La industrialización, imperativo constitucional
2012-07-06 16:22:42
por: Javier Fernández

 

 

 

Historiadores económicos focalizan la gestación y desarrollo de la Primera Revolución Industrial, en el periodo comprendido entre 1750- 1850, es decir, las transformaciones técnicas se generaron a lo largo de estos cien años.

 

Ésta Revolución Industrial (RI) se expresó en lo económico en la creación y utilización de nuevos tipos de bienes de capital, aplicación de nuevas fuentes de energía a las tareas productivas y, en general por el desarrollo y la aplicación de técnicas y principios científicos al proceso productivo. Junto a la Revolución Industria se gestó también una importante Revolución Social. Estas transformaciones sociales y tecnológicas incrementaron de manera significativa la productividad, la que a su vez, posibilitó la captación de un excedente cada vez mayor, dando lugar a un acelerado proceso de acumulación.

 

Algunos países del norte que entonces se rezagaron, en dicho proceso industrial, propiciaron políticas deliberadas de industrialización, desarrollando prácticas proteccionistas frente a las entonces potencias industriales, es el caso de los Estados Unidos y, posteriormente de Alemania y Japón.

 

En el horizonte temporal de la Primera Revolución Industrial América Latina se hallaba inmersa en el periodo colonial y sosteniendo la lucha emancipadora, colonialismo que sometía a la población y expoliaba sus abundantes recursos naturales, las metrópolis de entonces prohibían actividades manufactureras en las colonias, evitando la competencia a sus productos, esos son parte de los elementos de la acumulación originaria del capital, que sustentaban las bases para el significativo crecimiento de la mayoría hoy Países Desarrollados. Esa Revolución industrial afianzó la división internacional del trabajo que especializaba a los países latinoamericanos como proveedores de productos primarios e importadores de manufacturas.

 

En el S. XX, entre 1914 a 1945, se registró un periodo catastrófico para la humanidad, caracterizado por las dos guerras mundiales, la gran depresión económica mundial iniciada en 1929 qué destruyó la base del sistema monetario internacional, influyendo en los Países Desarrollados a adoptar políticas proteccionistas y, orientando sus aparatos productivos a la industria armamentista, estos aspectos constriñeron el flujo de las manufacturas destinadas a los mercados de los Países Menos Desarrollados.

 

Estos sucesos afectaron drásticamente a los países latinoamericanos que enfrentaron dificultades en realizar sus materias primas en el mercado internacional, consecuentemente impedidos de acceder a divisas, para la compra de manufacturas de los Países Desarrollados, lo que les obligó a sustituir bienes de consumo no duraderos de fácil elaboración, como textiles, calzados, alimentos, bebidas, etc., iniciando la transformación del capital comercial en capital industrial.

 

Fue con la creación de la CEPAL, el año 1948, institución dependiente de la ONU, que se instituyó una estrategia deliberada de desarrollo de “Sustitución de Importaciones”, la que además de considerar los aspectos señalados identificó el elemento medular del estrangulamiento de las economías latinoamericanas, que se expresa en el deterioro de la Relación de los Términos de Intercambio, es decir que en el comercio de largo plazo las materias primas que vendemos a los Países Desarrollos pierden constantemente valor frente a los productos manufacturados que importamos de dichos Países, lo que implica entregar mayor cantidad de materias primas por las manufacturas.

 

La fase difícil de la industrialización, inicia con la producción de bienes de consumo duradero como electrodomésticos, automóviles, insumos intermedios, etc. Esta fase se destaca por la descentralización de las empresas del centro hacia la periferia, generando la dependencia de nuestros países del capital transnacional. El proceso de industrialización, no se completó en la mayoría de los países de América Latina. Brasil evadiendo parcialmente el dogma neoliberal, sorteo favorablemente esa fase difícil, con la producción de insumos intermedios, básicamente de la industria química y metalúrgica y la producción de bienes de capital, para posteriormente ingresar a la industria de la computación.

 

Esta estrategia de desarrollo, basada en la Sustitución de Importaciones, se aplicó en Latinoamérica, en el periodo 1950 - 1981,la qué ha sido vilipendiada por los neoliberales en el contexto mundial, con resonancia en nuestro país por sus acólitos criollos.

 

En una serena reflexión sobre lo que ésta estrategia habría generado en Latinoamérica, podríamos retrotraer lo que Albert Hirschman economista estadounidense denominó Los Treinta Gloriosos de América Latina, periodo en el que se quintuplico el Producto Interno Bruto, con una tasa media anual de crecimiento de 5,5%, originando que el ingreso per cápita se incrementará de $us. 420 a $us960 (a precios constantes de 1970). Estos ingresos acrecentados permitieron sostener el crecimiento de la población, que pasó de 155 millones a casi 388 millones de habitantes, entre 1945 a 1980, crecimiento acompañado de un proceso acelerado de urbanización, con mejoras en la educación y la salud, elevando los niveles de la esperanza de vida considerablemente en la mayoría de los países de la región.

 

Entre las deficiencias a destacar de la estrategia de sustitución de importaciones se observa el descuido del sector agropecuario, el que se desenvolvió con ausencia del apoyo del Estado, agudizando las condiciones de vida de la economía campesina y los pequeños productores. Otra deficiencia fue la concentración de la riqueza y el ingreso en pequeños segmentos de la población. También se destaca la mayor dependencia de nuestros países al capital transnacional, a partir de la segunda fase de la industrialización, soslayando los intereses nacionales.

 

Por otra parte, en otras latitudes del planeta se advierten otras estrategias también de industrialización tardía, es el caso de Noruega, Nueva Zelandia, Finlandia, etc., que sustentaron su desarrollo en la riqueza de sus recursos naturales. Tomando el caso de Finlandia, su estrategia de desarrollo tardío se sustentó en su riqueza forestal y un protagonismo estelar del Estado y las empresas estatales. La etapa inicial de la industrialización finlandesa, estuvo poco diversificada siendo dominante el sector forestal, articulada al mercado internacional, a través de la exportación de materias primas, en las subsecuentes etapas exportaba productos forestales con mayor valor agregado e incursiono en la producción de insumos y equipo de dicha industria. Es así que su inserción en la economía mundial, se sustentó inicialmente en las ventajas comparativas de la industria basada en mano de obra, capital y recursos naturales, para pasar, durante los años ochenta del S. XX, hacia ventajas basadas en producción intensiva en conocimiento. En 1998 el producto nacional bruto (PNB) per cápita de Finlandia fue de 24.280 dólares, mientras que el promedio de los países de la Unión Europea que forman parte de la unión monetaria fue de 22.350 dólares. (World Bank, 2000).

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