¿Cómo viven su feminidad/masculinidad las/los jóvenes de hoy?
2012-03-07 22:09:51
por: Jenny Ybarnegaray Ortiz *

 

 

 

A más de cien años de la declaración del “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” (8 de marzo de 1911) y a más de treinta años de la suscripción de la “Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer” (18 de diciembre de 1979), una nueva generación camina por las sendas abiertas por tantas feministas del mundo entero.

 

 

El 25 de febrero pasado, siete jóvenes 1 —cuatro mujeres y tres varones— se reunieron en una entretenida tertulia para hablar sobre un tema que no suelen debatir con frecuencia, aunque lo vivan cotidianamente: ¿Cómo vive esta generación su feminidad/masculinidad? Una pregunta demasiado abierta, desde luego, si se tiene en cuenta los múltiples clivajes de construcción del sujeto. Las y los jóvenes que aquí se expresan no pretenden representar a “su generación”, hablan desde su “lugar común”: son jóvenes de alrededor de treinta años, profesionales, de “clase media”, que comparten ambientes sociales y culturales similares, hijas e hijos de madres/padres de esa “generación de los setenta” que soñó con revoluciones de todo tipo, que transgredió y que produjo diversas rupturas, pero que quizás no alcanzó a ver plasmados sus sueños, al menos como los habían imaginado.

 

Una de ellas abrió el debate con una provocación que intituló “Flirteo bipolar”, mujeres y hombres se reunieron primero por separado y luego conjuntamente para responder a la misma. En las siguientes líneas, una apretada síntesis del debate y las conclusiones a las que arribaron.

 

La “provocación”: Flirteo bipolar

 

En cada época, cultura, estrato social, generación, la gente se da “sus modos” para lograr que el cortejo sea efectivo. En las mías no está permitido el machismo abierto; es más, es mal visto, criticado y rechazado.

 

Es por eso que cuando los chicos/hombres están en “modalidad flirteo”, utilizan la actitud igualdad de género como principal aliada. Nos enamoran con una perfecta combinación y dosificación de caballerosidad, ternura, atención, independencia e igualdad sexual. En ese momento no hay celos, la vestimenta sexi es perfecta, hay apertura de charla sobre parejas pasadas, experiencias sexuales, amistades cariñosas y cercanas con varones. También se muestran interesados en aprender de nosotras, de compartir sueños, gustos, metas. En esa época tienen todo el tiempo posible para pasarlo con nosotras, se exponen emocionalmente sin gran problema y pueden perder en los juegos. ¡Es maravilloso!

 

Pero una vez que bajamos la guardia y decidimos involucrarnos sentimentalmente, cuando creemos que nos tocó el mejor hombre de la ciudad-país-mundo, las máscaras se caen. De pronto nuestra ropa sexi (con la cual nos conocieron), resulta ser muy pequeña, muy provocadora. El tiempo para estar juntos es cada vez menor. ¿Perder? ¡Jamás! ellos no pierden, nos dieron ventaja, estaban cansados, el aparato no servía bien, ese juego es una estupidez. Los ex novios nunca existieron, ya no se habla de eso; y si se lo hace es para recriminar que hubieron muchos, más de los que deberían. El no ser vírgenes era perfecto para acostarse con nosotras, pero después de lograrlo, mejor ni hablar que existieron otros.

 

Mucho menos van a aprender de nosotras, ellos saben todo, qué calle tomar, cuánto comprar, qué película escoger, etc. Y de pronto, el cambio más fuerte, se empiezan a alejar, a decir no, mucho más seguido. Pareciera ser que el “chip macho” se les prendiese, que les diese miedo a ser vulnerables, que seguir “cediendo” los llevará a la esclavitud, que esa mujer a su lado sólo quiere dominar su ser. Es como que si se pusieran a la defensiva, ahora ellos tomarán las riendas de la relación, estarán menos tiempo, mostrarán menos afecto y mimos, decidirán por dónde va el camino.

