noviembre 14, 2019

Clases medias, liderazgo cívicoy fascismo


Por Juan Carlos Pinto Quintanilla -.


¿Cuál será el plan de su dios para Bolivia en manos del ungido Luis Fernando Camacho? ¿Será el orden perdido que se instituyó en la colonia o bien las exclusiones de la república, o más bien el de la violencia neoliberal de los ricos contra los derechos de la mayoría pobre?

Un dilema de estos 14 años fue, ¿qué hacemos con los nuevos sectores que ahora tienen ingresos medios y oportunidades nuevas producto de las condiciones del proceso de cambio? Fue parte de las estrategias electorales, cómo llegar a esa nueva juventud que vivía en esta nueva condición de clase, y además como responder a este sector que resultó siendo cada vez más mayoritario y cada vez más urbano.

Pues resulta que precisamente el que el Proceso de Cambio se presentara en los últimos años como un proceso democratizador e incluyente para los propios grupos de poder del pasado, contribuyó a su despolitización y a que la inclusión se convirtiera en un canal de acceso al mercado de los consumidores, entonces el modelo es el propio mercado, competitivo, occidental e individualista-racista; pues para ser exitoso no sólo hay que tener muchos títulos, sino también parecer “menos indio”. Pero este mismo camino, llevó a un mayor encumbramiento de mercado de las clásicas clases medias de este país que no se distinguió en el pasado por tener una amplia cintura social, sino más bien por amplias mayorías excluidas y una mínima oligarquía de poder. Dichos sectores siempre se distinguieron por su toque de distinción racista, de ostentar abolengo y apellidos, en alguna medida recursos, pero sobre todo el diferenciarse de “la indiada”, en un complejo de inferioridad que le hacía sentir que mientras más odiaba a los indios, más aceptado podía ser entre los escasos círculos oligárquicos.

De esta manera, fue una afrenta de clase el que un indio se convirtiera en presidente a nombre de todos, y de ellos que reivindican su origen colonial antes que indígena, y empezaron a aflorar los odios, junto a la sensación de invasión de clase que realizaban los sectores populares con nuevas condiciones de derechos y de consumo. Entonces frente a la revolución de la inclusión en estos casi 14 años, estos sectores medios empezaron a ampliar su descontento hacia otras formas políticas ya que los partidos de antaño ya no los representaban. Agrupaciones ciudadanas, que se organizaban por intereses concretos, que, junto a la gran afluencia hacia las iglesias evangélicas, propugnaron el nuevo discurso de la “despolitización”, mezclando demandas de clase junto a una aureola religiosa de una predestinación que politizó temas como el tema del aborto o del feminismo como atentados contra la familia.

Aunque el proceso electoral en torno a la necesidad de adscribirse a organizaciones y partidos políticos, polarizó la participación, estas formas organizativas sectoriales y temáticas juveniles y de clases medias se mantuvieron como una nueva identidad política de clase. El Comité Cívico Cruceño, junto a su brazo paramilitar, la juventud cruceñista se convirtieron en un referente de este nuevo momento de organización política, que en las condiciones aceleradas por la coyuntura electoral, les permitieron comandar a estos nuevos sectores políticos, esta vez con un componente nuevo, la expansión del discurso hacia otras capitales de departamento a nivel nacional, que combinaron las representaciones políticas formales y partidarias con las representaciones cívicas, y las representaciones universitarias (que precisamente representan las clases medias en ascenso tanto como las tradicionales; en las universidades públicas como privadas); que logra un bloque urbano de enfrentamiento con el proceso de cambio, con las organizaciones sociales y con la mayoría popular.
A ellos se sumaron en Cochabamba la “Resistencia Kochala”, que son quienes comandaron los actos de violencia y racismo contra las campesinas y sobre todo las polleras a las que quieren negar en su propia identidad; lo propio con los universitarios Sucrenses o el comité cívico de Potosí; o del Beni, tomado por la propia gente de los cívicos cruceños. En fin, estamos viviendo la rebelión de las clases medias, que se atribuyen la voz del pueblo, como siempre lo hicieron, también en sus representaciones partidarias del pasado; pero además con el componente de la violencia desatada, de la vuelta a los discursos racistas a nombre de la Democracia, del irrespeto a la institucionalidad lograda por cuanto ha sido hecho por “los indios”; pero eso si están dispuestos a defender la constitución si les sirve para sus propios fines políticos.

Como corolario de estos movimientos juveniles y cívicos encontramos la entronización de un nuevo liderazgo nacional a partir de la presidencia del Comité Cívico de Santa Cruz, con Luis Fernando Camacho, un empresario exitoso que hizo dinero gracias al propio Proceso de Cambio, pero que se encumbró políticamente en este nuevo contexto de negación de la política formal, y sin embargo coordinando con ella a través de los partidos de oposición. No sólo el discurso radical y racista de la exclusión que abiertamente volvió con este personaje, sino que asumió que su principal estructura discursiva debía ser con componentes religiosos. Entonces incorpora no solo la mención de dios en sus discursos, sino también incorpora la imagen de la Virgen de Schoenstatt, (la de los croatas que es un grupo oligárquico de Santa Cruz); realiza oraciones en los cabildos, llora y gesticula como los pastores evangélicos.

En este camino es que la siguiente etapa de este proceso de rebelión es que este liderazgo se sobrepone a los liderazgos partidarios y se asume como salvador de Bolivia. En un acto “de valentía” se lanza a La Paz para entregar una carta de su renuncia a Evo Morales, y dice que le entregará a Evo junto a la Biblia, porque dios volverá a entrar al Palacio de Gobierno, pues con Evo estuvo en manos del diablo. La pregunta obligada es ¿cuál será el plan de su dios para Bolivia en manos del ungido Camacho? ¿Será el orden perdido que se instituyó en la colonia o bien las exclusiones de la república, o más bien el de la violencia neoliberal de los ricos contra los derechos de la mayoría pobre? En definitiva, parece ser esta la propuesta política mesiánica, o más bien la no propuesta fascistoide del evangelismo cívico que hoy enfrenta el Proceso de Cambio y al liderazgo de Evo Morales.

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