diciembre 14, 2019

Colombia: ¿Como alcanzar la paz con los enemigos de la paz?


Por Julio A. Muriente Pérez *-.


Hace varias semanas estuve en Colombia, invitado a participar en diversas actividades en Bogotá y en la Universidad de Santander, en Bucaramanga. Los temas principales eran el bicentenario de la independencia de Colombia y la lucha por la paz en ese hermano país. Fue una gran oportunidad para compartir con representantes de diversos países nuestroamericanos y, sobre todo, para conversar detenidamente con dirigentes y luchadores colombianos.

Lo más impactante en esos días fue descubrir que, a dos años de la firma de los tratados de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el gobierno, la lucha mayor en ese país es por la sobrevivencia. Que, con cálculo y premeditación, el gobierno incumple los tratados y promueve mientras tanto el linchamiento progresivo de antiguos guerrilleros y de cualquier ciudadano o ciudadana que participe en la lucha por la justicia social, la verdadera democracia y la paz digna.

Lo peor es que la impunidad en el uso de la violencia indiscriminada campea por todo el país. Ello, después de todo, no debería sorprendernos. Los expresidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos y el actual presidente Iván Luque son ramas de un mismo árbol. Tras la fachada de las ocasionales diferencias publicas que manifiestan hay grandes coincidencias. La primera de ellas es la de garantizarla permanencia del modelo capitalista neoliberal, profundamente desigual en el acceso a la riqueza, violento y gustosamente subordinado a los intereses políticos, militares y económicos de Estados Unidos. En ese contexto, la paz en la que creen unos y otros, aunque expresen lo contrario, es la de los sepulcros.

Lo primero que hizo Duque cuando se hizo pública la reactivación de la guerrilla en Colombia por un antiguo grupo de la FARC-EP, fue culpar a Venezuela. En eso también coinciden estos personajes que encabezan el conservadurismo y el neocolonialismo en Colombia; en servir como base de la contrarrevolución y la amenaza permanente al pueblo venezolano.

Pretenden obviar el hecho de que la violencia social y política en Colombia data de muchas décadas atrás, bastante antes de que triunfara Chávez en Venezuela y que hubiera Revolución Bolivariana. Quieren negar las profundas desigualdades e injusticias que han existido en Colombia por tanto tiempo, que son la fuente primera de la lucha armada en ese país. Utilizan los ataques a Venezuela como subterfugio para disimular sus flaquezas y debilidades.

Sin embargo, la paz sigue siendo el gran objetivo, desde el cual pueda avanzarse en la construcción de una sociedad superior. Aun cuando la batalla diaria por una paz con dignidad se dé frente a enemigos jurados que promueven la guerra de exterminio.

Es mucho mas fácil decirlo que hacerlo. Ha de ser profundamente angustioso, saber que uno está en la mirilla de algún paramilitar genocida que no titubeará en halar el gatillo a cambio de unas monedas. Ha de ser terrible ver caer a los suyos, hombres y mujeres buenos y comprometidos, mientras cumplen con su deber patriótico. Tiene que ser desesperante ver como se han puesto tantas expectativas en unos acuerdos refrendados incluso por la comunidad internacional y que luego un gobierno y sus secuaces le vayan haciendo pedazos poco a poco.

Colombia es hoy un laboratorio de ensayo de la contrarrevolución, de la injerencia extranjera y de la violencia desenfrenada. Ocupa el espacio del Panamá ocupado por los yanquis. Colombia ha sido puertorriquenizada, como colonia de nuevo tipo al servicio de los intereses del imperialismo en América del Sur, Central y el Caribe.

Mientras tanto y a pesar de todo, hay que seguir luchando por la paz, objetivo estratégico en Colombia y en todos nuestros pueblos.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

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