 

¡Eso es machismo! Hay doble moral. Por un lado, son “feministos” para que trabajemos, generemos, “tengamos una vida” y los dejemos en paz; pero, por el otro, debemos seguirlos, apoyarlos, comportarnos. ¿Dónde queda el ser compañeros?, ¿el apoyarnos mutuamente?, ¿el respetar los gustos y decisiones ajenas?

 

No creo que todos los hombres sean así, sería injusto generalizar. Pero sí me atrevo a decir que muchas de las actitudes que mencioné se juntan en cada uno. ¿Quiénes son culpables? No lo sé, ¿los padres/las madres?, ¿la doble moral que recibieron en sus casas?, ¿”la sociedad”?, ¿los medios de comunicación y los estereotipos que nos transmiten?

 

La verdad es que esta “bipolaridad” nos marea... Y no veo que ellos salgan ganando con el machismo... Ser “todo un macho” es un peso duro de llevar.

 

La respuesta de las mujeres: “Somos resultado (parcial) de lo que aprendimos en nuestras casas”

 

El ser humano es formado desde la infancia en su forma de pensar y de esperar cosas sobre lo que es y significa tener una pareja; en este aspecto la influencia familiar puede marcarte por completo. Se reconoce que la figura paterna es decisiva en lo que una mujer va a esperar de un hombre, así como “tendemos a replicar lo que hemos visto en nuestras madres, o por lo menos no nos sorprende mucho que los hombres nos hagan cosas que también se las han hecho a nuestras madres”, advierten; pero, sobre todo y lo que más influye en nuestra expectativa de pareja es el acuerdo que hemos visto entre padre y madre y hombre o mujer ¿Cuál es el “contrato” que ellos han establecido para funcionar como pareja?

 

Por ejemplo, una de las compañeras proviene de una familia con padre y madre que la impulsaban todo el tiempo a cuestionarse cosas y entre ellas el rol de la pareja, en su caso su padre y madre vivían una relación en la cuál el padre era servido y mimado y la madre cumplía el típico rol que se espera de la mujer en sociedad; sin embargo, ambos parecían felices con los roles asumidos y se respetaban y alcanzaron un nivel estable de pareja. Ella asume a sus padres como modelo de pareja, pero rechaza la actitud complaciente de su madre hacia su padre, reproduce el valor del compañerismo, amistad y complicidad con su pareja, pero exige co-responsabilidad en todos los aspectos de la vida. “Mi compañero no me “ayuda” en la casa, dice, hace la parte que le corresponde para asegurar que nosotras (tienen dos niñas pequeñas) y él mismo podamos vivir en una casa en armonía...”.

 

En el caso de otra compañera, creciendo con una madre feminista, si bien hay aspectos maravillosos que ha heredado de dicha situación, también reconoce que esta característica materna también le ha sido negativa, le ha enseñado a desconfiar de los hombres y eso pesa en sus actuales relaciones de pareja.

 

Una tercera, cuenta cómo su madre sufrió el abandono por parte del esposo (su padre) cuando éste se dio cuenta que se había casado con una mujer mucho más fuerte que él y que por lo tanto significaba mucha responsabilidad mantenerse a la altura; este abandono hizo que la madre las criase desconfiadas de los hombres, con mucho miedo y cautela a no sufrir desengaños como el que ella sufrió.

 

La cuarta señala “al hombre le da mucho miedo una mujer superior, porque desde niños los cargan con paradigmas que les obligan a cumplir roles de superioridad y mayor responsabilidad social; cuando encuentran una mujer dispuesta a asumir dichos roles y tomar el liderazgo de una situación, se les comprometen muchos sentimientos y a veces huyen, no por cobardes, simplemente porque no saben como manejarlo”.

 

Los miedos se pasan de madres a hijas, las taras se pasan de padres a hijos, concluyen.

