octubre 25, 2020

Mar soberano: ¿Al todo o nada?

por: Rolando Carvajal

A casi dos semanas de patear el tablero de cinco años de negociaciones bilaterales con Chile, el gobierno del presidente Evo Morales ha recibido, en su intento de judicializar el reclamo de mar con soberanía sin renunciar al diálogo bilateral, el apoyo de al menos dos ex presidentes, cohesionando en parte la opinión pública del país que se le había mostrado adversa en los últimos meses.

El decisión hizo olvidar, al menos en sus aspectos más ríspidos, las largas semanas de problemas derivados del gasolinazo de diciembre, la conflictividad social por la carestía y otras protestas, tradicionales en el país, y el debate abierto sobre la detención en Panamá de un ex encargado de la lucha contra el narcotráfico, entre otras contrariedades que enfrenta la administración plurinacional, entusiasmada en atenuar el peso del clientelismo, la corrupción y la obsecuencia, que hacen tan difícil la eficiencia de gestión y el cumplimiento de las metas trazadas por la nueva Constitución.

Antes y después del pasado 23 de marzo, las autoridades bolivianas no han dejado de pasar casi ni un solo día en referirse al tema, develando estrategias y justificando decisiones, entre conferencias de prensa y declaraciones, improvisadas o no, protagonizadas no sólo por el Presidente, el Vicepresidente o el Canciller, sino por el conjunto del aparato estatal.

Igualmente en Chile _que al parecer resulta mayormente beneficiado por el doble recurso (al menos formal) de insistir en las negociaciones bilaterales pero “reforzarlas” con la multilateralización del más que centenario reclamo_, el presidente Sebastián Piñera ha logrado superar la disensión interna respecto de su horizonte gubernamental, cohesionando también a sus filas y a las de sus adversarios en una sola corriente que percibe que la posible recurrencia boliviana al Tribunal Internacional de la Haya sellará en definitiva 132 años de reclamos altiplánicos porque, aunque la historia sea sensible a las quejas transandinas, el derecho internacional se circunscribe finalmente a los acuerdos entre las partes, signados por un tratado de paz, coaccionado o no, pero aceptado por los dos tercios liberales de entonces, subyugados o no por la compensaciones de la época.

Estado que devela su estrategia

Sin que se sepa realmente si el desmentido oficial, respecto de la presunta y anecdótica discusión nocturna sobre el recurrir a la sentencia internacional a la par de seguir negociando con Chile, despejó las versiones acerca de una división gubernamental sobre el tema como parte del rumor de una pugna interna por la sucesión presidencial no confirmada_, las versiones sobre el litigio internacional se adelantaron ya entre enero y febrero pasados, cuando Bolivia requirió acceder a la documentación del diferendo Perú-Chile sobre el mar territorial de Arica, y el canciller David Choquehuanca anunció que “no se descartaba” una recurrencia boliviana a La Haya, para re-poner a los ojos del mundo el acceso marítimo de Bolivia.

Tras la declaración presidencial del último 23 de marzo, el constitucionalista y ex asesor de la Constituyente, Victor Hugo Chávez, se encargó de publicitar en cuanto medio y canal que le brindara sus cámaras, micrófonos y páginas, los términos generales de la demanda en ciernes, seguido por parlamentarios y funcionarios, al mismo tiempo intrépidos y solícitos en su afán de seguir la cuerda a los mandatarios.

Lo hicieron, paradójicamente, no obstante que el último miércoles, el Canciller advirtiera que, después del 23, “cualquier declaración: sea de un dirigente sindical, de los movimientos sociales, sea de una autoridad del gobierno, de un asambleísta, de un partido político, cualquier declaración de un boliviano puede ser usada en nuestra contra”.

“Tenemos que tener cuidado; cualquier declaración que hagan dirigentes, autoridades, miembros de la oposición, asambleístas, en algún momento, en caso de darse un juicio, puede ser utilizada en contra del pueblo boliviano; tenemos que tener mucho cuidado”, insistió Choquehuanca.

