octubre 22, 2020

Vencer los anacronismos para construir la unidad estratégica del pueblo

por: Héctor Hinojosa R. *

La COB, fue fundada el 17 de abril de 1952, es producto de una insurrección popular, constituyéndose en la organización sindical y social más importante que ha existido en nuestro país, su prestigio ha rebasado las fronteras; a este hecho contribuyeron varios factores del contexto político, económico y social. La COB, a la cabeza de los mineros, fue una central única, ese factor de unidad le otorgaba una poderosa representación no solo de los trabajadores sino del conjunto del pueblo boliviano, por ello, se caracteriza a la COB como un instrumento sindical de lucha y un órgano de poder. Pero no sólo era la unidad orgánica, sino que la COB fue labrando una identidad propia de representación amplia con hegemonía obrera, que se expresaba en sus tesis políticas, que resultados del debate y la confrontación ideológica, ofrecían al país un verdadero programa de lucha fijando nítidamente los objetivos inmediatos y los estratégicos, que definían la transformación revolucionaria de la sociedad a través de un programa de carácter socialista.

La COB heredó los aportes del movimiento obrero internacional, entre ellos de los mártires de Chicago, también la rica experiencia de lucha esforzada y heroica de los trabajadores bolivianos, particularmente mineros y campesinos, de las décadas del 30 y 40 cuando se constituye de manera paulatina la vanguardia minera. Tradición de lucha que se expandirá luego en todas las organizaciones sociales del país. Con este bagaje histórico la COB encabezó la lucha contra los gobiernos del capitalismo de Estado que mutaron la lucha revolucionaria del 52 en la conformación de un Estado capitalista atrasado y dependiente del imperialismo. Fue la lucha de los trabajadores teniendo como Estado Mayor a la COB, los que resistieron y derrotaron a las dictaduras militares fascistas.

Fue en 1985 cuando se instituye el neoliberalismo a través del DS 21060 que cambian las condiciones en los cuales se desenvolvía el movimiento sindical, hasta entonces la característica fundamental de la economía boliviana fue la explotación y exportación de minerales, particularmente del estaño, ello explica en partes el rol fundamental de los trabajadores mineros en el movimiento sindical. Pero el 21060 no era un simple recetario económico para combatir la hiperinflación, sino un verdadero proyecto político estatal que transformó la sociedad boliviana bajo la óptica del libre mercado, que precisamente para salvar el sistema económico y social imperante, el capitalismo dependiente, cambió las formas de organización del trabajo, las relaciones laborales y las normas legales, que aplicadas a través de la fuerza y el despido masivo (relocalización), buscaban la derrota de la vanguardia obrera y de la propia COB. Desde entonces se debilitó y disminuyó la influencia de la COB, ingresando a una crisis que aún no ha podido superar.

Sin embargo hay teórico que niegan esta rica tradición de lucha que ha contribuido a la acumulación histórica que ha dado lugar a este proceso político de cambio. Es cierto que en las nuevas condiciones del neoliberalismo, que ha exacerbado y ampliado aún más la lucha de clases, han surgido actores sociales que con mayor fortaleza enfrentaron al neoliberalismo y al mismo tiempo plantearon propuestas de transformación política y social, entre ellos con mayor coherencia las organizaciones campesinas y originarias. Mientras la COB fue penetrada por corrientes sindicales afines al neoliberalismo que pretendían neutralizarlo y cooptarlo al proyecto de las clases dominantes.

Sin embargo pese a esta debilidad y esta penetración ideológica, desde las bases se desarrolló un tenaz movimiento de resistencia a las políticas neoliberales. La presencia minera fue importante en octubre del 2003 y fue decisiva en la crisis de mayo – junio del 2005 para evitar las últimas maniobras de los partidos neoliberales que dieron lugar posteriormente al triunfo popular de diciembre y al ascenso del gobierno de Evo Morales en enero de 2006; como fue importante su participación en la movilización de octubre de 2008 para la posterior aprobación de la Constitución Política del Estado.

