La fuga de Ostreicher y el retiro de Larry Memmott, otra vez la CIA en Bolivia
2014-03-17 22:45:37
por: Jaime Salvatierra
El ex encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos, Larry Memmott, ayudó en la fuga del empresario norteamericano de origen judío Jacob Ostreicher, y su posterior protesta ante Washington por no haber conocido que el operativo en realidad era para ayudar a un agente CIA le aceleró su salida del puesto en La Paz.

Que nadie sabe para quien trabaja se ha encargado de confirmar el ex encargado de Negocios de EEUU en La Paz, Larry Memmott. A pesar de su colaboración con la fuga del empresario Jacob Ostreicher y acciones encubiertas anteriores de la CIA, el diplomático fue removido de su cargo en Bolivia y posiblemente enfrente un proceso que le podría provocar severas consecuencias.

Al saliente encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en Bolivia, Larry Lamont Memmott, le ha tocado jugar, sin opción alguna, un papel denigrante para cualquier funcionario de carrera de la diplomacia estadounidense. Al máximo representante de los Estados Unidos en La Paz luego que el embajador Philip Golberg fuera expulsado en 2008 por estar involucrado en actividades de conspiración contra el presidente Evo Morales, le tocó en los últimos meses la tarea ingrata de desmentir públicamente varias operaciones encubiertas desarrolladas por la Agencia Centra de inteligencia (CIA) contra el gobierno boliviano.

Similar papel, de encubrir los operativos de la CIA en Bolivia, le correspondió jugar en la ejecución del plan de fuga del empresario norteamericano, de origen judío, Jacob Ostreicher, quién hace más de año y medio se encontraba siendo procesado por la justicia, en el departamento de Santa Cruz, por legitimación de capitales del narcotráfico, y por el cual guardaba detención domiciliaria.

El 15 de diciembre de 2013, Ostreicher fugó de Bolivia hacia Estados Unidos vía Perú. Si bien no se conoce hasta ahora con precisión la totalidad de ruta y el medio empleado, es evidente que fue por tierra y cruzando el punto fronterizo del Desaguadero. Esta hipótesis ha sido confirmada en parte por las autoridades migratorias del Perú, quienes señalan que el ciudadano estadounidense registró su salida hacia Los Ángeles, pero no su ingreso por ningún puesto de control. De acuerdo a lo que se supo días después, el prófugo de la justicia boliviana tomó un vuelo de LAN Chile poco después que el consulado norteamericano en Lima le resolviera sus documentos.

El 24 de enero de 2014, veinticinco días después de su salida ilegal de Bolivia, el empresario norteamericano hizo conocer, a través de un video difundido por las redes, que “el Instituto ALEPH estuvo directamente involucrado en mi caso, ayudándome de ser liberado de la prisión más horrenda de Sudamérica (Palmasola)”.

Sin embargo, nada puede ocultarse indefinidamente. Fuentes confidenciales dan cuenta que la fuga de Ostreicher fue organizada y llevada adelante por oficiales de la CIA que trabajan en la embajada norteamericana en La Paz con la fachada de ejercer cargos diplomáticos, una práctica bastante habitual de los servicios secretos estadounidenses en todas partes del mundo. De hecho, una declaración del ministro de Gobierno, Carlos Romero, el 18 de diciembre, por la que se sostenía que “un grupo de elite” bajo mando de Washington estuvo involucrado en la fuga, se ha confirmado.

La cabeza de la operación en La Paz fue Geoffrey Frederick Schadrack, residente de la CIA que bajo el disfraz de funcionario de la oficina política conduce las operaciones de la agencia de inteligencia en Bolivia. Schadrack ha sido denunciado en oportunidades anteriores, según dan cuenta diferentes medios de prensa, por su involucramiento directo en acciones injerencistas y de espionaje contra el gobierno del presidente Evo Morales.