Pero la advertencia mayor, similar a la que se empleó ante dificultades anteriores, partió del mismo Presidente, en Potosí, según el reporte de la cadena Fides, cuando dijo: “quienes afirman que es un retroceso, es un mensaje de algún chileno”.

“En los 5 años de diálogo me he dado cuenta que Chile sólo quiere hacer perder el tiempo”, dijo el mandatario, simplificando con ello, por sí mismo, la virtual decepción para resolver el diferendo en los marcos de la bilateralidad en que se empeñó el Estado Plurinacional desde el 2006.

“Cohesiones”

El propio Vicepresidente ha anunciado que el Canciller debería comparecer ante el Parlamento para desmenuzar los recovecos de la negociación con Chile, que abarcan su gestión como uno de los pocos ministros que subsisten del Gabinete original del presidente Morales.

“Lo que sucederá ahora es que se dejen de lado estas rencillitas y mezquindades partidarias que le pueden hacer daño a Bolivia si no son administradas y reguladas de manera sana. Es bueno que nuestro canciller reflexione y dé una serie de pautas y pensemos en conjunto cómo ayudamos a cohesionar todo el sistema político boliviano”, refirió el Vicepresidente

Vistas las tendencias y el precedente peruano sobre Arica, el fallo de La Haya podría darse, según cálculos de especialistas en 6 años, es decir el 2016, cuando de no mediar la reelección, sería otro Presidente el que conquiste eventualmente el mayor lauro de la bolivianidad: obtener con el consenso internacional el acceso soberano a las costas del Pacífico. O se lleve el peor de los descalabros: sellar para siempre la mediterraneidad esta vez por la vía de un fallo de corte internacional.

¿Hay demanda jurídica?

Por lo pronto, a la hora de conjuncionar esfuerzos, el gobierno tiene a disposición varias de las opiniones que desconfían de la judicialización del conflicto, y de que la demanda jurídica -si es que la hay, ahora_ tenga algún resultado:

“El último argumento es verdaderamente insólito. Se expresa que Bolivia habría reconocido el dominio absoluto y perpetuo de Chile sobre su litoral, pero no habría cedido la soberanía. Pareciera que ese pequeño grupo no conociese bien el idioma castellano y no entendiera que esos son conceptos sinónimos”, dice Ramiro Prudencio, por ejemplo.

“Es menester recordar que Bolivia no tiene derechos jurídicos para reintegrarse al mar, sino sólo derechos históricos y morales, estos últimos debidos a las variadas veces que Chile ofreció solucionar el problema. En consecuencia, llevar la cuestión marítima a tribunales internacionales demandará solamente una gran pérdida de tiempo y dinero. Pero lo peor es que lo único que se obtendrá será una nueva desilusión y una mayor amargura para nuestro sufrido y esperanzado pueblo”, añade Prudencio.

“Guerra avisada no mata moros -dice por su parte Fernando Salazar-; no por mucho exhibir datos y pruebas a la prensa, podremos ganar la contienda. Hay que prepararse en derecho y con circunspección para estar a tono con las exigencias de una demanda internacional. Lo demás refleja un protagonismo estéril”

“En las últimas reuniones que tuve en Brasil, junto con el Canciller y el ministro de Defensa, presionamos: queremos saber una propuesta formal escrita que será una base de negociación -insistió el último miércoles en Potosí el presidente Morales.

“Y el Presidente de Chile me dice: esta reunión es informal. Cuando exigimos ¿dónde está la propuesta?, ¿por dónde va ser la soberanía?, no hay. Entonces, ¿qué nos toca?, también apelar a los tribunales internacionales”

“Tal vez en este corto tiempo como Presidente he caído en la trampa de Chile”, concedió el primer mandatario, que, paralelamente confía en que las bilaterales se mantendrán pese al litigio.

La posibilidad no descartada es volver a ellas -ya entonces con el peso de la presión internacional-, de manera que la eventual ruptura con Chile sea al final muy temporal, pero útil para las cohesiones en tiempos de crisis.

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