octubre 30, 2020

La Derecha internacional y una agenda muy activa

La derecha internacional desarrolla una activa agenda para encontrar la fórmula o el “antídoto” contra los gobiernos populares y de izquierda en América Latina. Dos encuentros en Estados Unidos y uno en Argentina son una pequeña muestra de lo que los Neocon hacen en los tiempos de Obama.

Tres encuentros de la derecha internacional, de distinta naturaleza, se han producido entre marzo y abril —dos en Estados Unidos y uno en la Argentina—, para reivindicar la economía de mercado y los valores de la democracia liberal, así como, fundamentalmente, encontrar el “antídoto” para enfrentar a los gobiernos populistas de América Latina que se proponen el “socialismo del siglo XXI”.

De las dos reuniones en los Estados Unidos, una se desarrolló abiertamente y otra se llevó a cabo de manera reservada con la participación de parlamentarios de la línea opositora en Bolivia. Ambos encuentros, en los que los participantes tenían un perfil más de políticos y activistas, se registraron a fines de marzo y los primeros días de abril.

La tercera y ultima tuvo a Buenos Aires como sede entre el 17 y 20 de abril. A diferencia de las dos anteriores, “El desafío populista a la libertad latinoamericana” contó con la presencia de intelectuales ultraconservadores, entre los cuales destacaban el escritor Mario Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner, y una cantidad de funcionarios de fundaciones de derecha.

El seminario organizado en la Argentina por la ultraconservadora Mont Pelerin Society —fundada en Suiza en 1947— y la Fundación Libertad —una suerte de satélite de la Fundación Heritage en varios países de América Latina—, reunió acerca de 300 personas y entre los invitados figuraba el ex presidente boliviano Jorge Quiroga.

Durante los tres días de la reunión, a los que se negó el ingreso de algunos medios como Pagina 12 de ese país, el escritor peruano nacionalizado español, Mario Vargas Llosa, acaparó el centro de la atención por el mensaje que transmitió con lo que dijo y dejó de decir sobre los peligros y los desafíos que acechan a las democracias latinoamericanas.

Todavía no se conoce los alcances del encuentro en sus momentos de reserva (sin la presencia de periodistas y que son los más ricos), pero es evidente que a pesar del origen democrático de varios gobiernos latinoamericanos de orientación anti-imperialista, los Neocon no dejan de resaltar su carácter “populista” y su tendencia “autoritaria”. Vargas Llosa, designado Premio Nobel de Literatura en 2010, arremetió contra el “populismo” en general pero en particular contra Hugo Chávez y Daniel Ortega por conducir “democracias autoritarias” en la región.

El escritor peruano, quien perdió las elecciones en su país ante Alberto Fujimori en los 90, no hizo alusiones directas en sus intervenciones públicas contra otros presidentes de América Latina. Sin embargo, sin nombrar a Cristina Fernández ni hacer referencia al gobierno de Néstor Kirchner dijo: “Las políticas que ha implementado no me parecen las ideales ni para la Argentina ni para ningún país”.

Pocos meses han pasado como para pensar que Vargas Llosa y el grupo de neoconservadores hayan sacado de su cabeza al presidente boliviano Evo Morales, a quien no se cansan de criticar por liderar un proceso político radical y al que piensan un “satélite” de Venezuela y Cuba.

En enero pasado, en Punta del Este, Uruguay, el escritor peruano criticó a Morales y Chávez por liderar “democracias relativas y caricaturales”. Calificó a la situación venezolana de “catastrófica” y aseguró que el presidente indígena estaba destruyendo “sistemáticamente” el país andino.

En el encuentro de Buenos Aires, en las que se adoptó acuerdos para enfrentar con más éxito a los gobiernos “populistas” de la región, no se dejó de expresar preocupación por las venideras elecciones generales en la Argentina. El presidente del Banco Ciudad, López Murphy, alertó que la actual fragmentación de la oposición en ese país iba a facilitar la campaña de Cristina Fernández, quien saldría airosa en la primera vuelta, convocadas para octubre de este año.

A esta ola de lamentos se sumó otra: la derrota de Alejandro Toledo en Perú. Todavía demasiado resentido por su derrota ante Alberto Fujimori en las elecciones de 1990, Vargas Llosa compartió el trago amargo de la derrota de su candidato peruano con López Murphy, Mauricio Macri y su hijo Alvarito. “Sin alegría, con muchos temores voy a votar por Humala”, afirmó el Premio Nobel de Literatura a quien un grupo de intelectuales argentinos le pidió no participar de la 37 Feria del Libro en Buenos Aires.