Tal como sucedió con la fuga del senador Roger Pinto, cuando el segundo de la embajada del Brasil intercedía ante su embajador por la ex autoridad pandina procesada por delitos de corrupción, Schadrack desarrolló una serie de acciones sistemáticas hacia el encargado de Negocios Larry Memmott para persuadirlo de que Ostreicher debía ser defendido por esa representación diplomática no solo por ser ciudadano estadounidense sino que se lo debía ayudar a salir del país porque nada bueno le esperaba de la justicia boliviana. Las gestiones dieron su resultado. Memmott desde un inicio pensó que se trataba del rescate de un honorable ciudadano norteamericano que estaba siendo procesado injustamente en Bolivia. Lo que no sabía el entonces encargado de Negocios es que el empresario estadounidense de origen judío trabajaba desde hace varios años para la nomina de la CIA.

Tomada la decisión y preparados los planes de fuga, el 9 de diciembre de 2013, en el vuelo de BOA de las 09:30 horas, Memmott se trasladó desde La Paz a Santa Cruz, con el funcionario de la CIA, Eric Carlo Camus, y parte del grupo de Seguridad (algunos de sus guardaespaldas llegaron a Santa Cruz el día anterior y lo esperaron en la terminal de Viru Viru). Comenzaba así la ejecución de la agenda preparada y mostrada a medias por la inteligencia norteamericana al diplomático, y que concluiría días después con la fuga de Ostreicher. Ese mismo día el encargado de Negocios y el empresario norteamericano cenaron en la casa de éste último. El encuentro duró más de tres horas y siempre en presencia de Camus.

Mientras esto sucedía, con la presunta intención de mostrar públicamente como la visita de un funcionario de la embajada norteamericana a uno de sus ciudadanos para informarse sobre el curso del proceso legal, los detalles de la fuga estaban siendo afinados en sus aspectos operativos por el jefe de Seguridad norteamericano, Thomas Gerard Scanlon, y los bolivianos bajo su mando: el teniente coronel retirado del Ejército, Roberto “La Oveja” Vargas Blacutt y Luis Alfonso Palma Meneses (sempiternos e intocables violadores de la legalidad boliviana). Vinculados a la llamada Oficina de Seguridad Regional de la embajada (R.S.O.), éste equipo se encargó de coordinar con la estación CIA en Perú la reserva de boleto para Ostreicher en LAN Chile en la ruta Lima-Los Ángeles.

Una vez establecidos los detalles operativos –automóvil y dinero-, Geoffrey Frederick Schadrack y Jeremy C. Stalla, segundo al mando de la R.S.O., organizaron desde La Paz la salida del prófugo de la justicia boliviana por el Desaguadero, un punto fronterizo de Bolivia con Perú.

Los planes de fuga de Ostreicher eran de conocimiento de Memmott. Como en anteriores oportunidades, cuando agentes de la DEA y la CIA ingresaron clandestinamente a Bolivia para ir montando un plan contra algunas autoridades del gobierno boliviano por supuestos temas de narcotráfico, los preparativos de la huida del empresario norteamericano no se realizaron a sus espaldas.

Sin embargo, cuando se percató de que en realidad era una operación secreta de la CIA para sacar del juego a uno de sus agente infiltrados, el entonces encargado de Negocios intentó quejarse a Washington sin éxito alguno por lo visto, ya que más bien salió de manera repentina de la actividad diplomática en Bolivia. Se ha dicho que su salida del país se debe a impostergables temas personales, pero es evidente que aún siendo hipotéticamente cierto, su regreso a EEUU tiene que ver con una decisión política.

Sería iluso esperar que la embajada de los Estados Unidos y su gobierno acepten su responsabilidad en el tema, pues se trata de una actividad ilegal y de injerencia extrema por parte del gobierno norteamericano en Bolivia. Sobre todo después del historial publicado con anterioridad de operaciones realizadas por agencias de inteligencia de Estados Unidos en Bolivia.

El 2 de junio de 2013, en entrevista con el periódico “Cambio”, Memmott dijo que ni el gobierno de EE.UU. ni su embajada ni ninguna de sus reparticiones ha tenido ni tiene ni tendrá intención alguna para conspirar en contra del gobierno democráticamente electo del presidente Evo Morales ¿cómo explica esto ahora?. Tal vez este diplomático norteamericano hubiera dicho que el presente artículo inventa una supuesta conspiración en la que involucra a funcionarios de la embajada de Estados Unidos que son desconocidos para él.

