Mary Wollstonecraft y vindicación de los derechos de las mujeres: el acta fundacional del feminismo *
2012-06-18 15:49:50
por: Rosa Cobo **

 

 

 

En este artículo inédito, Rosa Cobo nos lleva a los inicios del debate referido a la educación femenina y nos muestra cómo el sistema patriarcal y sus más insignes representantes, como Rousseau, se empeñaron en negarnos este derecho fundamental bajo el arraigado prejuicio de la “inferioridad femenina” —que continúa vigente hasta el presente, aunque de forma más velada— mientras que mujeres como Mary Wollstonecraft les daban una dura batalla, sentando las bases del feminismo del siglo XX.

 

 

La obra de Mary Wollstonecraft se inscribe en la significativa polémica que se hace explícita en el siglo XVIII sobre las mujeres. Si bien muchos pensadores habían escrito a lo largo de la antigüedad y de la Edad Media discursos sobre la inferioridad o sobre la excelencia de las mujeres, en la ilustración, tal y como en este mismo volumen explica Celia Amorós, surge el principio ético y político de la igualdad, desde cuyo paradigma construirá todo su pensamiento la autora británica

 

De la ontología de la educación: el debate con Rousseau

 

El primer libro que publica Mary es una guía de educación para niñas. Siguiendo la estela que había abierto Francois Poullain de la Barre con De la educación de las damas 1, Mary dedicará muchos años de su corta vida a reflexionar sobre la diferente educación que se imparte a niños y niñas y sobre las funestas consecuencias que este hecho tiene para las mujeres. De hecho, Burdiel señala que el aspecto fundamental de Vindicación de los derechos de la mujer es la educación y la socialización, pese a que se presenta a sí misma como una obra de debate político. En los primeros textos sobre educación que escribe Mary se encuentra el germen de las ideas que después desarrollará en Vindicación de los derechos de la mujer.

 

Mary Wollstonecraft criticará tenazmente los libros de conducta para mujeres que escribían tanto clérigos católicos como pastores protestantes y tanto educadores como políticos. En efecto, en su opinión, la educación sentimental en la que se formaban las mujeres del siglo XVIII “ha distorsionado tanto la comprensión del sexo, que las mujeres civilizadas de nuestro siglo, con unas pocas excepciones, sólo desean fervientemente inspirar amor, cuando debieran abrigar una ambición más noble y exigir respeto por su capacidad y sus virtudes” 2. Un aspecto importante de esta crítica está centrado no sólo en la orientación moral que se da a las niñas para dirigirlas hacia el matrimonio sino también en el escaso aprecio que se tiene de sus facultades intelectuales. Wollstonecraft, como antes hiciera Poullain De La Barre, reclama una sola educación para ambos sexos, pues hombres y mujeres son poseedores de una razón que bien utilizada les conducirá a la virtud. Una sola naturaleza, una sola razón, una sola virtud y por tanto, una sola educación: “niego la existencia de virtudes propias de un sexo...la verdad...debe ser la misma para el hombre y la mujer” 3. La propuesta de una educación única para niños y niñas, hombres y mujeres, es la prueba de la caída, a medias real y a medias simbólica, de un orden estamental que vinculaba educación y estamento.

 

Tras un periodo de trabajo como maestra, Wollstonecraft entrará en contacto con un grupo de intelectuales ingleses, el círculo de los radicales, con los que establece un fecundo intercambio intelectual. Este grupo de intelectuales, entre quienes se encuentran Godwin 4, Thomas Paine o el Dr. Price, fueron la traducción intelectual en Inglaterra de autores como Condorcet o Diderot en Francia. Recibieron apasionadamente las ideas revolucionarias y mantuvieron la esperanza de que algún día se extendieran a Inglaterra. Sus obras apelan a la razón, impugnan la tradición y los prejuicios, desplazan a la religión al territorio de la subjetividad intelectual y defienden sin descanso los derechos naturales de los individuos. Y en todos ellos se encuentran poderosos y firmes elogios a la igualdad.

 

Animada por Thomas Paine, y tras publicar Condorcet en 1787 las Cartas de un burgués de Newhaven y Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía en los que defiende la igualdad entre los sexos, Mary redacta en seis semanas, en 1792, Vindicación de los derechos de la mujer. Este texto es un libro extraordinario y lleno de sólidos argumentos sobre la igualdad entre hombres y mujeres en el que la autora interpela con inteligentes explicaciones a quienes defienden la inferioridad de las mujeres. En este libro se fundamentan a partir de los grandes argumentos ilustrados, la igualdad entre hombres y mujeres y la exigencia de una sola y única educación para ambos sexos al tiempo que se ponen en cuestión los prejuicios que justifican la inferioridad de las mujeres. Vindicación de los derechos de la mujer es el texto fundacional del feminismo que inaugura la vindicación feminista.

