noviembre 14, 2019

Las elecciones bolivianas de cara a la guerra comercial entre EE.UU. y China

La suicida ingenuidad de Mesa y Ortiz


Por Gonzalo Zambrana * -.


Todos los candidatos opositores sin reparar en las tendencias proteccionistas promovidas por EE.UU., Reino Unido, Bolsonaro, etc. proponen una clásica articulación al mercado mundial “aprovechando la globalización”; Ortiz habla de una revolución exportadora proponiendo una serie de acciones retoricas, existentes en libros de texto, sin que estas tengan opciones operativas y menos consideren las nuevas formas de relacionamiento comercial internacional. Piensan que profundizar las relaciones económicas con EE.UU. es bueno porque sí. Es un dogma, una convicción sin fundamento, que podría ser peligrosa, sino fatal para Bolivia, en el corto plazo.

China y Rusia en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos

En su actual Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos identifica claramente a “potencias revisionistas, como China y Rusia, que utilizan la tecnología, la propaganda y la coerción para imponer un mundo que representa la antítesis de nuestros intereses y valores…”. Y para enfrentar el poder económico de China propone: “renovar la economía estadounidense en beneficio de los trabajadores y las empresas del país; no tolerar los abusos comerciales crónicos; estar a la vanguardia en investigación, tecnología e innovación; proteger la base innovadora de seguridad nacional de aquellos que pretenden robar la propiedad intelectual y se aprovechan de las innovaciones de las sociedades libres”. Por tanto la relación comercial con China, forma parte de la Seguridad Nacional norteamericana. Las tensiones que se apuntan no son imaginarias y tendrán efectos concretos sobre la realidad boliviana y latinoamericana como un todo. En ese contexto es fundamental saber lo que piensan los candidatos de oposición sobre cuestiones tan centrales como estas.

No obstante, antes es imprescindible realizar una inducción al problema al que nos enfrentamos.

Guerra Comercial de Estados Unidos contra China

El presidente Trump ha desatado una abierta guerra comercial con China, aparentemente en forma atolondrada y desconociendo los verdaderos alcances de sus medidas al punto de retroceder en varias de ellas. Improvisación que no sólo debería preocupar a sus connacionales sino también a nosotros.

Las acciones de Trump contra China se basan precisamente en dos temas identificados en su estrategia de Seguridad Nacional: propiedad intelectual en tecnología y abusos comerciales crónicos.

Para lamento de Trump, existen factores estructurales insalvables en el mediano plazo, que inviabilizan cualquier posibilidad de competencia de EE.UU. contra China en la producción de productos tecnológicos y otros. Es decir EE.UU. no tiene ninguna posibilidad de competir contra China por las características de competitividad que ha alcanzado la potencia asiática, razón por la cual una empresa estandarte del capitalismo norteamericano como es Apple, produce en la China y por tanto la frase de Trump, “Voy a obligar a Apple a fabricar sus malditos ordenadores en EE.UU.”, por ahora es imposible de realizar.

Vale recordar que en una cena con empresarios, el expresidente Obama le preguntó a Steve Jobs sobre la posibilidad de que Apple trasladara su producción a EE.UU. Jobs negó rotundamente esta posibilidad porque no se trataba solo de la mano de obra barata sino que, la enorme escala necesaria para fabricar un producto que vende centenas de millones de unidades cada año como el iPhone, requería una calidad y habilidad de mano de obra, así como su rápida movilización, lo cual solo existe en China. En este país en 24 horas se puede disponer de 10.000 ingenieros listos para fabricar un producto y también se puede prescindir de ellos fácilmente; eso, en cualquier otro país, es impensable, ni siquiera en los Estados Unidos.

La intención de Trump es plausible, pues para revertir el déficit comercial con la China (y otros países) pretende fortalecer la economía norteamericana mejorando los términos de intercambio comercial con su principal socio. Sin embargo cualquier posibilidad en este sentido debe partir de la gran brecha de competitividad con la China. Ya hemos descrito por qué sería imposible repatriar a las grandes industrias tecnológicas que están situadas o fabrican en la China, como Apple. Por otra parte, cualquier posibilidad de aplicar medidas arancelarias para restringir la importación de productos chinos en favor de productos norteamericanos finalmente se expresara en el incremento de los precios domésticos y de exportaciones, por tanto la reducción de la oferta de estos productos, cierre de fábricas e incremento del desempleo.

Además no se debe olvidar que China, aparte de ser un actor principal en la cadena de suministros intermedios, es uno de los principales destinos de las exportaciones de EE.UU. y a su vez se ubica en el primer lugar de las importaciones norteamericanas. Solo cabe imaginarse el desastre financiero para Apple si el gobierno Chino aplica trabas arancelarias a los iPhones. Y para colmo China es el principal tenedor de deuda de EE.UU. y en cualquier momento podría vender esa deuda desequilibrando las finanzas norteamericanas.

En ese contexto, Trump ha lanzado una serie de incrementos arancelarios habiendo recibido medidas de respuesta similares por parte de China y no solo eso sino que este país devaluó su moneda después de 11 años, fortaleciendo su posición comercial frente a EE.UU.

Esta guerra comercial entre EE.UU. y China tendrá efectos contraproducentes para EE.UU. pues quienes terminan pagando los aranceles no son los productores chinos sino sus propios importadores y consumidores a través de la subida de precios, Por ello existen opiniones referidas a que estos vaivenes arancelarios de Trump tienen un carácter electoral.

Al observar la complejidad de los alcances de esta guerra comercial, parecería que finalmente quedara en acuerdos que lleven a una situación parecida al inicio de esta guerra.

