octubre 29, 2020

Bronca contra los paceños

No hace mucho, el Presidente Evo Morales convocó a propios y opositores a pasar de la época de las broncas a una etapa de diálogo y búsqueda de entendimiento; sin embargo, desde diversas instancias del poder estatal se despliega desde hace un año una gama de artillería pesada para desestabilizar al Gobierno Municipal de La Paz.

La derrota de la fórmula del oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) le cuesta cada día alguna bronca no sólo al Alcalde Luis Revilla, a sus inmediatos colaboradores, a sus copartidarios sino a la población paceña, al ciudadano de a pie.

La lista es larga y asombrosa, además de poco inteligente y seguramente acumula un efecto boomerang que ya se traduce en las encuestas. Si Revilla comenzó con 45% de respaldo, hoy llega al 66-70%. Como suele suceder, la audiencia no es indiferente y no comparte este bombardeo contra la alcaldía. Sin embargo, la guerra prolongada de desgaste seguramente logrará en algún momento crear fisuras y frenar el desarrollo de la ciudad de La Paz.

Por ejemplo, la Contraloría General del Estado, más allá de su Plan Operativo Anual, asumió revisar papeles de trabajo y auditar una gran cantidad de operaciones de la alcaldía. Incluso divulgó datos de informes preliminares, los cuales usualmente deben mantenerse en reserva, como señalan las normas vigentes, salvo casos penales.

Por una posible responsabilidad de cinco mil bolivianos se imprime una garantía de ¡100.000! y se orquesta un círculo de organismos de control, ministerio público y jueces para impedir un trabajo normal dentro de la Alcaldía. A cada oficial técnico le rodea la amenaza de un proceso.

La Policía debe, puede y de hecho acude ante cualquier conflicto callejero, social. Sin embargo, sus efectivos están impedidos de ayudar a desenvolver o pacificar un problema relacionado con la Alcaldía de La Paz. Si lo hace le llega la destitución. Así, por ejemplo, los loteadores —emparentados con los nuevos ricos de la nueva clase emergente— se apoderan tranquilos de espacios verdes porque nadie los botará.

Grupos de choque, lumpen “proletariat”, aparecen permanentemente en escena para hostigar las tareas de los empleados del municipio. ¿Quién los enviará?

En otro escenario, el Ministerio de Economía y Finanzas pone trabas para un préstamo al municipio que recuperó la capacidad de ser sujeto de crédito y allana el camino a otro —el alteño— que no sale ni a plantar árboles.

De todo, la campaña más audaz y ridícula es la relacionada contra las cebras. Ese nombre corresponde a un grupo de muchachos de origen humilde que se convirtieron en símbolo de educación ciudadana en la última década.

Los activistas del MAS pintaron las paredes con slogans como los siguientes: “cebras terroristas”, “cebras cabronas” y tonos similares, después de la vociferante marcha paceña contra el “gasolinazo”.

La pregunta eterna es, ¿quién gana? Cada vez me convenzo más que hay un sabotaje dentro del propio gobierno, alguna maquinación perversa que esconde detrás de la estridencia una infiltración con fines contrarios a los explicitados.

Los métodos empleados contra el GMLP no funcionan ni entre enamorados, menos para ganar a las colectividades. Eso sí, dejan profundas heridas, resentimientos, broncas y rencores difíciles de olvidar.

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