octubre 25, 2020

Re-construyendo una nueva hegemonía

El desencuentro que se ha producido entre el gobierno y la Central Obrera Boliviana (COB) en torno al incremento salarial (pues no otra demanda le ha interesado a la cúpula cobista), se ha expresado en varios días de tensión y ha mostrado una crisis que, contrariamente a lo esperado por las corrientes conservadoras, le da al proceso una gran oportunidad para re-impulsarse en la perspectiva no capitalista de la cual habla la máxima conducción.

La crisis que ha aflorado, entendida ésta como un momento particular de desarticulaciones en algunos niveles, se presenta, al mismo tiempo, como el momento oportuno para construir otro tipo de articulaciones entre el gobierno y los movimientos sociales en la perspectiva de apuntar medidas de transformación en las condiciones actuales. El tipo de relación que el gobierno desarrolló con los sindicatos y movimientos sociales entre enero de 2006 y diciembre de 2009 ha servido para alcanzar valiosas conquistas que en otras condiciones no hubiesen sido posibles. A eso se debe las nacionalizaciones del petróleo, de la empresa de Telecomunicaciones y de la empresa Metalúrgica Vinto; la creación de la Renta Dignidad y otros bonos, pero principalmente la aprobación de una nueva Constitución que sienta la condición de posibilidad de dejar atrás al estado monocultural y edificar el Estado Plurinacional.

Hay que admitir, sin embargo, que ese tipo de relación fue transitando por otros caminos poco ortodoxos para una revolución a partir de enero de 2010 y que condujeron a que los movimientos sociales retornaran a tener en sus intereses particulares su máximo horizonte de visibilidad y perdieran una mirada global, lo cual hizo caer en el Estado todo el peso de llevar adelante el proceso. Y como no hay revolución sin sujeto en movimiento o quizá mejor decir no hay sujeto revolucionario sin movimiento, en cerca de un año se ha tenido un comportamiento más conservador que transformador, tanto en las medidas adoptadas por el gobierno —quizá motivadas precisamente por la ausencia de una dinámica social insurgente— como por la conducta pasiva de los actores sociales llamados a ser la dirección colectiva del cambio.

Los remezones siempre son buenos. La resolución del conflicto social, agravado por las consecuencias del intento de subir en un porcentaje elevado el precio de los combustibles a fines del año pasado, le aporta al gobierno varias lecciones que, con una mirada objetiva y acompaña de una crítica y auto-critica honesta y sana, son más que suficientes para hacer ajustes en los niveles de la gestión, en la adopción de más medidas transformadoras que levanten a los actores de su estado de reposo (como la nacionalización de algunas minas que eran de propiedad estatal), en la redefinición de un nuevo tipo de relación entre el gobierno y los movimientos sociales (más políticas y nada prebendales), en la construcción de un aparato político de visión estratégica y no electoral que le devuelva al MAS-IPSP, sobre nuevas condiciones, la autoridad moral de ser parte de la conducción global del proceso, así como se redefinan nuevas relaciones entre el liderazgo indiscutible de Evo Morales y las potencialidades del sujeto histórico colectivo.

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