octubre 28, 2020

La inconclusa trayectoria de integración latinoamericana. La débil institucionalidad y los esfuerzos frustrados de nuestra América

por: Iván Miranda Balcázar

El estudio de la integración de los Estado – Nación, como la unión fundamentada en intereses comunes, representa en las condiciones históricas contemporáneas un compromiso de profunda reflexión para la comunidad latinoamericana, por cuanto la realidad del campo internacional está enfrentada a cambios y transformaciones, que merecen un examen apropiado sobre las perspectivas de los inconclusos proyectos regionales, subregionales, y continentales.

La integración es cuestión de coraje, sólo hay que precisar desde qué horizonte se plantea su porvenir. La necesidad de los pactos de las comunidades se remonta a las más legendarias prácticas del propio desarrollo de la humanidad, porque el hombre siempre vio en la cohesión la oportunidad propicia para su seguridad, crecimiento, reconocimiento y autorreconocimiento.

Para argumentar estas nociones preliminares, se tiene como la experiencia más cercana la Unión Europea. La integración europea está sustentada en varios objetivos políticos, de ellos interesó en su momento constitutivo —hace más de medio siglo— la eliminación de toda sospecha, huella o recelo de enfrentamiento bélico sobre el territorio europeo, después de la dolorosa experiencia de la Segunda Guerra Mundial.

La integración ha generado en su recorrido, un amplio espectro de debates, opiniones, posiciones, acuerdos altisonantes hasta la declaración de profundo pesimismo de los gobernantes, de los practicantes y los intelectuales.

Las premisas de una promisoria posibilidad de integración radican en la política, como la práctica concreta de asumir una posición al margen de las emblemáticas pertenencias ideológicas. Si están de acuerdo aún sea en un solo asunto de partes, sin ventajas ni oportunismos, es posible encaminar la integración de manera multidimensional —económica, educativa, cultural, jurídica, social, tecnológica, militar y otras— porque rige la más amplia confianza para la concreción de los proyectos.

Simultáneamente a la voluntad política, se visibiliza la cuestión teórica. Qué corrientes o paradigmas de las ciencias sociales permiten una pertinente adscripción para un estudio coherente sobre la integración. Esta exigencia básica no fue posible por diversos factores, de ellos es posible señalar algunas: La dependencia o influencia de las potencias poderosas del planeta, los torpes antagonismos ideológicos, la innecesaria construcción de fronteras, las rupturas por asuntos posibles de solución o la idea de sacrificar el proceso por simples disgustos interpersonales.

La condición básica de la integración pasa por satisfacer necesidades, intereses y objetivos en el seno supranacional del organismo. Estas articulaciones se adoptan mediante cualquiera de las teorías que sustentan el funcionamiento de estas instituciones, pero bajo lineamientos como la estabilidad del proceso, el pluralismo político, el consenso en los pactos, la práctica de la interrelación e interacción en el seno de la unidad corporativa.

Se trata de una contribución al debate en momentos en que la comunidad académica, los intelectuales, los practicantes de la integración, los responsables de la representación y los políticos han reabierto un fructífero debate sobre la nueva realidad política internacional en un contexto donde nuevos actores y sujetos políticos intervienen en los foros y escenarios de una sociedad global, al mismo tiempo regional y local.

La convergencia y la articulación de iniciativas comunes es la piedra angular para comprender la trayectoria histórica de la integración. Consecuentemente, la discusión sobre la integración se entenderá como proceso. La compresión de los procesos de integración es hoy para los países del mundo, el eje fundamental de vínculo para alcanzar cambios y transformaciones, bajo una visión que trasciende los límites históricos, los antagonismos irresueltos, las diversidades culturales, entre otras contradicciones. Mientras los Estados-Nación altamente desarrollados tienden a la unidad continental, regional, subregional; paradójicamente, las perspectivas en los países en desarrollo es la fragmentación, la construcción de visiones de desintegración nacional, regional e incluso local.

La necesidad de los acuerdos de las partes en un todo vinculado a la trayectoria de las naciones desde Río Bravo (México) hasta el sur del sur (la patagonia argentina), constituye el sustento indispensable para alcanzar sitios distintos a un pasado ominoso y deplorable para el progreso latinoamericano. Es la agenda inconclusa que aún se mantiene en la retórica de los protagonistas coyunturales que acceden al poder con episódicos entusiasmos y una vez en el desafío terminan con las justificaciones de su ilusión perdida.

El uso de la categoría integración forma parte del lenguaje común de los gobernantes, intelectuales, investigadores, líderes de opinión pública, operadores de medios de comunicación y grupos de representación colectiva en el campo internacional, sin embargo, el comportamiento práctico de esa coalición de mediadores de la integraciónno es vinculante con la realidad concreta de los pueblos latinoamericanos.

La integración siempre ha constituido un campo fructífero, fértil y útil para los pueblos. Esa oportunidad ha enfrentado obstáculos y no ha logrado sobrevivir a los conflictos porque las condiciones de su concreción ha sufrido las consecuencias de una débil e insuficiente cohesión de los pactos suscritos por gobiernos de todas las tendencias y sistemas políticos democráticos, pseudo democráticos, autoritarios, dictatoriales incapaces de comprender que la opción para el desarrollo se encuentra en la construcción de acuerdos independientemente de las enceguecidas visiones coyunturales.

A esta trama se agrega la ajenidad de las sociedades sobre los pactos de integración. La existencia de la Comunidad Andina de Naciones, el Mercado Común del Sur, la Unión de las Naciones Suramericanas, el Instituto Internacional de Integración, la Asociación Latinoamericana de Integración, entre otros procesos, no forma parte de la agenda mediática, tampoco de la opinión pública, menos del sentido común de los expertos de esta disciplina. La gente no reconoce su presencia, porque tampoco interesa a los especialistas la difusión de estas organizaciones internacionales en la cotidianidad social.

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