octubre 30, 2020

¿Saqueos, anarquía o insurrección obrera contra el capital? Venezuela: El 22 aniversario del “Caracazo”

por: Manuel Sutherland

Los años 60 de recuperación del capitalismo, y hasta la depresión mundial de 1973, le dieron al país cierta estabilidad, bajo las democracias asesinas devenidas del Pacto de Punto Fijo, firmado en octubre de 1958. Las crisis energéticas y la construcción de la OPEP le dieron a Venezuela la posibilidad de captar rentas diferenciales de gran magnitud, que se tradujeron en bonanza efímera y una especie de pacto social donde a pesar de haber mucha pobreza, habían capas medias muy gastadoras que drenaban la renta en importaciones pomposas. Todo ello se basó en una moneda sobrevaluada y un gasto público asistencialista y populachero.

Así, los huecos fiscales empujaron a que del año 1975 al 1980 la deuda externa creciera casi un 600%, causando que Venezuela entrase en moratoria de pagos en los años 83 y 88. La tasa de interés estadounidense que en el año 1977 se ubicó alrededor del 5%, subió para 1981 a un impagable 19%. El servicio de la deuda en relación al PIB subió en América Latina del 14% al 34% en sólo dos años, (1982-1984). En 1973 la deuda total de América Latina era de 137 millones de dólares y en 1985 la deuda llegó a 860 millones 1. Así, burguesías más fuertes, de acumulación más sólida emprendieron un fantástico plan de recuperación de la tasa de ganancia, que caía en picada. La explosión de la crisis se tradujo en empobrecimientos brutales de la población, de hecho, Sonia Barrios nos cuenta que “el 90% de los barrios que albergan al 40% de la población se asientan en el 10% del territorio de la ciudad” 2 y González Silveiro nos narra que “en 1950, los barrios de Caracas albergaban a 117.000 habitantes, en 1981 dicha cifra se elevó a 1.440.000 personas” 3. Por ello, ante la crisis, se experimentó un terrible deterioro de las condiciones de vida del obrero. La pobreza explotó. El caos fue colosal. Las reservas operativas disminuyeron a casi 1.000 millones de dólares. La inflación llegó a 35%, en 1988. La tasa de interés real negativa y la fuga de divisas para el periodo (1982-1988) de 25 millones de dólares.

Adiós a la protección y bienvenidos al abaratamiento del trabajo

En enero de 1989 asume la Presidencia Carlos Andrés Pérez. En los años 70 Andrés Pérez había tenido un gobierno de fuerte carácter populista que gozó de ingresos ingentes que desarrollaron el clientelismo de manera exponencial. Pero, como decía Hegel y luego completaba Marx en El 18 Brumario: “todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces… una vez como tragedia y la otra como farsa” 4 Así, apareció este Mesías del populismo que vino a enfriar la lucha de clases con un lanzallamas llamado: Plan de Ajuste Estructural. Como nos cuenta el maravilloso trabajo de José Honorio Martínez el gobierno buscaba “obtener préstamos por 4.500 millones de dólares en los siguientes tres años, intensificando los compromisos con el FMI, anunciando el 16 de febrero la aplicación de un paquete macroeconómico” 5 Siendo sucintos podemos resumir el PAE como; Uniformidad en los tipos de cambio, es decir, devaluación de 150% e Inflación de 80%. Reducción del déficit fiscal eliminando gastos “innecesarios”, subsidios, gasto social, protección a jubilados, etc. Privatización. Liberalización de los precios y aumento de los mismos en los servicios públicos. Aumentos de la gasolina, electricidad, teléfono, acero en: 110%, 150%, 40% y 100 % respectivamente. Entrada al GATT, antigua OMC. Eliminación a las trabas a la entrada de mercancías y de capitales al país. Reducción general de aranceles. El resultado de estas políticas iba a deparar en mayores miserias. J. Honorio nos cuenta que “mientras la remuneración del trabajo (en salarios) era de 61,2% en 1960 a finales de los ochenta disminuyó hasta 15% 6

