septiembre 18, 2019

El eufemismo de la “ayuda internacional”


Por Carla Espósito Guevara * -.


Durante los terribles días del incendio que azotó la Amazonía una consigna se extendió a la velocidad del fuego en las redes sociales: ¡Ayuda internacional YA! y la ayuda se hizo presente. Los países del G7, bajo el liderazgo del presidente de Francia, decidieron tratar como prioritario el tema en su última reunión. Con una rapidez poco usual en estos temas, el Grupo decidió destinar la generosa suma de 18 millones de dólares para combatir los incendios y reforestar la selva.

Si hay algo que la experiencia diplomática me enseñó es que el lenguaje diplomático está lleno de eufemismos. La famosa “Ayuda internacional”, la “ayuda humanitaria”, etc., son términos que, traducidos a un buen castellano, significan nada menos que intervencionismo y condicionalidades.

El territorio de la Amazonía pertenece a ocho países agrupados en un organismo llamado OTCA (Organización del Tratado de Cooperación Amazónica), al que pertenecen Bolivia, Brasil, Perú, Colombia Ecuador, Guyana, Surinam y Venezuela. A ellos se agrega Francia, que de manera indirecta comparte la Amazonia debido a su posesión colonial sobre la Guayana francesa, (por eso muchas veces este país se ha sentido con derecho a opinar sobre los problemas de la Amazonia). Sin duda el foro legítimo para tratar el tema de la Amazonia era la OTCA, el único al que pertenecen todos los países que la constituyen. Por eso Bolivia solicitó que esta Organización se reuniera para tratar el tema de los incendios, pero extrañamente ésta se negó, poniendo como excusa la presencia de Venezuela.

Fracasada la reunión de la OTCA, el tema de los incendios fue finalmente tratado en el G7, el foro de los países más ricos, al que ni un solo país amazónico pertenece. Por supuesto, el G7 no tuvo la gentileza de invitar a esa reunión a país alguno de la cuenca amazónica y el G7, cual poder colonial que es, aprobó la ayuda, en ausencia de los países interesados. Todavía no está claro qué organismo administrará esos recursos, a qué países se destinará y a qué condicionalidades estará sujeto, porque de seguro las tendrá. La ayuda internacional desinteresada no existe.

Una de las luchas más importantes de los diferentes gobiernos de Brasil y particularmente de la diplomacia brasilera, ha sido preservar la soberanía sobre la Amazonia combatiendo todos aquellos discursos que buscaban internacionalizarla, calificándola como “patrimonio de la humanidad”, “pulmón del mundo”, etc. Por eso uno de los mayores errores de la política del gobierno de Bolsonaro, al avalar los desmontes e ignorar los incendios, ha sido otorgar la excusa perfecta para legitimar una largamente buscada política internacional de intervención de los países más ricos en ese enorme y estratégico territorio.

La política de protección de la naturaleza de los grandes foros internacionales funciona de manera similar a la política de “defensa de la democracia” o al llamado principio de “responsabilidad de proteger”, con las que numerosas veces se han legitimado políticas de intervención en aquellos países con recursos naturales estratégicos, como si de menores de edad se tratara, como si, frente a su incapacidad para resolver sus problemas, necesitaran la intervención de los países desarrollados para traer “paz” y “seguridad”.

Brasil se ha negado a recibir la ayuda, pero lo más probable es que las presiones internacionales continúen. Los descontrolados incendios han abierto una fisura en la diplomacia de los países amazónicos que podría poner en peligro la soberanía del Amazonas. Como siempre, los grandes desastres sociales y ecológicos abren oportunidades para que los más poderosos saquen ventaja, funcionan como una especie de “terapia de shock”, dice Naomi Klein, y sirven para reorganizar el tablero de poder mundial.


* Socióloga.

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