Los efectos de la guerra comercial en Latinoamérica

El primer efecto global de la guerra comercial entre EE.UU. y China, de ser efectiva, será la desaceleración de la economía mundial que podría presionar a la baja de los precios de los hidrocarburos y asimismo a la reducción de la demanda de las materias primas, que son las fuentes principales de ingreso de nuestra región. Esto se verá acentuado por la apreciación de las monedas de la región que afectara en los ingresos por exportaciones.

Por otra parte se ralentizaría la inversión China en nuestra región que en los anteriores años ha tenido un crecimiento notable incluyendo los recursos financieros.

Sin embargo la guerra comercial podría inducir a ambos países a buscar nuevos mercados para sus productos, incrementando la oferta de bienes de consumo a bajo precio en nuestra región. Asimismo los mercados de China y EE.UU., por la necesidad de acceder a bienes que sustituyan los productos restringidos entre sí, podrían abrir oportunidades de mercado para productos de nuestra región. En este ámbito ya se ha observado una sustitución de los productos chinos por productos mexicanos debido al tratado de Libre comercio que existe con EE.UU. y Canadá.

Ciertamente éste momento de crisis es también uno de oportunidad para los países de nuestra región, como demuestra el ejemplo precedente; pero sería ilusorio pensar que Bolivia, un país pequeño y en desventaja entre sus pares latinoamericanos, podría obtener las mismas ventajas que México. Bolivia debe mirar seriamente la situación más allá de su tradición proestadounidense vista en gobiernos neoliberales, y más bien meditar lo que hay por ganar con una potencia como China y las nuevas economías emergentes del Asia.

La guerra comercial de cara al proceso electoral boliviano

Por las características de la Economía boliviana los efectos de la guerra comercial entre EE.UU. y China tendrían principalmente un carácter indirecto, relacionado con la desaceleración de la economía mundial y la reducción de los precios de las materias primas. Sin embargo, salvando magnitudes y calidades, se podrían presentar oportunidades de mercado para productos bolivianos.

Todos los candidatos opositores sin reparar en las tendencias proteccionistas promovidas por EE.UU., Reino Unido, Bolsonaro, etc. proponen una clásica articulación al mercado mundial “aprovechando la globalización”; Ortiz habla de una revolución exportadora proponiendo una serie de acciones retoricas, existentes en libros de texto, sin que estas tengan opciones operativas y menos consideren las nuevas formas de relacionamiento comercial internacional. Piensan que profundizar las relaciones económicas con EE.UU. es bueno porque sí. Es un dogma, una convicción sin fundamento, que podría ser peligrosa, sino fatal para Bolivia, en el corto plazo.

Las propuestas de Comunidad Ciudadana son aun mas teóricas en consonancia con la retórica internacional para la gestión del desarrollo económico y nacional y territorial, como “economía naranja”, “economía inteligente”, “ciudades inclusivas”, lo que demuestra una lamentable incapacidad de comprender la realidad y la aplicación efectiva de políticas de desarrollo.

En las dos propuestas que corresponden a las organizaciones con mayores posibilidades de votación se observa una nostalgia neoliberal y una clara intención de reestablecer las relaciones (de dependencia) con los EE.UU., con la ingenua idea de que con este país se pueden establecer relaciones diplomáticas y comerciales horizontales. Peor aun cuando el presidente Trump es un enemigo declarado de nuestra región excepto en casos como Macri, a quien tiene bajo su control luego de haberle facilitado a través del FMI un préstamo millonario para sus fracasadas políticas de ajuste.

Hasta ahora el gobierno boliviano ha logrado establecer una clara soberanía en su relacionamiento internacional, priorizado relaciones diplomáticas y comerciales horizontales con diferentes países incluso con potencias económicas y políticas como Rusia, China, India, Turquía, México y las ya legendarias relaciones económicas con Brasil y Argentina y con Cuba y Venezuela. El actual gobierno no sólo ha probado algo nuevo, sino que ha triunfado en el intento. Por ello, las propuestas de Ortiz y Mesa no solo son demagógicas en el sentido más concreto de la palabra, sino que son peligrosas.

La oposición boliviana ha demostrado en sus sucesivas acciones una total irresponsabilidad política con el futuro del país y ahora de cara al proceso electoral lo corrobora, pues ha definido con claridad que su único propósito es lograr la salida del presidente Evo Morales sin asegurar ningún tipo de gobernabilidad ni claridad en su propuesta de gobierno en caso de triunfo. No consideran que viven en un mundo inmerso en tensiones geopolíticas como las anotadas. Para ellos, el problema no es la injusta división internacional del trabajo, ni como la competencia entre China y EE.UU. tiene consecuencias reales sobre nuestras vidas. Para ellos, el problema es Evo, nada más. Votar por ellos sería como votar por un alcohólico que culpa al mundo por su problema, y no considera la complejidad de su enfermedad como un todo. Si Evo se va, todo bien, piensan. Qué debe hacer el país para enfrentar éste mundo complejo y en constante cambio no entra ni en sus más fugaces reflexiones.

Bolivia no necesita modificar el modelo de desarrollo económico y tampoco la forma de relacionamiento diplomático y comercial que ha aplicado hasta ahora; por el contrario, la posibilidad de que alguna candidatura opositora triunfe en las lecciones del 20 de octubre, dejaría en estado de vulnerabilidad la gobernabilidad del país y la economía, frente a los posibles efectos de la guerra comercial entre EE.UU. y China.


* Es economista.

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