noviembre 20, 2019

El huevo de la serpiente


Por Carla Espósito Guevara * -.


El 2008, las élites económicas cruceñas organizaron una feroz resistencia contra el gobierno de Morales. En aquel momento, dos eran sus demandas: autonomía (común a toda la Media Luna) y el rechazo a una temida reforma agraria que afectara la propiedad de tierra de los grandes terratenientes.
El conflicto perdió fuerza cuando la nueva Constitución reconoció las autonomías regionales, por su parte, la mentada reforma agraria no ocurrió, o no como se la pensaba.

El Gobierno, en vez de expropiar las tierras de los grandes terratenientes del oriente para redistribuirlas entre los campesinos, dejó intacto el poder gamonal y procedió más bien al avance sobre la Amazonía, autorizando la conversión de millones de hectáreas de bosque en tierra cultivable para la agricultura. Con estas medidas benefició a los colonos sin tierra que llegaban de occidente, pero también a los grandes productores de soya y ganadería.

Hoy los medianos y grandes empresarios controlan el 57% de la superficie titulada en la zona de la Chiquitanía y son los mayores beneficiarios del proceso de titulación de tierras, los pequeños propietarios tienen el 28% de esas tierras tituladas y las comunidades el 7%. Para contentarlos aún más, el Gobierno abrió un enorme mercado de exportación de carne a la China y otro para la caña con la producción de biodiesel.

Esa ampliación de la frontera agrícola para el agro negocio es la fuente de los incendios forestales. Aunque ocurren incendios cada año, el incendio del bosque seco Chiquitano de este año, por su magnitud, movilizó la sensibilidad social de propios y extraños. La habilidad de las élites económicas de Santa Cruz fue lograr canalizar a su favor ese sentimiento popular, presentándose, paradójicamente, como las defensoras de los bosques, aunque llevan 20 años devorando hectáreas de selva virgen.

Aprovechando la tragedia, las elites regionales de Santa Cruz probaron nuevamente su musculatura política en el cabildo de la semana pasada. Este tomó tres resoluciones fundamentales: la demanda de federalismo con la que anuncian el regreso del conflicto regional, la abrogación de la Ley 741 y el DS 3973 y un ultimátum de tres días para que el estado desaloje de los asentamientos ilegales en la Chiquitanía. En otras palabras: federalismo para controlar la propiedad de la tierra.

En mi opinión el discurso más sobresaliente de ese cabildo fue pronunciado por Andrea Vaca Barbery, quien como digna representante de la cruceñidad, invocó la presencia de Dios en el conflicto. El objetivo de esa sagrada invocación fue sacralizar la propiedad cruceña sobre la tierra. Este argumento religioso fue peligrosamente acompañado de la criminalización de los campesinos colonos, descritos como sembradores de maldad, pecadores, criminales, asesinos e impíos:

Estas fueron las inolvidables palabras de Vaca Barbery: “El verde de tu bosque y el blanco de tu espíritu han sido mancillados con —mano criminal— que ambicionaron tus tierras, quieren quitarte el suelo para sembrar la muerte y también la maldad […] no entienden que fue Dios […] el creador de lo alto, el que hace todo nuevo, que crea todo nuevo, que te hará nuevamente florecer y la —mano asesina— que destruyo tu flora que acabo con tu flora y tu fauna, recibirá el castigo”.

Tres días después, atribuyéndose competencias que no son suyas, los cívicos cruceños activaron comisiones ilegales para el desalojo de los asentamientos ilegales la en la Chiquitanía, sin ningún estudio previo.

Este es el huevo de la serpiente. Las elites económicas que tantas concesiones recibieron del gobierno ahora quieren más. El conflicto por la tierra está anunciado y sus términos parecen los de la inquisición: federalismo y guerra santa contra los infieles. ¡Oh Torquemada! que orgulloso te sentirías si los hubieras escuchado.

* Socióloga.

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