La respuesta de los varones: “El cortejo es un instinto animal”

 

Ellos comienzan su conversación reconociendo que “el cortejo hace parte de un instinto animal, no es sólo lo físico lo que nos atrae de las mujeres, quizás porque somos más bohemios, no les vemos sólo el culito; pero, tampoco vamos a negar que sí, que nos encanta”. El acto sexual, el flirteo y la relación están marcados por nuestros roles de género, con lo que suponemos se espera de nosotros a la hora de “conquistar” a una chica.

 

Tiene que ver mucho la formación en la casa, la tradición familiar repercute en nuestras relaciones. La clase social también determina el tipo de cortejo que tienes con tu pareja y tu relación de pareja a largo plazo. Tienes modelos de pareja que te influyen para tu relación, que viene de los padres y de relaciones cercanas que han influido mucho en tu vida. Éstas tienen una evolución donde eres macho y después clamas por igualdad de género. Puede depender del tiempo de la relación, en relaciones más duraderas hay más trabajo en igualar.

 

 

La “provocación” plantea que tenemos varias caras (metáfora de la máscara), pero eso no sucede sólo en nuestras relaciones con las mujeres, también con la familia y los amigos, nos colocamos las máscaras que la situación nos exige y nos “conviene”. La mujer emancipada de la clase media también puede tener varias facetas, varias máscaras detrás de las que oculta deseos e intenciones difíciles de codificar para nosotros. En eso, mujeres y hombres, también nos igualamos. Pueden mostrarse las caras machistas de cada uno.

 

Se pueden ocultar machismos en el primer encuentro; pero, después mostramos muchas facetas que no nos gustan ni a nosotros mismos, porque nos parecen machistas. Es cuando el tiempo de las relaciones influye para reflexionar sobre nuestras relaciones y nuestros machismos y feminismos. Las caretas van cambiando hasta el punto de que en relaciones más duraderas pueden desaparecer. Tienes que saber qué tipo de hombre-mujer quieres y saber lo que estás buscando. En algún momento se muestran las verdaderas caras de cada persona de la pareja.

 

De acuerdo a la formación social de cada país se producen varios tipos de situaciones donde puede cambiar la noción sobre qué se entiende por machismo. Los roles de género pueden variar según la clase social, y también varían al interior de una misma clase, no es que mujeres y hombres estemos constreñidos a cumplir esos roles de manera uniforme, también podemos salir de esos roles, cambiarlos, y así enriquecernos como personas y seres humanos. Sin embargo, “cuando tienes muchas responsabilidades (hijos, trabajo, amigos) no tienes la opción de tener libertad de hacer lo que quieras, queremos dejar de ser machistas, pero nuestro medio social nos impulsa a ello”.

 

Las masculinidades y feminidades están permanentemente cuestionadas en esta época donde se cuestionan las posiciones de cada uno. Pero, hay reglas establecidas en la sociedad boliviana que te impiden escoger el tipo de hombre o mujer con el/la que te vas a juntar. O en algún caso te lo oculta, donde se mimetizan los machismos y después te permite mostrar verdaderas caras. La construcción social en la familia es todavía la base de la sociedad boliviana, las conductas socialmente aceptadas que ahí aprendemos ocultan actitudes y reacciones machistas y relaciones de poder, que no han cambiado mucho en el curso de la historia. Esto no significa disidencia con esta institución básica de la sociedad, como tampoco una aceptación pasiva de lo que hemos aprendido, nosotros podemos -si queremos- cambiar esos patrones para construir otro tipo de relaciones con nuestras parejas.

 

Para cerrar: “queremos que la próxima generación nos supere del todo”

 

Mujeres y hombres jóvenes suelen vivir su masculinidad/feminidad -entendiendo que ambos tienen de las dos partes- con ambivalencia y conflictividad. Los hombres han aprendido que la “pose de macho” ya no va, pero si dejan de serlo sienten que se quedan sin “estructura” que los sostenga. Las mujeres han aprendido que la “pose mujercita” tampoco va, pero de pronto quieren serlo también, quieren sentirse protegidas, mimadas y cuidadas, y tampoco eso encuentran, salvo a muy alto costo, el de su independencia y libertad.

