octubre 30, 2020

Posibilidad de interpretación drewerniana del mito del Pachakuti

por: Derken Castillo

Sobre el mito del Pachakuti nos dice F. Diez de Medina que, “los Incas llamaron al milenio pachakuti: Cada mil años -decían ellos- el mundo se deshace y vuelve a renacer. La tierra y la edad se transforman; todo muda, todo perece, todo vuelve a organizarse. Porque las edades del mundo se cuentan por soles y cada ciclo solar para el anido se componía de mil años. Un milenio, un sol, era para el amauta las revoluciones de la naturaleza que afectan el desarrollo de la sociedad humana.

Pachakuti fue el antiguo clave cosmológico y símbolo de pujanza colectiva. Porque esos Incas descendientes de los kollas tenían la intuición profunda del cosmos, organizaban su vida civil y agraria de acuerdo a la Ley telúrica; eran verdaderamente hijos de la tierra, los que nacen, prosperan y se hunden en el suelo original…

Pachakuti, que literalmente se traduce como “cambió o se transformó la tierra”, posee un doble valor activo: por una parte es cataclismo, por otra resurrección.

“La sociedad humana como el reino telúrico se transforma sin cesar (…) tiempo y mundo se organizan por la variedad y la mudanza: nada queda, todo transcurre y se reforma. Pero eso es el tránsito de un milenio a otro que suceden cambios profundos; y si no sucedía así en el rigor cronológico, el amauta lo enseñaba así, para sujetar a un principio de orden la sucesión natural de los hechos y su representación intelectual (…) Porque cada edad encuentra fin para que otra pueda hallar principio”

“Y cuando los hombres se cansan de sus leyes y costumbres y sus almas fatigadas piden cambio, se rompe la armonía de la naturaleza, y el fuego, e aire, el agua y la tierra abandonando el equilibrio cósmico se entregan al fuego destructivo (…) Pachakuti es un periodo crítico de la vida de la tierra y del hombre, que se principia en calamidad y perdición, termina siempre en nacimiento, en recomposición de las formas políticas y sociales”

Drewermann plantea la “praxis terapéutica” y su método narrativo psicoanalítico. Psicoanálisis consiste en: a) un método de estudio para obtener luz sobre el significado inconsciente de las palabras, acciones e imágenes mentales; b) un método psicoterapéutico basado en este estudio, empleando medios de intervención, como la interpretación de los deseos profundos y la resistencia que impide su libre expresión.

Drewermann considera que la angustia y su consecuencia directa, la desesperación, está definida como la pérdida total de esperanza, “como producto del mal y la irreconciabilidad de los humanos”. Arnold y sus colaboradores definen el inconciente dinámico a la noción de represión, censura, empobrecimiento de la personalidad, y su ser es sobrecargado por compromisos dinámicos.

También está vinculado con el concepto de deseo por los elementos reprimidos; en la medida en que estos se organizan para emerger a la superficie, determinan el comportamiento, apetitos y necesidades del sujeto; y correlativamente, el miedo y destrucción de tales deseos causa la total extinción de todos los deseos vitales. La meta de “alcanzar el núcleo terapéutico” capaz de curar su humanidad enferma o deficiente y, por eso mismo, trasladarlo a las proximidades del ser.

Tomamos de Arnold y Col la definición de terapéutica: “Interpretar es sobre todo una cuestión de entendimiento, y con el fin de hacer inteligible el inconciente”. La interpretación se interesa no sólo por lo que los pacientes cuentan de sus sueños y las circunstancias de su vida, sino también por todo lo que encubren, olvidan o repiten sobre sus contradicciones, repeticiones o cualquier cosa extraña.

Para facilitar semejante análisis, el paciente debe expresar verbalmente todo lo que se le ocurre y no detenerse ante pensamientos inútiles, impropios o absurdos.