Pero ya Memmott no está en condiciones de desmentir, ni tampoco debe tener el ánimo y la voluntad de hacerlo, toda vez que ha sido “levantado” de su puesto en La Paz, justamente por presiones de la CIA y de la Seguridad del Departamento de Estado, quienes convencieron a los jefes en Washington de que el encargado de Negocios resultó ser una “paloma” y que en La Paz necesitan tener a un “halcón”.

Memmott ayudó en la fuga de Ostreicher convencido de que ayudaba a un ciudadano norteamericano injustamente procesado por la justicia boliviana, y su protesta ulterior por sentirse engañado, lejos de ayudarlo lo perjudicó. En el Departamento de Estado bajaron el dedo para su inmediata remoción.

Pero su reemplazo no se debe solo a protestar por la información que le fue ocultada en el caso Ostreicher, sino al hecho que en los últimos meses empezó a cuestionar mucho las órdenes impartidas desde Washington de clara intención subversiva, y estaba muy molesto porque mientras le reducían el presupuesto y personal de la Embajada, y le retiraban el apoyo a sus iniciativas diplomáticas y de búsqueda de mejorar relaciones con Bolivia, la Casa Blanca aumentaba los fondos y plantilla para la actividad subversiva y las operaciones desestabilizadoras de las agencias norteamericanas de espionaje y subversión en Bolivia. Hasta donde se sabe Memmott llegó a insubordinarse agarrando plata de la subversión para emplearla en acciones diplomáticas, así como cambiar el plan de ejecución de acciones subversivas para ajustarlas a su manera.

Sin duda alguna, el relevo intempestivo de Memmott se debe a presiones de los representantes de las agencias de espionaje norteamericanas en la embajada en La Paz, quienes en su guerra sucia llegaron a montarle al encargado de Negocios un caso de supuesta malversación de fondos de la embajada. No es casual que a solo cuatro días de la partida del diplomático, el 28 de febrero, haya arribado a esa sede un grupo de auditores de los servicios especiales de EEUU para legalizar dicho montaje en su contra.

Fueron estos espías de la embajada norteamericana los que pidieron que Washington rectificara su política en Bolivia, que endureciera su posición frente al gobierno de Evo Morales a través de actividades subversivas y de espionaje, que aprobara nuevos fondos para esta actividad y apoyara a los hombres que la han venido realizando en Bolivia; aquellos quienes fueron denunciados en prensa, y por ello replegados y abandonados a su suerte por parte de Memmott. Como parte de la “rectificación”, el Departamento de Estado acaba de emplantillar como instructor contratado desde EE.UU. a Roberto “La Oveja” Vargas Blacutt (viejo agente de la DEA y CIA en el Chapare, quien correteaba a cocaleros y hasta al propio sindicalista Evo Morales), para que vuelva a montar el trabajo de inteligencia y chequeo al servicio de la CIA en La Paz. Solo que en vez de usar a policías bolivianos lo está haciendo con el grupo de vigilantes privados civiles (los llamados “Azules”) que ni siquiera tiene licencia para esa actividad en Bolivia. O sea, que es un grupo ilegal de inteligencia y seguridad que viola flagrantemente la Convención de Viena, pero ya se sabe que Vargas y Palma “todo lo pueden en Bolivia”.

En fin, le costó caro a Memmott su negativa a subordinar la embajada en La Paz a la CIA, aún cuando a su manera cumplió tareas arriesgadas, como la fuga del empresario Ostreicher y el encubrimiento de agentes de la DEA y la CIA en operaciones especiales. Su conducta le valió la salida del cargo y le espera una fuerte sanción en los EE.UU. Sin duda, es una advertencia clara de la CIA para quien le sucederá en La Paz, pero también para la autoridad boliviana que deberá escudriñar antecedentes antes de otorgarle el plácet a un presunto “halcón”.

1 Comentarios
Rene arturo igreda coz
25/03/2014
Es constante que acciones de la DEA y Cia afectan al Gobierno Boliviano, autoridades y ciudadanos bolivianos que son involucrados en operaciones especiales, incluso como en el caso Sanabria que a tres años la fiscalía no conclu
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