Los cuatro días de encuentro de los Neocon, con elegantes cenas en las noches, fueron más que suficientes para encontrar algunas respuestas a la pregunta que se hicieron el primer día: ¿por qué el populismo es tan popular y el capitalismo tan temido en el mundo de hoy? Todos le echaron la culpa a la falta de conciencia de los electores y a la plata que Chávez riega por América Latina. Ninguno de ellos responsabilizó de las profundas desigualdades sociales a las producidas por el neoliberalismo en más de dos décadas de vigencia en esta parte del mundo.

Y no podían hacerlo. De hecho la Mont Pelerin Society partió del criterio, alimentado por el economista Friedrich Hayek, de que las desigualdades son buenas porque empujan a la competencia y a la plena superación del hombre. Entre otros economistas que formaron parte de esta organización ultraconservadora están Milton Friedman, Lippman, Karl Popper y otros de la Escuela de Chicago.

La continúa apuesta por el mercado como “regulador” de la economía, reafirmada en la cita, contó con los aportes de Sebastián Edward, un chileno que asesora al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la agencia estadounidense para el desarrollo (USAID), así como mantiene estrechos vínculos con la National Endowment Foundation (NED), las dos últimas acusadas de aportar recursos a las oposiciones de gobiernos populares y de izquierda en América Latina.

Pero de si personajes se trata, hay dos que mencionar, aunque no se conozca las “recomendaciones” que hicieron: el actor y ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, quien es partidario de endurecer las medidas contra los migrantes, y Carlos Alberto Montaner, un periodista cubano con reconocidos vínculos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Entre los auspiciadores del evento figuran la española Fundación para el Análisis Económico Social (FAES) del ex presidente José María Aznar, quien sugirió —no se sabe si a la ONU o la OTAN—, una intervención militar a Cuba, como ocurre ahora con Libia. Obviamente no podía faltar la embajadora de Estados Unidos, Vilma Socorro Martínez.

“Los antídotos”

La reunión de Argentina figura como la más importante de los ultraconservadores, pero no la única. Si bien en Buenos Aires el objetivo era buscar “arsenal” teórico y académico para enfrentar a los gobiernos contrarios al neoliberalismo, hay otro encuentro que se destacó por la participación de dirigentes y operadores políticos de varios países del continente.

El foro se denominó “Antídoto para el socialismo del siglo XXI” y se llevó a cabo el 31 de marzo en Weston, al norte de Miami, donde se escuchó la voz segura de Roberto Micheletti, quien se mostró orgulloso de haber derrocado mediante un golpe al presidente hondureño Manuel Zelaya en junio de 2009 y, por si fuera poco, no tuvo ninguna reserva por convocar a que otros siguieran su ejemplo.

“Lo que no han podido hacer en Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela, lo hicimos nosotros”, dijo con tono elevado y la mirada de orgullo el político hondureño que en combinación con las fuerzas armadas conducidas por el general Vásquez y el apoyo de la base militar estadounidense de Soto Cano, dónde Zelaya permaneció unas horas después de ser secuestrado y expulsado en el mismo día a Costa Rica.

El foro, que anuncia ser replicado en países como Colombia, Nicaragua, Panamá, Perú, Chile, Uruguay, Paraguay y Argentina en los próximos meses ha sido convocado por “Derrocar es Constitucional”, una organización sin fines de lucro registrada en el estado de New Jersey, Estados Unidos” y dice cumplir su “misión” de “detener la expansión de los fundamentos castro-comunistas que se han arraigado en países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela”.

Los participantes en el encuentro de la ultraderecha continental no se anduvieron con vueltas. A diferencia de las décadas de los 60 y 70, cuando Estados Unidos utilizaba la Doctrina de la Seguridad Nacional para colocar a las fuerzas armadas contra sus propios pueblos e instaurar regímenes militares, como de Pinochet (Chile), Banzer (Bolivia) y Videla (Argentina), el método propuesto, aprobado y aplaudido es otro. “El antídoto es utilizar los mecanismos constitucionales para permitir un derrocamiento constitucional a través de la consulta revocatoria”, ha señalado Micheletti.

Esta táctica ya fue advertida por presidentes de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina, lo que hizo que Evo Morales en Bolivia y Hugo Chávez en Venezuela llamaran a sus pueblos a darles una mayoría en sus Asambleas Legislativas para allanar medidas de transformación pero también para alejar el peligro de “golpes suaves”. El vicepresidente boliviano Alvaro García Linera sostuvo en 2009 que esa fórmula no era procedente pues el gobierno contaba con dos cosas que Zelaya no tenía en Honduras: movimientos sociales movilizados y una mayoría en el Congreso Nacional.

