierno que les permite cierto control? ¿Estarán incidiendo en las nuevas leyes favoreciendo sus intereses?

Estos no son datos menores cuando se trata de hacer un análisis de coyuntura. Porque indudablemente para sacarnos de la tipología de países peligrosos en la región, han de tener poderosas razones. Y es que en el mundo, cuando un país por pequeño que fuera es considerado peligroso para los Estados Unidos, entra en sus listas rojas siendo denunciados en sus discursos geopolíticos cotidianamente.

Indudablemente hay alguna condición o razón que hace que no se nos de ese tratamiento.

Invariablemente desconocen los aciertos en la lucha contra el narcotráfico, aspecto en el que sí ponen énfasis para caracterizarnos como un país, que según algunos analistas norteamericanos, iría rumbo a la afganización.
Todas estas expresiones van en contra ruta de las afirmaciones de la UNODC organismo de las Naciones Unidas encargado del monitoreo del cumplimiento de compromisos internacionales en la lucha contra las drogas, que señala que Bolivia está dejando de ser un país de tránsito pues la eficiencia de las tareas antidrogas, van desplazando al norte y al sur el tráfico ilegal de cocaína y pasta base, además de la marihuana.

Pese a esto, intereses no nacionales tratan de imponer mediáticamente la matriz comunicacional que Bolivia es un narcoestado apuntando al presidente Evo Morales por ser además presidente de las cinco federaciones chapareñas de producción de hoja de coca.

También se apunta periódicamente a las dos instituciones encargadas por ley del uso de la fuerza, como son la Policía y las Fuerzas Armadas. En esta evaluación, no dejan indemne al poder judicial que también cotidianamente es acusado de proteger esta ilegal actividad.

En consecuencia, para los Estados Unidos sólo el narcotráfico es identificado como una acción contraria a los intereses norteamericanos, realizando una prognosis preocupante al compararla como una potencial Afganistán.

Ahora Bien: ¿por qué Afganistán?

La historia señala que los Estados Unidos tenían control total de la producción de los cultivos de amapola que tenían en Afganistán su terreno más fecundo y productivo. La producción de amapola y sus derivados de morfina y heroína eran totalmente controladas por los Estados Unidos, hasta que se produjo la invasión rusa de 1978 que hasta 1992, arrebató dicho control hasta lo retomaron relativamente mediante su alianza con los talibanes de Osama bin Laden, que en su fanatismo religioso, perseguían a los productores, que paralelamente eran protegidos por los norteamericanos.

El costo de ese control fue una guerra civil que hasta el presente tiene dividido a ese país, en el cual han impuesto una democracia controlada mediante la cual, continúan poniendo gobiernos títere afines a sus intereses. Claro, además fomentando el narcotráfico, como parte de su doble moral aplicada por los EE.UU. en Afganistán.

Lo preocupante de la prognosis del analista norteamericano de una posible afganización de Bolivia, es la que entendemos como condición sine qua non de la misma: la guerra civil, que en ese caso, produjo después de la destrucción del tejido social, un proceso de pacificación que devino en la institucionalización de gobiernos democráticos controlados, dejando por debajo un país enfrentado.

Y es en este punto que centramos nuestra preocupación por el proceso democrático boliviano a realizarse en octubre del presente año.
¿Cuál sería la condición para generar un posible escenario que nos pueda llevar a las condiciones de confrontación social estructural como ya vivimos a principios del presente siglo XXI? Que Evo Morales gane mayoritariamente las elecciones y sea impedido de asumir el gobierno por maniobras de orden ajeno a la política como acusaciones judiciales similares al caso de Lula, inhabilitaciones de orden moral como en el caso de Lugo fabricando un nuevo Caso Zapata, sin descartar un posible magnicidio, directo o indirecto, como el caso de Chávez.

No deja de preocupar la composición de las bancadas parlamentarias que podría ser otro factor/escenario que dada alguna de las condiciones señaladas, genere giros en su accionar fomentando la constitución de nuevos bloques de alianzas facilitados por la condición de clase de los congresales electos.

También es significativa la incapacidad de producir procesos de unidad en los partidos de derecha tradicional. Cualquiera de los eventos previstos, podrían constituir factor de unidad que lejos de encontrar coincidencias programáticas, lograrían bajo la consigna todos contra Evo, una posibilidad unitaria sumamente frágil y justamente el mejor escenario para formar un gobierno dócil a los intereses imperiales: de ahí a una confrontación social que nos conduzca a la guerra civil, sería sólo cuestión de tiempo.
La calma chicha que tiene la Embajada de la Avenida Arce, sin duda está anunciando una tormenta.

Desde el bloque social que inició el proceso que condujo al MAS al poder, habrá que hacer seguimiento a las variables señaladas para de esa manera frenar los afanes de restauración de un gobierno sirviente a los intereses de las transnacionales y el imperio.


* Sociólogo y guevarista.

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