El archivo histórico de las FF.AA.
2011-05-19 00:52:01
por: Luis Oporto Ordóñez

 

Una visita singular

 

 

El jueves 28 de abril se realizó un interesante intercambio archivístico entre colegas del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia y de la Dirección General de Archivos Militares, que hoy está a cargo del Cnl. DAEN Rubén García, quien reemplaza en ese puesto de alta responsabilidad al Cnl. Jorge Soria Rivero. La visita se realizó como reciprocidad a la que hicieron los militares una semana antes a las instalaciones del Archivo Minero de la COMIBOL.

 

El Director de los Archivos Militares y el personal militar, Cnl. DEME Gerardo Tapia Andrade, Subdirector; SOM DECASOF Arturo Luna Garay, Jefe de Sección “B” Ñancahuazú y Teoponte; SO1 DECASOF Luis Mamani Romero, jefe de Sección “C” Guerra del Chaco; Sof My. DESA Jorge Cruz Coronel, Jefe de Sección “A”, Guerra del Chaco; el Técnico “V” Juan Carlos Ramos Alanoca, Encuadernador; y la Adm. III Jubithza Valeriano Villegas, Secretaria, recibieron a la delegación del Sistema de Archivo de la COMIBOL, encabezada por su director, Edgar Ramírez S.; seguido de la Carola Campos Lora (Jefe de Procesos Técnicos), Liz Quiñones Vargas (Responsable del Área de Descripción y Digitalización Archivística); Rosmery Berríos Contreras y Viviana Pérez Zabalaga (Archivo Intermedio), Aracely Castillo Saavedra y Maribel Lecoña Alavi (Archivo Central), Nelly Lima Jacopa y Mónica Nina Siles (Archivo Histórico). Fui honrado a integrar la delegación minera, invitado en mi condición de asesor permanente del Archivo Minero y por el hecho circunstancial de haber facilitado la primera visita a los Archivos Militares en la inolvidable Tertulia Archivística del 7 de mayo de 2008, cuando aquellos repositorios se abrieron por primera vez a los archivistas de La Paz. Recuerdo el panorama de los archivos en aquella primera visita: la mayor parte de las series documentales yacían de manera desorganizada, apiladas en el piso y en mesas de trabajo. A pesar de los esfuerzos desplegados por varios años, no se había logrado avanzar en la organización.

Un reglamento modelo para los Archivos Militares

El Cnl. García ofreció una síntesis de la situación actual de los Archivos Militares, mostrando el crecimiento archivístico que ha experimentado con la aprobación del Reglamento de Administración y Procedimientos de Archivo, en el Sistema de Archivos Militares de las Fuerzas Armadas CJ-RGC-228, mediante Resolución del Comando en Jefe de las FF.AA. del Estado No. 56/10 de 5 de mayo de 2010. Los archivistas militares expresaron su gratitud al Cnl. Simón Orellana, quien redactó el Reglamento, que es un modelo en su género en el país. En ese instrumento legal se observa que el antiguo archivo militar adquiere rango de Dirección General de Archivos Militares y depende del Comando en Jefe de las FF.AA., y, lo que es más importante, ha incorporado el enfoque sistémico, lo que le otorga tuición sobre los archivos militares desde la fase de producción de documentos, hasta el destino final de los mismos, siendo de aplicación obligatoria en todas las guarniciones militares e institutos castrenses del territorio nacional. Se observa también una correcta apropiación de la teoría y legislación archivística, con lo que constituye un corpus normativo técnico que no deja nada al azar, desde la constitución del Sistema (Archivos de Gestión, Archivos Centrales, Archivo Intermedio, Archivo Histórico), los servicios fedatarios hasta el régimen de la reserva de la información, que propio de este tipo de repositorios.

 

Nos sorprendió la vocación de servicio que vimos en los archivistas militares. Antes de pasar a los depósitos, cada cual explicó su tarea, señalando el plazo de entrega de certificaciones y legalizaciones, lo que muestra calidez humana y calidad funcionaria. El encuadernador presentó un cuidadoso trabajo artesanal, con el que resuelve la dotación de instaladores de archivo, acudiendo para ello al reciclaje de viejos archivadores de palanca y el uso de tecnología socialmente apropiada, transformándolos en ingeniosas cajas de archivo, adecuadas para almacenar diversos tipos de expedientes: cajas horizontales con cubierta, cajas verticales abiertas, cajas para mapas y planos, bolsas para tratamiento archivístico preliminar, etc. En ese momento el Director de los Archivos Militares explicó a Edgar Ramírez que “en este archivo las cajas se construyen considerando el Ph-i...”, lo que dejó pensativos a los archivistas mineros. La respuesta del Cnl. García fue aplaudida por todos: “Nuestras cajas se construyen con el PH de imaginación...”

