septiembre 18, 2019

Argentina y los traspiés del neoliberalismo en Nuestra América


Por Julio A. Muriente Pérez * -.


La inminente derrota electoral de Mauricio Macri en las elecciones generales de Argentina, programadas para octubre próximo, constituye una coyuntura de alcance y relevancia continental.

Durante los pasados años, la Argentina presidida por Macri, en contubernio con los gobiernos derechistas de Brasil, Chile, Colombia y otros, ha sido punta de lanza de políticas neoliberales, privatizadoras y entreguistas al gran capital internacional. De manera obsesiva, esos gobiernos han pretendido hacer trizas los avances económicos y sociales alcanzados en diversos países de la región, durante las pasadas dos décadas. Su consigna, expresada sin disimulo, es combatir a Venezuela Bolivariana, fortalecer gobiernos neofascistas como el de Bolsonaro y desmantelar los aciertos obtenidos en las administraciones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en años anteriores.

Las medidas antipopulares impuestas en estos años por el gobierno de Macri han sido de tal magnitud, que han llevado a la Argentina a la quiebra. Su gestión ha estado marcada por el pueblo argentino en las calles, protestando, reclamando y denunciado los atropellos que le han ido empobreciendo progresivamente. Finalmente, esa voz airada se volcó en las urnas, y en las primarias efectuadas hace varios días Macri y su grupo sufrieron una humillante derrota. Tan contundente que se da como un hecho la victoria Alberto y Cristina Fernández y del Justicialismo y sus aliados en los próximos comicios.

Durante las pasadas dos décadas, se han dado en Nuestra América eventos políticos de gran envergadura, que han llevado a sectores populares, progresistas y revolucionarios a asumir la dirección de diversos gobiernos. En todos los casos se ha tratado de contiendas electorales, comenzando con la gran victoria alcanzada por Hugo Chávez Frías en Venezuela, en diciembre de 1998. Todo ello tras el desplome de la Unión Soviética y el campo socialista del este de Europa, cuando algunos anunciaban el fin de las ideas del socialismo.

En todo este tiempo ha habido importantes victorias y también dolorosas derrotas. Ha quedado claro que los procesos de cambio social son accidentados, que el enemigo no está cruzado de brazos, que cometemos errores y que pretender avanzar por la ruta electoral no es tarea fácil. Después de todo fue una táctica impuesta por los sectores más conservadores y privilegiados, sin la menor intención de que sirvieran para cambiar nada, sino para perpetuarlos en el poder.

Lo que si es cierto es que estamos en pie de lucha. Que tenemos la capacidad de sobreponernos y seguir combatiendo, ahora con más experiencia acumulada, con más malicia y astucia.

Además, se hace claro que la obstinación neoliberal, privatizadora y antinacional de Macri y compañía constituyen una amenaza para nuestros pueblos. No ha tenido que pasar mucho tiempo en Argentina para corroborar esto que decimos. Por eso estamos a las puertas de una contundente victoria electoral, que puede tener un gran sentido de renovación, rectificación y superación.

Mientras tanto en otros países habrá que medir fuerzas próximamente con la oposición conservadora, que no se amilana e insiste en prevalecer. Bolivia y Uruguay serán esos escenarios. Uno ha sido el primer país latinoamericano y caribeño presidido por un ciudadano originario, Evo Morales. El otro, ha servido de laboratorio de ensayo de una de las iniciativas más exitosas de unidad desde la amplitud y la diversidad.

En todo caso, estamos con la guardia en alto. Frente a los traspiés del neoliberalismo, seguimos siendo la esperanza del porvenir.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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