septiembre 18, 2019

Macri, el fin de un ciclo


Por Carla Espósito Guevara * -.


Desde aquel 2015 en que Macri derrotó al Kirchnerismo en Argentina y la derecha brasilera inició el juicio contra Lula y el impeachment contra Dilma Rousseff que concluye con el triunfo de Jair Bolsonaro, se hizo un lugar común hablar de un fin de ciclo de la izquierda latinoamericana.

Muchos esperaban que en menos de seis meses los nuevos gobiernos de derecha barrieran todos los avances de la última década de gobiernos populares. Argentina se convirtió el globo de ensayo de un agresivo ajuste estructural promovido por el Fondo Monetario Internacional, con medidas laborales, monetarias y financieras regresivas que profundizaron las brechas sociales e incrementaron la pobreza e indigencia, pero el globo se pinchó y la sorpresiva derrota del partido macrista frente a la fórmula del peronismo hegemonizada por el kirchnerismo, parece poner en duda la factibilidad del programa fondo monetarista en toda la región.

Si bien es cierto que Argentina vive una crisis económica que ya tiene por lo menos dos décadas, también lo es que las medidas propuestas por la administración Macri acentuaron esa crisis. Como resultado del paquete económico implementado con ayuda del Fondo, este país tiene hoy un desempleo de 10%, una tasa de inflación del 45%, una deuda externa de casi el 88% de su PIB y existe temor de que no pueda asumir los 191 mil millones de servicio de deuda externa comprometidos hasta el año 2021, lo que pone a ese país en riesgo de default. Es decir, el macrismo deja un país en quiebra e hipotecado.

Estos desalentadores indicadores económicos llevaron a la población argentina el 11 de junio pasado a una suerte de voto castigo extendido territorialmente contra el programa económico de la administración Macri. Contrariamente a lo que comúnmente se cree, los pueblos si tienen memoria y la memoria de la crisis parece ser un motor muy poderoso en la definición del voto argentino.

En el futuro inmediato el Fondo Monetario tendrá que reevaluar su estrategia para toda la región. Por lo pronto el gobierno de Macri, frente a su derrota en las urnas, reconoció el fracaso de su programa e hizo lo que siempre criticó al peronismo: propuso un paquete improvisado de medidas “populistas” que consisten en la congelación del precio de la gasolina y la postergación de las deudas fiscales y reparto de dinero a la gente a través de bonos y subidas de salario mínimo.

Si hay alguna lección que puede sacarse de la experiencia argentina es que ésta prueba una vez más que la ortodoxia del Fondo Monetario no sirve para resolver los problemas de las crisis económicas de la región y que existe una conciencia en la población de que el papel del Estado en la administración pública de los servicios más importes como salud y educación son conquistas fundamentales que deben defenderse.

Sin duda el resultado de las elecciones primarias señala la fugacidad del ciclo conservador y pone en duda la hipótesis del fin de ciclo progresista. Es muy probable que tenga repercusiones en el destino de otros gobiernos como el de Bolsonaro en Brasil, que pierde cada día más legitimidad; asimismo es probable que incline el péndulo de las elecciones en Bolivia a favor de Morales.

La corta era liberal argentina parece haber llegado a su fin, sin embargo lo que le espera a la Argentina no es fácil. El nuevo gobierno de Alberto Fernández tendrá que enfrentar una dura negociación con el FMI que inevitablemente trae a la memoria la crisis de la deuda de los años 80. Nuevamente este país tendrá que afrontar una deuda impagable con una moneda totalmente devaluada. Fernández necesitará mucha musculatura política para sacar a su país del agujero en el que el experimento macrista dejó sumida la Argentina.


* Socióloga.

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