De esta manera, al conversación basada sobre “la libre asociación” desarrolla y permite al analista interpretar dos aspectos básicos del inconciente: 1) lo que está reprimido y 2) las fuerzas represivas. Mientras hace esto debe poner la máxima atención en observar como el paciente se defiende a sí mismo y se esfuerza en evadir la obligación impuesta.

La interpretación debe aplicarse progresivamente, no cuando el psicoanalista ha entendido, sino cuando el paciente puede responder y muestra con sus sueños, sus declaraciones y su comportamiento que ya está en grado de comprender lo que la interpretación está haciendo aflorar a la conciencia.

Drewermann reconoce que, “el mito posee una función social y otra psíquica, esta última posee un carácter universal al margen de determinaciones histórico culturales. “La psicología profunda no explica lo que un mito concreto puede significar para una sociedad (…) sino lo que el mito, más allá de los localismos culturales y religiosos, significa para la psicología humana en general”

Para Drewermann la verdad del mito es lo misericordioso y que este no puede ser falso y que las ligadas a las actitudes que son verdaderas, “actúan de forma sanadora en y para los hombres: (…) el mito será verdad si efectivamente cumple una función reconciliadora en lo más profundo del ser humano”

Si la verdad del mito es lo misericordioso, como virtud sanadora y curativa, entonces Ortega y Gasset llegan a hacer de la verdad “la conciencia del hombre consigo mismo examina el pensamiento actual sostiene que se ve obligado a conocer, porque el conocimiento es acto que salva del naufragio de la existencia. El saber se convierte de este modo en saber a que atenerse. Ser es, por consiguiente, lo que hay que hacer (…) ponerse en claro consigo mismo respecto a lo que se cree de las cosas”

Paul Tilich considera que, “la fe es una cuestión de libertad. La libertad no es más que la posibilidad de actos personales centrados. La discusión frecuente en la cual se enfrentan fe y la libertad se vería beneficiada si se comprendiera que la fe es un acto libre, es decir, personal. En este sentido fe y libertad son idénticos”

“La fe como acto personal y abarcador de la personalidad es “extática”. En el éxtasis de la fe hay una preocupación de la verdad y del valor ético (…) “éxtasis” quiere decir estar parado fuera de sí mismo sin dejar de ser uno mismo con todos los elementos que están reunidos en el centro personal”

Para Drewermann el mito se origina en el sueño, la visión, la poetización del individuo se convierte en un gran sueño. Entonces el lenguaje simbólico e imágenes del sueño no se limitan a reflejar la sedimentación de las experiencias individuales sino que al mismo tiempo, “concentra, explica o anticipadamente configura las vivencias de un grupo de personas más amplio (…) posibilita el paso del sueño individual al mito colectivo o, si se quiere, hay una especia de fundición entre individuación y persona colectiva”

La psicología profunda (tiefenpsychologie) el punto clave de profundidad es de que la apariencia superficial contrasta con la que yace “dentro, debajo”. Precisamente porque la apariencia superficial nos puede reorientar, también una persona puede parecer superficialmente amistosa o solitaria, pero luego manifestar un comportamiento diferente cuando se discuten los detalles íntimos de su vida.

Entonces, el mito del Pachakuti podría ser vivido como drama en el interior de un individuo, es decir, se lo puede vivir anímicamente, espiritualmente, en el plano estrictamente psicológico para su posterior reflexión filosófica.

La esperanza de que habrá otros tiempos después del caos económico social y político en la percepción de la existencia implica una cosmovisión de una nueva realidad con una nueva estética y una nueva ética. Las crisis son beneficiosas si después de ellas se aprendió algo importante para el individuo. La psicoterapia psicoanalista podría ayudar y proyectar una preparación para el futuro, o más concretamente, para esperar al Pachakuti.

*     Profesor de filosofía, una versión más amplia de su trabajo puede ser encontrada en la revista “Lup`iñani” de 2007, de la facultad de filosofía de la UMSA

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