El método “Micheletti” fue afinado en Honduras, pero sus raíces hay que buscar en la forma como se hizo el golpe de Estado en Venezuela el 11 abril de 2002, cuando Chávez fue secuestrado y conducido a un fortín militar, para luego aprovechar el aparato mediático transnacional —el mismo que calló el golpe contra Zelaya— con el objetivo de hacer “conocer” que el presidente venezolano había renunciado, lo que nunca sucedió. Una poderosa movilización popular derrotó el golpe.

En foro dio lugar a intervenciones interesantes. El diputado opositor ecuatoriano Leonardo Viteri sostuvo que tras esa “novelería de Socialismo del siglo XXI”, en Ecuador “estamos sufriendo porque estamos perdiendo nuestras libertades, sucede igual en Venezuela, en Bolivia, en Nicaragua”.

Una visita reservada

Entre el 29 de marzo y el 1 de abril se produjo otro hecho interesante. Esta vez no fue un encuentro público de intelectuales u operadores políticos de derecha. Se trató más bien de la visita que durante cinco días hicieron cuatro parlamentarios bolivianos a Estados Unidos: los senadores Marcelo Antezana y Bernardo Gutiérrez, y los diputados Norma Piérola y Andrés Ortega

La exigente agenda, que incluía una visita a lugares históricos dentro de la Casa Blanca, se caracterizó por encuentros de esos parlamentarios con congresistas republicanos ultraconservadores como Douglas Farah, Michael Mc Caul y otros altos funcionarios de organizaciones involucradas en temas de subversión en América Latina, como es el caso del National Democratic Institute (DNI) y el International Republican Institute (IRI). Ambas organizaciones dejaron de operar en Bolivia hace meses, aunque sus vínculos y acciones en territorio nacional parecen mantenerse.

Los temas que abordaron los político bolivianos giraron en torno a narcotráfico, seguridad nacional y la democracia, los tres recurrentes en la formulación de la discursividad y la práctica de la oposición de derecha contra gobiernos de izquierda en la región.

De acuerdo al programa organizado por los organizadores —Foundation Heritage, Ibero American Business, la Coalición por la Democracia y el Instituto de Liderazgo—, en la delegación boliviana participó activamente Manfred Reyes Villa, ex prefecto y ex candidato presidencial que fugó de Bolivia en diciembre de 2009 acusado de varios delitos.

Según algunos despachos, cuatro fueron los objetivos principales de esta visita a los Estados Unidos: lograr apoyo para que Bolivia “recupere la democracia”, promover el regreso de la DEA, impedir que USAID sea expulsada y pedir un pronto restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Bolivia y Estados Unidos mantienen relaciones a nivel de Ministros o encargados de negocios luego que el presidente Evo Morales expulsara en 2008 al embajador Philip Golberg —hoy encargado de Inteligencia en el Departamento de Estado—, por apoyar los planes golpistas y separatistas de la oposición, particularmente de la derecha cívico-empresarial asentada en el oriental departamento de Santa Cruz.

De todos los organizadores, la Foundation Heritage es la más importante. Fundada en 1973 por Paul Weyrich, esta organización ultraconservadora tuvo una agenda muy activa. En 1979 apoyó al reverendo Jerry Falwell en la constitución de Moral Majority, una organización de la derecha cristiana que en 1980 decía contar con casi medio millón de miembros.

Heritage —que también ha promovido movilizaciones de grupos protestantes y católicos en contra de la legalización del aborto, defensa de los valores de la familia tradicional estadounidense—, en 2004 le dio un amplio respaldo a la carrera armamentista y ha mantenido el criterio de que el regreso de los valores fundamentales se produce “en tiempos de guerra”.

Dos años antes, otro analista de Heritage, Steve Jonson, había formado parte de una misión de observación electoral del Instituto Republicano Internacional en los comicios del 2 de julio en México, donde también participaron varios grupos apoyados por el IRI, como la Asociación Nacional Cívica Femenina, de México, de la cual ha sido presidenta la hoy promotora del Congreso Mundial de la Familia, Ana Teresa Aranda, así como el Foro Democrático, de Perú.

Heritage siempre ha visto a América Latina como un gran reducto terrorista y ha propuesto al gobierno norteamericano un reforzamiento militar de la región, a la que consideraban como el “el flanco sur” de Estados Unidos.

Esta organización ultraconservadora financia las actividades de la Fundación Libertad y ha estado en el patrocinio del encuentro de los intelectuales de la derecha en Argentina.

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