septiembre 18, 2019

Bolsonaro: Satanás en su infierno amazónico


Por Fernando Rodríguez Ureña * -. 


El cristiano fundamentalista, pastor y profeta Jair Messias Bolsonaro no había sido sino Satanás mismo, queriendo hacer del Brasil y la región, un verdadero infierno. Más temprano que tarde, el fuego de la Amazonía le quemó el disfraz democrático desnudando su ideología y concepción de un capitalismo nacional chauvinista, proteccionista/contradictorio que es al mismo tiempo liberal cuando sus decisiones económicas le son convenientes y ultraconservador cuando se trata de “combatir los excesos del liberalismo” expresados en los derechos humanos y el ecologismo.

Jair Satanás Bolsonaro es un militar frustrado por los códigos militares y de guerra, que eran demasiado para su personalidad fascista, al extremo que dejó la carrera militar por que no comprendía sus códigos morales para convertirse en un profundo cultor de la guerra irrestricta aplicada a la política, donde su regla principal es “la primera regla es que no existen reglas” y por supuesto tampoco principios.

Entonces la guerra contra los ateos comunistas y socialistas/ecologistas se desborda fuera del campo de batalla y sus métodos empleados se multiplican a todos los ámbitos.

Las acciones de Bolsonaro en los marcos de la nueva teoría de la Guerra Irrestricta podrían ayudarnos a entender muchos de los aspectos que rodean las decisiones y acciones políticas, económicas, ambientalistas, legales, financieras, etc. que dominan la geopolítica regional y mundial. Entonces ¿dónde está el campo de batalla?, la respuesta es contundente: en todas partes.

¿Pero que es la —Guerra Irrestricta—? Son ataques integrados explotando diversas áreas de vulnerabilidad como ser: —Guerra Cultural—, controlando o influenciando los puntos de vista culturales de la nación adversaria. —Guerra de las Drogas—, invadiendo a la nación adversaria con drogas ilegales. —Guerra de la Ayuda Económica—, empleando la dependencia a la ayuda financiera para controlar al adversario. —Guerra Ambiental—, destruyendo los recursos ambientales a la nación adversaria. —Guerra Financiera—, subvirtiendo o dominando el sistema bancario del adversario y su mercado de valores. —Guerra de las Leyes Internacionales—, subvirtiendo o dominando las políticas de las organizaciones internacionales o multinacionales. —Guerra Mediática—, manipulando los medios de prensa extranjeros. —Guerra del Internet—, mediante el dominio o destrucción de los sistemas informáticos transnacionales. —Guerra Psicológica—, dominando la percepción de las capacidades de la nación adversaria. —Guerra de Recursos—, controlando el acceso a los escasos recursos naturales o manipulando su valor en el mercado. —Guerra de Contrabando—, invadiendo el mercado del adversario con productos ilegales. —Guerra Tecnológica—, ganando ventaja en el control de tecnologías civiles y militares claves. —Guerra contra el Terrorismo—, promoviendo a su vez el terrorismo de Estado. —Guerra contra la corrupción—, promoviendo la misma para usarla contra quienes sucumben ante sus tentaciones. —Guerra de la post verdad—, para mentir con tanta contundencia y falsedad, y convertir las mentiras en verdades virtuales.

Y lo más peligroso, es la posibilidad ilimitada de combinaciones de estas guerras en las que reiteramos que su primera regla es la inexistencia de reglas.

A propósito, ¿la guerra irrestricta no parece la Doctrina Trump?
En lo político este dirigente ultraconservador, relativiza los valores de la democracia liberal y el equilibrio de poderes con su retórica que elogia las dictaduras militares, la tortura y la represión, quien ha llegado al Palácio do Planalto montado al potro “del voto de furia de los brasileños contra la corrupción” (una de las variables de la guerra irrestricta), que involucró a Lula da Silva y al PT, habida cuenta juzgado por Sergio Moro, un juez agente de la CIA, hoy convertido en autoridad judicial.

El Estado Mayor de Bolsonaro lo constituye un nutrido grupo de exjefes militares ideológicamente nacionalistas y económicamente proteccionistas muy poco proclives a desprenderse de activos públicos, entendiéndose desde ese punto de vista, su freno a la subasta de empresas públicas como ocurriera en el gobierno de Sánchez de Lozada en Bolivia, argumentando la inconveniencia de venderlas frente al riesgo de que el país “acabe en manos de China”.

¿Y todo esto tiene algo que ver con el incendio de la Amazonía?
Bolsonaro había reafirmado ya como diputado, su interés de retirar a Brasil del Acuerdo de París de Cambio Climático al estilo del paso dado por Donald Trump.

En el marco de la guerra irrestricta el Mariscal Ecobiogenocida, decidió que sus tropas metan fuego a la Amazonía ante la imposibilidad de un acuerdo parlamentario.

Antes, había cerrado la agencia gubernamental de medio ambiente, IBAMA, que monitoreaba la deforestación del Amazonas, y el Instituto Chico Mendes, encargado de sancionar las violaciones medioambientales.

Para Bolsonaro, como para Trump, el calentamiento global y el efecto invernadero son “una cháchara”, discurso que incluye además el desconocimiento de las reservas y comunidades indígenas que limitan la frontera agropecuaria y le impiden legalmente aperturar nuevos territorios que sirvan a sus agronegocios, en los que por supuesto están la soya transgénica, los biocombustibles y la ganadería vacuna que con su mierda, afecta aún más la capa de ozono.

Queda claro que el indígena es el hostis, el otro, el extraño, el “extranjero” al que también hay que combatir y por supuesto vencer.
¿Puede haber duda en torno al origen del fuego en el Amazonas?

Dicho esto, y viendo la relación Trump – Bolsonaro, no resulta ridículo pensar que el incendio en la Chiquitanía y el Pantanal, no sean un efecto/accidente del cambio climático, sino un nuevo caballo de batalla que usa el poder del norte y los admiradores locales de Bolsonaro actuando en conjunto, para evitar que Evo Morales sea gobierno “por su inconsecuencia en el cuidado de la madre tierra” y a partir de ello, encumbrar a políticos que de un tiempo a esta parte, vienen haciendo guiños al otra vez “subimperialismo brasilero”.

Lástima por ellos. La Pacha tiene memoria… y cobra.


* Sociólogo y guevarista.

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