Los fondos del archivo militar

Con orgullo no disimulado, los archivistas militares nos enseñaron los depósitos en los que se encuentran los fondos más importantes que corresponden al Ejército: Copiadores del Ministerio de Guerra (desde 1901); Misiones militares extranjeras, Jacques Sever, Hans Kundt, etc. (desde 1904); Intendencia de Guerra, contiene datos que explican la logística empleada para la incursión de tropas en el sudeste; Guerra del Chaco, contiene distintas series: Hospitales de Campaña, Prisioneros y Repatriados, Transporte, Partes de guerra, de regimientos, unidades y destacamentos; Hojas de servicio militar, esenciales para probar la participación de los combatientes en las llamadas “Fases de Guerra”, con los cuales acceden a la pensión vitalicia que el Estado Boliviano otorga a cada excombatiente; juicios instaurados a desertores y Expedientes penales, relativos juicios por falsedad ideológica y material, en época del conflicto. La importancia singular de la serie “Diarios de Guerra”, registrados en viejos cuadernos que atrapan en su relación diaria experiencias de diversa naturaleza que sufrieron los combatientes en la línea de fuego y en la dolorosa e inhumana prisión que soportaron en campos de concentración en territorio paraguayo. Si otrora esa información sirvió para fines de inteligencia, hoy su valor es incalculable para la reconstrucción histórica del conflicto. En otras series se encuentran documentos capturados al enemigo y ejemplos notables del servicio de inteligencia boliviano que empleó tinta indeleble para enviar mensajes de vital importancia. Otras series contienen mensajes cifrados de telefonía, con las respectivas claves para descifrar su contenido.

 

En la Mapoteca se conservan, debidamente ordenados, miles de planos, croquis y mapas, los más levantados sobre el terreno a mano alzada, por lo que su valor para la historia es insospechable. La invaluable Hemeroteca, no tiene parangón, pues ha coleccionado con rigor periódicos propios y extraños del tiempo de la guerra del Chaco.

 

El fondo general del Ejército en tiempos de paz (1940-1970), contiene series importantes que corresponden a la Revolución de 1952 (en el que se dio la organización del llamado ‘Ejército Popular’); copiosa correspondencia administrativa del Ejército (vg. Copiadores, desde inicios hasta la tercera década del siglo XX); correspondencia sobre las acciones punitivas del ejército, las más de las veces de forma cruenta, contra las sublevaciones indigenales y movilizaciones sociales de mineros y obreros. Llama la atención que los indígenas fueran sometidos al fuero militar acusados del delito de sedición, cosa inexistente para los segundos que pasaban a la justicia ordinaria.

 

Entre las series reservadas están los diarios de la guerrilla de Ñancahuazú (1967), que se conservan en lo que se llama “la caja fuerte”, un gavetero metálico con cerradura; y la campaña contra la guerrilla de Teoponte (1969). Existe también un archivo fotográfico digitalizado.

 

El Fondo Tribunal Permanente de Justicia Militar (1883-1949), contiene procesos penales por contravenciones y hasta crímenes cometidos por militares en el ejercicio de sus funciones, o en el campo de batalla, es un fondo modelo pues “está descrito y ordenado en su integridad y es totalmente accesible a los investigadores”, como mencionó el Director del Archivo. Los archivistas militares recuerdan que el Cnl. Orellana logró salvar esos 40 metros lineales de expedientes, durante las jornadas de febrero de 2003, aunque se perdieron 50 años de historia militar (1948-2000) cuando fue incendiado el edificio del Tribunal castrense.

Intercambios archivísticos

En el intercambio franco y ameno que se suscitó, uno de los archivistas militares sacó un grueso expediente de la época de la Guerra del Chaco y mostró las listas de trabajadores de la Patiño Mines enrolados para el frente de guerra. Uno de los archivistas mineros recordó expedientes que contienen planillas de pago de esos mismos trabajadores movilizados y los gastos que solventó el magnate minero Simón I. Patiño, el “Rey del Estaño”, entre ellos el obsequio del célebre avión de guerra Junker, bautizado con el nombre de una de las montañas mineralizadas, “Chorolque”.

 

Una valiosa colección de mapas y croquis, la mayor parte levantados a mano alzada en la línea de fuego, despertaron nuestro asombro, por la rigurosidad de los datos y señales, con los que se planificaba un ataque o se defendía un puesto de comando. En otro sobre, procedente del Archivo General de Indias de Sevilla, se encuentran mapas coloniales sobre las fronteras bolivianas. ¿Quién los gestionó, con qué fin y en qué época?

