septiembre 22, 2019

La mina de siglo XX y la Revolución Nacional


Por Luis Oporto Ordóñez * -.


Las minas de estaño se caracterizaron por implantar el sistema capitalista en la explotación minera, a partir del descubrimiento de la veta La Salvadora por Simón I. Patiño. El capitalismo de enclave dejó atrás a la vieja estructura semifeudal de Bolivia. Simón I. Patiño, Maurice Hochschild y Carlos Víctor Aramayo, los “Barones del Estaño”, dominaron la vida política nacional, cooptando una élite intelectual “La Rosca”.

“Esa gran burguesía minera se transformó en función de su poderío económico y de su hegemonía política en la beneficiaria exclusiva de los esfuerzos económicos de toda una nación” [1] , fenómeno conocido como el Superestado Minero.

El desarrollo capitalista transformó las fuerzas productivas con la politización temprana de la clase obrera en las minas de estaño, que generó una vanguardia minera con conciencia de clase que combatió al Superestado Minero, hasta provocar su caída. Organizados alrededor de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, aprobaron en 1946, la Tesis de Pulacayo, adoptado por la clase obrera como programa político que propugnaba la nacionalización de los yacimientos mineros, de propiedad de los “Barones del Estaño”. El proletariado diseñó una estrategia política con tres objetivos: a) un sindicalismo con una “completa independencia de clase con referencia a los patrones y las organizaciones gubernamentales”, b) la formación de un bloque parlamentario minero y c) la creación de una central obrera que sostenga la política de clase. [2]

La FSTMB se tornó en instrumento político, con el intento de influir en la política nacional desde el Parlamento. El Bloque Minero Parlamentario, dirigido por Juan Lechín (Senado) y Guillermo Lora (Diputados), “asumió como programa la Tesis de Pulacayo, con la consigna de convertir el legislativo en tribuna revolucionaria”. [3] La FSTMB tenía la convicción que “la actuación parlamentaria trae ventajas para los obreros”. [4]

En esa estrategia política se muestra la influencia de la tendencia obrera del Partido Obrero Revolucionario a través de sus intelectuales orgánicos, como Guillermo Lora, quien sostenía que “la correlación de las fuerzas en pugna determina el carácter peculiar de una situación política dada. La táctica de la clase proletaria en general y de los mineros en particular, debe inspirarse en las características diferenciales de un determinado momento político”. [5]

El 9 de abril de 1952, el MNR tropezó con la fuerza del movimiento obrero-popular, que actuó de forma independiente, proponiendo un nuevo modelo de acumulación: el Capitalismo de Estado. Los mineros equilibraron la correlación de fuerzas e intervinieron en la administración de las minas con el “control obrero con derecho a veto” y el apoyo de las milicias armadas. El siguiente paso fue la creación de la Central Obrera Boliviana (17 de abril de 1952), en el que la FSTMB obtuvo primacía en su conducción. “La gran conquista obrera de libertad sindical ha permitido a las clases trabajadoras entrar desde abril de 1952 en un febril periodo de organización y reorganización” (Barcelli, 2015: 306). El MNR fue forzado a decretar las medidas revolucionarias de nacionalización de minas y reforma agraria, luego de la toma de haciendas emblemáticas como Taraco y Ucureña, el golpe más duro contra el viejo régimen pues atacó al corazón del régimen feudal: la Hacienda.

Las milicias armadas fueron establecidas formalmente en la organización sindical minera. En Siglo XX estaban al mando del movimientista, Octavio Torrico. La CIA caracterizó su naturaleza y reconoció su importancia política, afirmando que las milicias desempeñaron un papel importante en la victoria del MNR sobre el Ejército durante la revolución de 1952, considerándola como “elemento paramilitar eficaz” y calificando a la milicia dirigida por comunistas en Siglo XX, como la mayor amenaza para la estabilidad del país. [6]

Presionada por Estados Unidos, la revolución fue cooptada por el MNR. La contraofensiva obrera hizo prevalecer el ‘poder dual’, por el cual la declaratoria de huelga general indefinida significaba detener el aparato productivo estatal y la caída del régimen. El presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, observó las intenciones del presidente Víctor Paz de buscar cooperación rusa para instalar hornos de fundición y un crédito de 150 millones de dólares, “amenaza” comunista que motivó a Kennedy a desarrollar una estrategia mediante tres acciones: Alianza para el Progreso, Acción Cívica de las FF.AA. y el Plan Triangular con el objetivo político de eliminar el Control Obrero, erradicar el comunismo de las minas, retirar cinco mil trabajadores y despedir —o eliminar— a líderes sindicales de izquierda.

EE.UU. siguió el curso de la revolución boliviana y por medio de una labor de inteligencia controló a la dirigencia movimientista. La supuesta modernización y desarrollo del Estado escondía el ariete político para neutralizar y liquidar el sindicalismo revolucionario y erradicar el comunismo de las minas de estaño. La Alianza para el Progreso fue diseñada con un “barniz ideológico, formulado en un entorno estratégico de tinte anticomunista”, [7] “un Caballo de Troya que no tenía ninguna base económica excepto destrozar el sindicato comunista y revertir la nacionalización de la industria minera boliviana”. [8] El Plan Triangular inició el proceso privatizador de la gran minería. El MNR se convirtió en un prisionero de la embajada norteamericana y rehén del Ejército reconstituido y “va rodando de capitulación en capitulación”: se indemniza a los ex Barones del Estaño, decreta la estabilización monetaria, aprueba un código del petróleo entreguista, abre las puertas a asesores y agencias neocolonialistas. [9]

El 4 de noviembre de 1964, con el apoyo de la CIA que actuó detrás del “Comité Revolucionario del Pueblo”, Barrientos golpeó a Paz Estenssoro e implantó una dictadura militar antiobrera. A partir del 4 de noviembre, EE.UU. tomó control de las instituciones políticas del país. El jefe de la CIA en Bolivia, Sternfield “se vanagloriaba de que hasta la muerte de Barrientos en 1969, nada pasaba en Bolivia sin nuestra intervención”. [10]


* Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas. Docente titular de la Carrera de Historia de la UMSA.


Fotos: Archivo fotográfico de Emilio Fernández A.
1 Barcelli, A.: Medio siglo luchas sindicales en Bolivia. La Paz, BL, 2015: 291.
2 Rodríguez, G.: Motines, huelgas y revolución. La formación de la conciencia e identidad minera (1825-1952). La Paz, BL, 2018: 343.
3 Zelada, F.: Historia del Movimiento Obrero Boliviano. (100 años de verdadera historia) Resumen de cuatro tomos de Guillermo Lora. La Paz, Artes Gráficas. 2013: 169.
4 Documentos del III Congreso de Trabajadores Mineros de Bolivia, Siglo XX, 16 al 22 de mayo de 1946, citado por Rodríguez, op. Cit.
5 Rodríguez, op. Cit.: 381.
6 Informe de la CIA del 30 de julio de 1963. Field, T.: Minas, balas y gringos. Bolivia y la Alianza para el Progreso en la era de Kennedy. La Paz, BL, 2016: 87.
7 Field, op. Cit.: 440.
8 Melvin Burke, funcionario de USAID.
9 Vera, 1969: 19-27
10 Field, op. Cit.: 440.

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