octubre 21, 2020

Torrijos y el Canal de Panamá

El inmenso océano está ahí, no se mueve y no cambia por nuevas palabras. Sin embargo, un discurso presidencial trastocó las fichas de la agenda nacional y los problemas de la coyuntura económica y política fueron desplazados por el asunto más viejo del imaginario boliviano: retornar al Pacífico, al Litoral.

Muchos opinan que el gobierno logró cambiar desde el 23 de marzo las portadas de los periódicos y los titulares de los telenoticiosos llenos de las colas de consumidores, las protestas sociales, los video sobornos y otros asuntos domésticos.

El tema del mar vuelve con sus características antiguas, el debate, la distancia con la cancillería chilena, los argumentos decimonónicos, el recuerdo del Lauca, la protesta por el Silala y un largo etcétera.

Por ello, vuelvo a recordar a un personaje que nombro frecuentemente y que sigue poco conocido por los bolivianos, aunque su empeño personal y su estrategia podrían ser una enseñanza colectiva.

Omar Torrijos, general de la Guardia Nacional panameña, gobernó su país desde 1968 condicionado por un asunto que pesaba en el sentir itsmeño desde su independencia de Colombia en 1903. Detrás de esa autonomía estuvo la larga mano del naciente imperio estadounidense que apoyó a los independentistas a cambio de conseguir un tratado que cedía parte del territorio panameño y la administración del Canal interocéanico, la vía estratégica más importante de las Américas.

Las oligarquías habían aceptado aquella imposición pero muchos intelectuales y pobladores rechazaron siempre tener ese enclave. La protesta mayor fue el 9 de enero de 1963 cuando un héroe de 17 años, el estudiante Ascanio Arosemena y sus amigos arrancaron la bandera yanqui de la Zona del Canal. La respuesta fue sangrienta, pero Ascanio conmovió a los nacionalistas, incluyendo a los propios militares formados por Estados Unidos.

Torrijos se propuso recuperar el Canal por la vía diplomática. Reservó una salida suicida si no había respuesta: dinamitar las esclusas de la famosa obra de ingeniería que une al Atlántico con el Pacífico.

Para ello trazó dos estrategias: unidad interna con el objetivo de recuperar el Canal y para ello desplazó una política social de educación y salud para sus habitantes. Aunque no faltaron rasgos autoritarios, incluso violentos, una amplia mayoría panameña apoyó a Torrijos.

Externamente evitó alinearse con la Unión Soviética, pero restableció contactos con Cuba, con los sandinistas, con los países árabes, con el Caribe anglosajón, con todos los presidentes latinoamericanos —de izquierda o de derecha— y sus delegados buscaron votos en cuanto foro internacional se presentaba. En cinco años, logró que el asunto del Canal de Panamá fuese tema de agenda internacional.

Un enanito de pocos kilómetros cuadrados y sin ejército arrinconó al imperio más poderoso y Estados Unidos aceptó revisar el Tratado de 1904. Seguramente influyó el espíritu pacifista de James Carter; en todo caso, en 1978 Panamá ganó. Los nuevos tratados trazaron un itinerario hasta el 31 de diciembre de 1999 y el 2000 Panamá recuperó su canal, su territorio, y panameños capacitados en la larga fase de transición se hicieron cargo del canal. Actualmente la ampliación de esa vía amplía el poder económico local.

Entre medio hubo muchas tensiones, pero la meta se consiguió: Panamá ejerce soberanía sobre todo su territorio.

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