 

La educación es un tema crucial en la ilustración francesa e inglesa y especialmente en la obra de Mary Wollstonecraft, que llega hasta el extremo de se la columna vertebral de Vindicación de los derechos de la mujer. Mary se enfrente a una pedagogía femenina profundamente marcada por el pensamiento y la práctica más patriarcal y misógina. La autora británica entiende la educación como uno de los instrumentos más significativos, junto al otro, las instituciones políticas, de perfeccionamiento y progreso individual y colectivo. El siglo XVIII se caracteriza por una fe ilimitada en la cultura y en al razón como el motor de progreso social e individual. La ilustración sostiene que la educación disminuye las desigualdades de talentos y por ello mismo se convierte en uno de los motores fundamentales de la igualdad.

 

En este tema, como en el de la crítica al prejuicio, Mary asume los principio ilustrados, aunque asimismo hay que señalar que el círculo de los radicales, al que ella estaba ligada, se encontraba comprometido con la educación como un instrumento de reforme individual y colectiva. Toda la argumentación de Wollstonecraft sobre la educación “venía a confluir en lo que constituye el verdadero objeto de reflexión de la obra: el carácter artificial (arbitrario), social y culturalmente construido, de las diferencias de valor y función entre los sexos” 5. Dicho en otros términos, Wollstonecraft analizará la educación del Antiguo Régimen como un arma peligrosa e inmoral de los hombres para oprimir a las mujeres y reclamará una educación orientada a llenar de contenido moral a esos seres racionales que son las mujeres.

 

En este libro, Wollstonecraft hace una crítica razonada e inteligente a aquellos pensadores que conceptualizan la naturaleza femenina como inferior a la masculina y que, en consonancia con ello, postula la exclusión de las mujeres de los derechos civiles y políticos. Entre los autores que tienen un pensamiento misógino y patriarcal, la autora británica escoge a Rousseau. Éste no es un filósofo elegido al azar por Wollstonecraft, por el contrario, la causa de su elección reside en la relevancia del pensamiento rousseauniano respecto a la formación de nuevo ideal de feminidad y de la nueva familia patriarcal. Y es que en el filósofo ginebrino se complementan el sesgo patriarcal y el sesgo misógino como los dos pilares sobre los que se asienta el más amplio y desarrollado discurso de la inferioridad de las mujeres en el siglo XVIII, aunque siempre disfrazado de la teoría complementaria de los sexos 6. Sin embargo, hay que señalar que la autora inglesa no critica exclusivamente a Rousseau sino también a cuantos escritores habían conceptualizado un modelo de mujer artificial, débil e inferior al varón.

 

Mary Wollstonecraft elige uno de los libros fundamentales del ginebrino, el gran tratado de educación del siglo XVIII, Emilio, y muy especialmente su capítulo V, en el que Rousseau utiliza el recurso de un personaje de ficción, Sofía, para explicar lo que él denomina la verdadera naturaleza de la mujer, que no es otra cosas que el nuevo modelo de normatividad femenina que tan funcional es a la nueva clase política emergente: la burguesía. Para lograr este objetivo nuestro filósofo transita con habilidad, en un juego ya recurrente, entre el ‘ser’ y el ‘deber ser’ pues, pese a que está fabricando un nuevo esquema de mujer ideal, él mismo lo presenta como la verdadera ontología femenina. De modo, que Sofía aparece con una naturaleza inferior a la de Emilio y en consecuencia con un lugar social subordinado, pese a que Rousseau había explicado en numerosas ocasiones a lo largo de su obra, el carácter socialmente construido de todas las instituciones y de todas las relaciones sociales. Y no sólo eso, pues el misógino había subrayado con precisión y claridad la igualdad como un ‘rasgo’ natural del estado de pura naturaleza. Tras repetir esta argumentación ad infinitud, hace una operación que consiste en aislar a las mujeres y sacarlas de su carácter históricamente constituido y devolverles a un estado pre-social que establece la desigualdad entre los sexos. Las quiebras epistemológicas y políticas son tan visibles que Mary las hará estallar en mil pedazos. De hecho, una parte de Vindicación de los derechos de la mujer está consagrada precisamente a eso, a mostrar las groseras incoherencias del más radical de los pensadores de la Ilustración.

 

 

*          Ponencia presentada en el “Conversatorio de una educación no sexista y antidiscriminatoria” de la Campaña Boliviana por el Derecho a la Educación y CLADEM, en La Paz 28/09/2011 (inédito). (Primera entrega).

**         Doctora en Sociología, Feminista, Profesora Titular de Sociología del Género de la Universidad de la Coruña-España. / Fotografía: http://www.clubdelas25.com/articulo.php?id=101

1          POULLAIN DE LA BARRE, FRANCOIS (1993). De la educación de la damas. Madrid, Cátedra, Colección Feminismos.

2          WOLLSTONECRAFT, MARY (1994). Vindicación de los derechos de la mujer. Madrid, Cátedra, Colección Feminismos. (p.100)

3          Ibídem; (p.174)

4          Godwin es el famoso autor de uno de los libros de teoría política más influyentes de esa época: Investigaciones sobre justicia política, y con el que se casará Mary apenas un año y pico antes de morir. De ese matrimonio nacerá Mary Shelley, la famosa autora de Frankestein.

5          BURDIEL, ISABEL, Introducción, en Vindicación de los derechos de la mujer (Ob. Cit.). p. 59

6          COBO, ROSA (1995). Fundamentos de patriarcado moderno, Jean Jacques Rousseau. Madrid, Cátedra Colección Feminismos.

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