octubre 15, 2019

El incendio en la Chiquitanía y algunas hipocresías


Por Esteban Ticona Alejo *-.


El incendio fortuito y/o ocasionado en la Chiquitanía nos trae grandes enseñanzas y reflexiones. La desgracia siempre nos deja grandes lecciones y espero podamos aprenderlo para futuras eventualidades. Una gran enseñanza es del cuidado que debemos tener con la madre naturaleza o Pachamama en relación al fuego y otras actividades con efectos nocivos. Esta experiencia nos dice no más “chaqueos” o formas de deshierbar con “fogatas controladas” para sembrar; pero ¿cómo hacer que eso sea una realidad?, pues las leyes no bastan.

¿Cómo generar conciencia ambiental en los habitantes de los bosques, los cerros, etc.? ¿Cómo exigir conciencia ambiental en la amazonia, el oriente y el chaco cuando los citadinos no tenemos esa conciencia? O si tenemos algo de conocimiento aun permitimos que haya más contaminación en las áreas urbanas. Otra enseñanza es la reacción de la juventud y que lástima hubo muertes en esa circunstancia. Hay que aprender que uno no se puede enfrentar al fuego sin estar preparado físicamente y hasta mentalmente. No todos podemos estar en la línea del fuego como bomberos voluntarios sino también en otras actividades menos heroicas, pero también importantes.

En varios momentos el incendio se hizo incontrolable y es cuando adquirió el hecho, mediante algunos medios de comunicación, en el mero espectáculo, apostándose o empujándose al show de la naturaleza en llamas. Habrá que evaluar ¿qué medios de comunicación informaron correctamente y qué otros nos llenaron de imágenes dudosas o nada reales con lo que sucedía en la Chiquitanía?

¿Dónde está la hipocresía societal? La juventud y otros estratos sociales citadinos van adquiriendo felizmente la conciencia del cuidado de la madre naturaleza; pero a la vez tienen grandes dificultades para visibilizar el problema profundo del cambio climático y sus efectos en circunstancias cotidianas, lentas y hasta invisibles.
Por ejemplo ¿Cuánto de basura tóxica generamos cada día en nuestras ciudades? Aun apostamos al uso de la bolsa plástica. ¿Cuánto de nuestros parques o algunos sitios verdes de oxigenación (por ejemplo, el bosquecillo de Pura pura, ubicado en el sector norte de la ciudad de La Paz, siempre está con escombros de las construcciones y hasta árboles deforestados), están cuidados y protegidos verdaderamente? ¿Algún joven tendrá la valentía de decir a sus parientes que ya no compren más autos porque igual contaminan la naturaleza? ¿Qué capacidad tenemos de detener las explanaciones de los cerros en la ciudad de La Paz para construir más mall o edificios comerciales? ¿Nos convocaríamos para marchar por los derechos de los cerros tutelares de nuestra ciudad, llamados apus, calvarios, apachetas, etc.?

Sobre lo más simbólico que tiene nuestro Chuqiyapu marka o La Paz ¿Cómo reaccionamos día a día cuando el Apu Jillimani o el cerro Illimani cada vez tiene menos nevado? ¿Tendremos la misma valentía de querer enfrentarnos, como con el fuego en la Chiquitanía? En el Illimani no hay fuego, pero ya está sufriendo los efectos del cambio climático que está derritiéndolo poco a poco nuestro nevado, como ya lo hizo con el nevado Chacaltaya. ¿Qué respuesta inmediata tenemos?

Otra lección aprendida es que el territorio chiquitano no es igual que la Amazonía. Decir que sólo la Amazonía da oxígeno al mundo no es cierto, el mundo se oxigena de los mares, ahora es verdad que la amazonia aporta significativamente pero no es determinante lo que genera.
Ahora es preciso pensar en soluciones después del incendio, aquí se precisa reforestar la Chiquitanía, si bien la naturaleza sabe auto reforestarse o una especie de rebrote después de la catástrofe, pero no será suficiente en esta ocasión.


* Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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