La limitación del acceso, impronta del Archivo Militar

Sin embargo, un aspecto singular de este archivo, que lo diferencia del resto, es el alto grado de limitación del acceso a la documentación. Esto quiere decir que gran parte de los recursos documentales está aun bajo el rigor de la reserva, al haber sido clasificados como ‘confidenciales’, ‘secretos’ e inclusive ‘ultrasecretos’, usual en los archivos militares de Bolivia.

 

Esta medida preventiva se explica básicamente porque el contenido de ese tipo de documentos atinge a la seguridad del Estado, aunque con el paso del tiempo tal grado de reserva bajado su nivel crítico y paulatinamente se levanta la reserva, disponiendo esos recursos informativos al uso público y la investigación científica, como es el caso de la Guerra del Chaco, por ejemplo.

 

El Reglamento del Sistema de Archivo de la FF.AA., contempla este aspecto en el capítulo III (Seguridad Militar) y el capítulo V (Procedimientos de acceso, desclasificación y eliminación de archivos), señalando el procedimiento para clasificar, pero también para desclasificarlos.

 

El Cnl. Orellana, en su ponencia al Seminario Internacional sobre la Destrucción de la Memoria Histórica de Latinoamérica (2008) hizo una dramática reseña de la inveterada costumbre militar de destruir sus documentaciones, ya sea por la vía de la incineración o por trocar la memoria documental por papel sanitario. Ese pasado nefasto ha quedado registrado como una época negra que es de esperar no se vuelva a repetir, pues creemos que con el Sistema de Archivo so logrará detener la destrucción sistemática de la memoria militar boliviana.

Algunas conclusiones

  El Archivo Histórico Militar nos muestra que estamos frente a una fuente primaria de altísimo valor, producido por los organismos castrenses, tanto en la retaguardia como en el frente de batalla, complementada con registros procedentes de la prensa, tanto de los que dio a luz el periodismo boliviano como el paraguayo.

 

  La historiografía militar es una asignatura pendiente, pues la que fue escrita hasta el presente al no haber consultado los fondos documentales militares, en la mayoría de los casos, tienen tan solo un carácter preliminar o caen en el ensayo.

 

  A diferencia de lo que suele suceder, el nuevo director y el personal del Archivo Militar, se ha referido a sus antecesores en términos conceptuosos, valorando de manera positiva el trabajo que realizaron.

 

  La conversación con el Encuadernador nos dio luces sobre aquellos olvidados artesanos de los archivos, de los que pensaba ya en fase de extinción (dado que los trabajos de encuadernación fueron terciarizados), pero sabemos hoy que en la institución castrense existen decenas. Me imaginé abrir una mesa de trabajo en el III EBAM, con esos peculiares trabajadores que sirven en los archivos, para analizar su situación y revalorizar su labor.

 

  Tan aleccionadora visita nos permitió ver un panorama distinto al de mayo del 2007, cuando el Archivo Histórico Militar dependía de la Sección “V” de Historia: hoy los fondos, secciones y series están organizados, salvo un pequeño grupo de documentos que se halla en proceso de identificación, dispuesto por ello en una mesa de trabajo. Fuimos testigos de los grandes y significativos avances que han alcanzado.

 

  Allí surgió una interesante sugerencia de preparar una ponencia “a dos manos”, de archivista militar y archivista minero, para elaborar una ponencia que permita establecer correlaciones y complementariedades entre archivos de distinta naturaleza. La ponencia fue anotada para el III Encuentro Latinoamericano de Bibliotecarios, Archivistas y Museólogos que se realizará en LA Paz, del 14 al 16 septiembre de este año, en la sede de la Vicepresidencia del Estado, para conmemorar el Centenario de creación de la antigua Biblioteca del Congreso, hoy Biblioteca de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

 

  Después de esa inolvidable experiencia, pienso y reflexiono sobre la necesidad de impulsar estos intercambios archivísticos, en los que los trabajadores de estos repositorios dialogan en un ambiente de distensión y franqueza, que no siempre suele darse.

  Al finalizar la visita, los archivistas militares invitaron a sus colegas mineros un refrigerio consistente en deliciosas empanadas tucumanas acompañadas de generosas dosis de gaseosas. Afuera, en el Patio de Honor de la ciudadela militar de Miraflores, el Presidente Evo Morales participaba en el acto de condecoración y premiación al contingente boliviano que regresó de Haití, conformado por jóvenes de boinas azules alborozados al abrazar de nuevo a sus seres queridos, quienes recibían las dignidades con las que se premió su participación en tierras del Caribe.

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