Sin embargo, hay quienes antes y ahora desde el gobierno pretenden y pretendieron sepultar a la COB, tal vez por ello no miden los riesgos que supondría confrontar a los trabajadores asalariados con los sectores campesinos, no sería sólo un desatino sino un grave error histórico, que felizmente no se dio en las últimas movilizaciones de abril. Lo que debía quedar claro para nuestros gobernantes que la estabilidad del gobierno no depende de unos agitadores de derecha o de izquierda, sino que está en relación a la resolución de los problemas de los trabajadores y del pueblo, que las políticas económicas no sólo estén en la dirección de mantener la estabilidad macroeconómica, sino en la orientación de resolver los problemas que fueron creados por el neoliberalismo: la desocupación, la informalidad en el empleo, la costumbre de hacer pagar las crisis al pueblo, etc. En esta dirección la movilización de la COB en diciembre de 2010 para frenar el gasolizano (los campesinos manifestaron su descontento, pero no se movilizaron) no fue porque no les consultaron o la medida fue inoportuna, sino que por intuición los trabajadores saben que cuando existe una medida similar preguntan ¿A quién beneficia? ¿A quién perjudica? Y estaba a las claras que una medida así tenía consecuencias negativas en su calidad de vida, que nuevamente les llevó a movilizarse por el aumento de sueldos y salarios.

Ahora, sin lugar a dudas la COB y sus organizaciones afiliadas tienen muchas limitaciones y una crisis interna que deben resolver. Se habla mucho de sus limitaciones salarialistas y sectorialistas, que son evidentes y ciertas, pero instrumentos políticos como el MAS y su brazo social el CONALCAM, en vez de convocar a la confrontación debían cumplir su rol político que les ha destinado este proceso, de ser una dirección política de las organizaciones sociales que les convoque y les cautive hacia la transformación de la sociedad. Esta claro que ambos se han aplazado en su rol revolucionario, por ello que los trabajadores buscan un instrumento político que sea verdadero conductor de las masas hacia los objetivos estratégicos y que además labre la unidad del pueblo.

Por su lado la COB tiene tareas pendientes para librarse de sus anacronismos, ya que el neoliberalismo fue modificando la base económica y por tanto también la situación de los segmentos sindicales que la componen.

 No sólo fueron atacados físicamente, ocasionando inclusive la desaparición de grandes sindicatos de trabajadores, como los ferroviarios para poner un ejemplo, también ideológicamente modificando la conciencia de los trabajadores, que fueron separados de las ideas revolucionaria y ganados por el individualismo. Por ello una tarea es ganar la batalla política e ideológica que deben encarar los revolucionarios y los que planteamos los cambios estructurales de la sociedad. Esta tarea es urgente para sellar la identidad de clase e indígena a la COB, ya que el curso del proceso, es decir, su defensa y profundización depende de la unidad estratégica entre obreros y campesinos originarios, por supuesto ahora en nuevas condiciones; así como los obreros no pueden negar el problema nacional tampoco se puede negar la lucha de clases, que es resultado de la existencia del capitalismo en el país y en el mundo.

Toda alianza de clase supone la estructuración de un programa común, es decir, de un proyecto político de transformaciones revolucionarias que involucre a obreros, campesinos originarios, clases medias y sectores populares, que tiene como contexto favorable este proceso político de cambios. Este programa que debe asumir las medidas progresistas avanzadas por el gobierno y que incluya una meta estratégica común debe ser la base para una alianza nueva entre los trabajadores y con el gobierno, que lógicamente tiene que dar evidencias de avanzar obedeciendo.

La COB ya no puede encarar luchas sólo para los trabajadores que están ligados al Estado (profesores, trabajadores en salud y otros pocos), es como si se librara la lucha contra el Estado del 52, cuando este ya no existe. No solo se debe modificar los pliegos petitorios de la COB, sino que se debe realizar una verdadera ofensiva para que los trabajadores del sector privado hagan vida militante en su interior y los pliegos petitorios también expresen los intereses de estos sectores de trabajadores, así como de los trabajadores independientes de la ciudad y del campo. Planteando y resolviendo los problemas de los trabajadores se deben involucrar en la construcción de un Estado Plurinacional, que no sea la mera reconfiguración del Estado capitalista, sino que se dirija la construcción de un socialismo con sello propio.

Finalmente la COB, ya no puede postergar el debate en torno de su representación y estructuración orgánica. No debe cambiar su esencia como instrumento sindical y de lucha de trabajadores asalariados y no asalariados, de la ciudad y del campo, sino que esta amplia alianza entre trabajadores exprese una nueva hegemonía representada por la unidad estratégica entre obreros y campesinos, obviamente esto tiene que ser resultado de una discusión ideológica y política que tenga como premisa fundamental la construcción de la unidad del pueblo para avanzar hacia la meta estratégica. El reto, por cierto, no sólo es para los obreros, sino también para las organizaciones campesinas.

*     Ex dirigente de la COB.

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