 

La pregunta que se plantean es ¿qué significa “ser un verdadero hombre”? A muy pocos varones en nuestra sociedad se les da la oportunidad de plantearse esa pregunta; desde niños nos imponen mandatos con los cuales no podemos batallar porque son parte de nuestra identidad masculina: ser guerrero, proveedor, protector, mandamás, poderoso, sabio, sexualmente fogoso; tal vez si se nos daría la oportunidad de definir qué tipo de hombres queremos ser, nuestras expectativas serían distintas y nuestro trato con las mujeres cambiaría.

 

Un mujer -en especial de nuestra situación social- tiene la suerte de poder plantearse su objetivo de vida, qué es lo que quiere y qué es lo que espera de una pareja; pero, si una mujer no sabe qué tipo de hombre quiere para su vida, o que tipo de relación espera, le será muy difícil mantener una relación estable que la haga feliz; se reconoce que cada mujer debería poder tener el tipo de vida que quiere y el tipo de hombre que mejor le convenga; es decir si una mujer quiere lavar, planchar y cocinar para su marido está en todo el derecho, siempre y cuando ella tenga la opción de decidir hacerlo y no sea una imposición. Así como si quiere ser feminista, revolucionaria, activista, vindicadora de derechos, también está en todo su derecho de elegir y vivir como mejor le plazca.

 

Cinco mil años de patriarcado no los vamos a cambiar nosotros -señalan estos jóvenes (particularmente ellos)- treinta años son poco tiempo en relación con esa historia larga en la que se han cimentado tan bien los “roles de género”, como para esperar que se modifiquen radicalmente en el plazo de una o dos generaciones. Lo que sí se puede ver, es que se están dando cambios importantes, aquí y ahora, parejas que se unen con un “contrato” de reciprocidad horizontal y que luchan por mantener vigente ese contrato, hombres que se cuestionan su masculinidad impuesta y se empeñan sinceramente en “vigilar al macho que llevamos dentro”, mujeres que emprenden proyectos de vida autónomos -sin que por ello desechen la ilusión de formar parejas y familias- y desarrollan emprendimientos independientes poco convencionales como el de “equilibradora canina”, por ejemplo, que es lo último que sus madres/padres hubieran deseado para ellas.

 

Esta generación, sin lugar a dudas, está dando pasos agigantados en la senda abierta por las feministas del mundo entero, y lo que desean con más ilusión es que la próxima generación les supere del todo “si mis hijas son bisexuales, pues qué bien ¿no?, con tal de que sean libres y felices...”. Sin embargo, también están dispuestas y dispuestos a aceptar que la próxima generación opte por ser más conservadora y convencional de lo que lo son ellas y ellos, no existe una linealidad en la “evolución” de los seres humanos, concluyen.

 

 

*          Responsable de la sección “Diálogos Feministas” del Semanario La Época

1          En este encuentro compartieron: Daniela Acosta (comunicadora social y equilibradora canina, autora de “Flirteo Bipolar”), Daniela Jines (abogada, especialista en desarrollo social alternativo), Carolina Casso (bailarina, estudió ciencias políticas); Bethel Nuñez (socióloga e investigadora); Raúl Valda (fotógrafo y artista), Iván Zegada (ingeniero industrial), y Martín Torrico (sociólogo e investigador).

1 Comentarios
Juan Espinoza
08/03/2012
Los seres humanos de sexo femenino deben aprehender a construirse como mujeres sin miedos,sin angustias, pero este requiere muchísimo trabajo de ellas mismas, sin influencias machistas internalizando con intensidad las experiencias aut&
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