La terrible insurrección, saqueos, cortes de rutas e incendios

El 27 de febrero en Caracas los transportistas convocan a Paro general. La casi duplicación de la gasolina los empujaba a descargar el peso del aumento, con un “módico” incremento del pasaje. Como era de esperarse, el epicentro de las iniciales protestas se dio en Guarenas y en los municipios del estado Miranda, que colinda con la capital. Allí, la protesta se tornó muy violenta y la quema de cauchos inicialmente, y luego de autobuses para cerrar las rutas, fue el detonante principal de lo que se vendría. Ante todo ello, las víctimas burguesas azuzaron y atemorizaron a la población, (sobre) aumentando los servicios, especulando y acaparando alimentos para forzar a las masas a una insurrección. Las capas medias aguantaron un poco de escasez, pero las zonas donde se concentra las barriadas más pobres, reaccionaron abalanzadas a la calle a buscar lo que le habían arrebatado. Por ello, en los barrios de Catia, 23 de Enero, El Valle, La Vega, Caricuao, y en La Guaira; estallaron los saqueos. Buena parte de los trabajadores en situación precaria y el lumpen (muy numeroso) salió a buscar alimentos, enseres y cualquier cosa que no pudieran comprar. Los pequeños y grandes locales empezaron a saquearse y el capital “víctima” del paquete trató de montarse en la ola y construir de facto su propia “Sociedad del 10 de Diciembre”, una organización desordenada de lumpenes dispuestos a morir en el vandalismo, para apalancar el salto al poder. De esa forma, se urdió un complot con organismos policiales y mercenarios para dotar de algunas armas a quienes saqueaban, estimular los enfrentamientos con el ejército, abrir locales a la fuerza e incitar a su destrucción etc 7. El plan era desestabilizar y regresar al poder por la vía del ahogo económico. La conspiración estaba en el aire, sin embargo, las fuerzas eran poco maduras y las condiciones débiles para el triunfo. El aciago 28 de febrero el Ministro del Interior declaró la suspensión de las garantías constitucionales y en las siguientes 36 horas las Fuerzas Armada tomaron la ciudad, sembrando el pánico entre los manifestantes. La represión tuvo ribetes de insólita crueldad, las órdenes fueron exterminar todo brote de protesta de raíz.

No hubo gases lacrimógenos, ni ballenas, ni advertencias; policías y ejércitos usaron ametralladoras y todo tipo de arsenal bélico para asesinar a todos cuanto pudieron. El “toque de queda” fue la Noche de las Narices Frías en Venezuela. La disolución del conflicto se hizo muy rápidamente. Las ejecuciones y torturas cobardes de los organismos represivos se hicieron extensivas. Las cifras indican que hubo casi 4 mil asesinatos, que para lo poco que duró el estallido, lo focalizado y estrictamente orientado a protestas de hambre, fue una cruenta demostración de que cuando la burguesía pone orden, los crímenes le quedan cortos.

El 27 F, fue un drama, un episodio de arrojo popular que terminó en tragedia. Beatificar este acto es una irresponsabilidad histórica y se constituye como factor de dispersión y confusión. El 27 F condujo a un reflujo conservadurista en la lucha de clases. Si bien fue una chispa de ilusión revolucionaria, la inexistencia de dirección organizada, muestran que el arte de la insurrección, las mezclas de la lucha legal e ilegal, la construcción del partido y la organización leninista rigurosa, es aún, la única estrategia (comprobada) de transformación política profunda, que puede llevar a los oprimidos a la victoria definitiva sobre el capital. El movimientismo, el autonomismo y esa ristra de aventuras burguesas, son vías expeditas al fracaso.

*     Manuel Sutherland. Miembro de la Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista

1    Cifras y datos extraídos del sistema de cuentas nacional del BCV y del Comité para anulación de la Deuda del tercer Mundo (CADTM)

2    Barrios Sonia, “Problemas urbanas y políticas urbanas en países exportadores de petróleo: el caso del área metropolitana de Caracas”, Caracas, Cendes, 1998

3    González, Silverio, “La ciudad venezolana, una interpretación de su espacio y sentido en la convivencia nacional”. Fundación para la cultura urbana, Caracas, 2005

4    Carlos Marx, El 18 Brumario de Luís Bonaparte, Edición digital, capítulo 1, disponible en www.Marxist.org

5    José Honorio Martínez Causas E Interpretaciones Del Caracazo, Universidad Nacional Autónoma de México, México Publicación 15 Junio 2008.

6    Ibíd. Nota viii.

7          Detalles de esto son relatados por Haleis Dávila, testigo de excepción y analista del 27F.

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