octubre 21, 2020

Una igualdad sexual tóxica

por: Nieves y Miró Fuenzalida/ surysur.net/ Visiones Alternativas

Desde el inicio de la centuria, la televisión, el Internet y los periódicos, nos han inundado con imágenes e historias chocantes de jóvenes mujeres matando en los bordes de Palestina e Israel y torturando en las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo.

Si el feminismo se ha esforzado tanto por lograr la igualdad sexual, hoy, finalmente, la ha logrado en los campos de batalla. Solo que no es, exactamente, la igualdad que imaginaba. Las imágenes de los ataques suicidas de mujeres palestinas y estadounidenses torturando y matando horrorizan y fascinan y son estas imágenes las que han reabierto una vez más el debate de la igualdad de los sexos.

Los conservadores, siempre sospechosos del feminismo, sugieren que el sadismo de la mujer es responsable de estos actos; sadismo que no es casual, sino la norma. El abuso de Abu Ghraib, dicen, es el resultado de la cultura feminista porque ésta resiente la actitud islámica de los hombres hacia la mujer y el trato que ellas ejercen contra los prisioneros es una forma de revancha. La mujer no es mejor que el hombre.

A través de la historia, cuando han tenido la oportunidad, han mostrado ser tan capaces como los hombres para abusar brutalmente del poder. Si no lo habíamos visto con frecuencia es sólo porque no habían tenido la oportunidad. Tristemente las mujeres han probado ser iguales al hombre.

El uso de las mujeres como “armas letales”, según la feminista Kelly Oliver, le ha permitido a las fuerzas norteamericanas disponer de nuevas formas de torturas para ablandar a los prisioneros islámicos antes de ser interrogados. Para una cultura musulmana fundamentalista —dice—, forzar a los hombres a interactuar con mujeres desnudas y presenciar la parodia de actos sexuales es profundamente humillante.

El sexo y el efecto que éste tiene sobre estos hombres ha sido el medio que les ha permitido a los invasores fusionar, además del abuso físico y sexual, el abuso religioso y cultural. Una combinación destructiva que ha sido parte de la estrategia militar en las interrogaciones en la base de Guantánamo. En los manuscritos del sargento Eric Saar obtenidos por la prensa se describen interrogadoras semi desnudas, actitudes provocativas, caricias sexuales y flujo menstrual falso como tácticas sexuales para quebrar a los prisioneros, incluyendo a los más resistentes.

Es el flujo menstrual, en especial, el que se ha transformado en la técnica preferida de interrogación secreta, por extraño que esto parezca. En las culturas patriarcales, como la historia indica, el flujo menstrual está rodeado de tabúes porque representa lo sucio y abyecto. Según la literatura psicoanalítica el flujo menstrual es percibido por el hombre patriarcal como una amenaza porque, al representar el poder creativo de la mujer, provoca intenso temor.

En el occidente, por centurias, el temor a la mujer y la sexualidad femenina ha estado presente en la cultura literaria y científica al igual que en el discurso popular. Las imágenes cinematográficas de la mujer fatal seduciendo al hombre para llevarlo a la muerte o la pornografía sádica exhibiendo mujeres con látigos y correas son imágenes que representan la sexualidad femenina como un instinto  potente y mortal similar al instinto de la “viuda negra”.

Estas fantasías culturales  no son sólo un fenómeno  reciente, sino que han formado parte de la imaginación social, en diferentes formas, por miles de años.  Lo que hoy es inquietante es el hecho de que la combinación bélica de la sexualidad femenina y las creencias religiosas  le ha agregado un giro bastante siniestro.

La sexualidad femenina, semejante a una toxina natural, ahora puede ser usada como táctica de guerra por su asociación con los peligros naturales. Según  un diario londinense, reporteando las acciones de las mujeres palestinas suicidas, dice que ellas llevan una vida anónima cubierta por el velo, pero cuando salen a matar pueden peinarse con una cola de caballo y lucir una sonrisa atractiva. La pesadilla de Israel. Una bomba suicida más mortal que el hombre.

Un comandante Jihad islámico decía en 2003 que habían descubierto que el cuerpo de sus mujeres podía ser una ventaja más a ser utilizada, un arma secreta, una potente bomba de precisión en la lucha en contra de la máquina de guerra imperialista. Curiosamente las restricciones patriarcales se aflojan cuando ellas van a morir por Ala.

Como dijo una vez Yasser Arafat a un grupo de mujeres en Ramallah en el 2002: “las mujeres y los hombres son iguales… Ustedes son mi regimiento de rosas que aplastará a los tanques israelíes”. La imagen de la precisión de la bomba femenina combina la retórica de la tecnología y la naturaleza con el fin de producir medios bélicos más destructivos que los masculinos.

¿No es el caso que las mártires nuevamente ponen de manifiesto las viejas asociaciones entre la mujer y la muerte? Es esta grotesca yuxtaposición de vida y muerte, de jóvenes muchachas torturando, matando y matándose la que  desconcierta y horroriza ¿Cómo la feminidad puede dar origen a tal brutalidad? ¿Cómo las poseedoras de la fertilidad pueden transformarse en máquinas asesinas?

La apropiación de la retórica de la igualdad no es nada nuevo y por cientos de años se ha usado, cuando es conveniente, en las intervenciones imperialistas. Los ingleses para ocupar Egipto al final del siglo XIX, los franceses para mantener el dominio colonial en Argelia y hoy día para liberar a las mujeres en Irak y Afganistán. Laura Bush en un discurso radial decía que gracias a la intervención militar las mujeres afganas ya no eran prisioneras en sus casas.

Pero, no nos equivoquemos. Si el patriarcado cristiano y musulmán usa los derechos y la igualdad de la mujer en su retórica es sólo porque les presta un aura progresista.

El periodista Nicholas Kristof, durante la guerra de Irak, escribía que en el mundo musulmán las nociones de caballerosidad hacen que el más feroz de los combatientes se refrene de disparar a un soldado mujer por lo que no era extraño que los periodistas le pidieran a una mujer que se sentara al lado de ellos cuando transitaban la carretera… ¿No es esto la construcción de la mujer como un arma, no sólo ofensiva como en Guantánamo y Palestina, sino también defensiva, capaz de proteger al hombre?

Las acciones militares en el Medio Oriente, sin lugar a dudas, han colocado a la mujer en el centro de la retórica bélica al describirlas como heroínas, chivos expiatorios, víctimas, torturadoras, oprimidas o vengadoras. Aquí uno podría decir que la lucha feminista no es sólo ideológica, sino también material.

Las mujeres que han luchado por liberarse de las viejas restricciones que las definen puramente en términos de procreación biológica quieren discursos que les proporcionen nuevas justificaciones que vayan más allá de la procreación. Discursos que promuevan el paso de lo biológico a lo biográfico. El lugar que la retórica bélica les asigna hoy día no es lo que tenían en mente.

  * Escritores y docentes. Residen en Canadá.

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