Yeyorá (Libertad)
La masacre de kuruyuqui
2014-01-29 11:46:16
por: Adriana Salvatierra *
Opuá ha ora ñandereta, ndaipori mbarete oyokoa chupe. (Cuando nuestro pueblo se levanta, no hay fuerza capaz de contenerlo)

La jerarquía horizontal de sus comunidades y la incesante lucha por su libertad en sus territorios, fueron valores predominantes en la vida de la nación Guaraní. A ellos debo esta memoria, que basada en dos historias distintas, refleja la lucha de este Pueblo.

La primera -cuenta la leyenda oral- se inicia con la invasión española resistida por la nación guaraní con sus ejércitos comunales de kereimbas (guerreros guaraní) que incorporaban a sus mujeres, ancianos, niños y niñas.

Anahí, indiecita de escasos años, conoció el terror de la muerte cuando los invasores de cascos y corazas de acero arrasaron su tierra, su casa y su bosque, matando a su gente. Se fue a la guerra acompañando a los kereimbas con su canto libertario que alimentaba el vigor de su pueblo, sus padres y sus hermanos.

Dicen que en una batalla los invasores la hicieron prisionera, la flagelaron y ataron a un árbol, y que al anochecer se liberó de las ataduras y mató a uno de ellos. Sorprendidos, los invasores no concebían tanta bravura y tanto coraje en un cuerpo tan pequeño, y acusándola de bruja, la condenaron a morir atada en las llamas.

Dicen también que cuando el fuego empezó a consumir su cuerpo, Anahí alzó la voz y entonó su último canto por la vida. Frente a la mirada atónita de los españoles, las llamas empezaron a transformarse en flores rojas y de ellas nacieron otras vidas de múltiples colores. Esa fue su victoria. Hoy, Anahí renace en la flor de los ceibos del chaco guaraní y la memoria colectiva de su pueblo.

La segunda historia no la cuentan los libros de historia oficial y los karais de la República prefieren olvidarla por cínica vergüenza, para ocultar la barbarie “civilizadora” de sus antepasados cruceños, tarijeños y chuquisaqueños.

Con el argumento de pacificar las avarendas guaraní (revueltas indígenas contra la invasión a sus territorios) que asolaban las haciendas patronales, iglesias y pueblerios en lo que hoy es la provincia Cordillera, las autoridades y hacendados de los tres departamentos, con la bendición de la jerarquía católica, organizaron y ejecutaron la más brutal masacre al pueblo guaraní, no ocurrida ni siquiera durante la colonia.

Fueron más de veinte guerras que los guaraní libraron contra los invasores a sus territorios desde la colonia hasta la República en 1892. La horizontalidad de sus tentas o comunidades se transformaba y confederaba en tiempos de guerra bajo el mando de sus Tumpas, (encarnaciones de Dios/hombre). Año a año presentaban ferviente resistencia a la sotana evangelizadora que traía consigo la esclavitud, el látigo y la muerte, el despojo de sus tierras y la pérdida de sus familias. Eso explica el por qué incendiaban rancheríos, pobladas y templos.

El 28 de enero de 1.892. Kuruyuqui amaneció con el redoble de los tambores de guerra de sus kereimbas, que con los rostros pintados de rojo y negro, las cabezas adornadas con plumas y armados con arcos y flechas enfrentaron por última vez a las milicias patronales y republicanas de Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca. El último Tumpa, Apiaguaiqui, comandaba al pueblo guaraní.

Los kereimbas esperaban una batalla cuerpo a cuerpo; sin embargo, la milicia patronal-republicana armada con fusilería y dos cañones al mando del Coronel Gonzales, tenía por estrategia la masacre a distancia.

Kuruyuqui se convirtió aquel día en un campo de masacre de más de 1.500 indígenas hombres, mujeres y niños guaraní. Los sobrevivientes fueron pasados a degüello, y las mujeres y niños repartidos como botín de guerra en las haciendas patronales. Más de 2.500 guaranís fueron asesinados desde aquel día hasta el mes de marzo. El Tumpa Apiaguaiqui fue tomado prisionero, torturado, empalado y ahorcado por la cristiana voluntad de sus inquisidores gamonales, eclesiales y republicanos.

Kuruyuqui, hoy memoria ardiente de la lucha por la vida, el territorio y la libertad, se yergue 122 años después desde la aridez chaqueña venciendo las heridas de las guerras y las fronteras, dignificando la lucha de nuestros pueblos por su definitiva emancipación.

Para vos Anahí, que te reencarnás en cuanto mitaí nace luchando por la igualdad y la libertad. Vos hermosa guerrera guaraní, sos la flor roja que se enciende ante la opresión.

Para el Pueblo Guaraní, indómito guerrero que trasciende fronteras con la memoria ardiente del Tumpa Apiaguaiqui, entregado como el Cristo redentor de la liberación.



*    Jóven Intelectual cruceña
    as.arriaza1989@gmail.com

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