octubre 28, 2020

¿Quién es Beatriz Preciado?

Preciado se ha declarado transgénero para distanciarse de las distinciones entre hombre y mujer; homosexual y heterosexual; intersexual y transexual. No cree en la identidad sexual: la identidad para ella es una ficción, un fantasma en el que uno se puede instalar y vivir confortablemente, a imagen y semejanza del interés biopolítico. Cuando hablamos de biopolítica, nos estamos refiriendo al control externo e interno de las estructuras de la subjetividad y la producción de placer, que operan desde el poder. Es profesora de Técnicas del Cuerpo en la Universidad de París VIII y, vive con su compañera, la escritora francesa y directora de cine Virginie Despentes.

Cuerpo y placer

La teoría filosófica de Beatriz Preciado se centra en la búsqueda del placer, considerado como nuevo objeto de producción y valor de intercambio en el mercado actual. El placer es parte de un nuevo régimen, que ha superado al capitalismo industrial y que Preciado denomina “régimen farmacopornográfico”. Para este régimen, el origen de todo es el cuerpo, en su dimensión carnal. El cuerpo, no como un organismo natural, sino como un artificio construido por dispositivos sociales, culturales y políticos.

Para Preciado, la sexualidad es plástica, en el sentido que es parte de la subjetividad. La sexualidad engloba la identidad y la orientación sexual, los modos de desear, los modos de obtener placer, de ahí que los individuos estemos sometidos a permanente vigilancia y regulación política y psicológica. Lo que el poder busca es controlar que el hombre sea hombre y la mujer sea mujer, con los derechos, deberes y roles que les corresponden. “Me defino como transgénero, pero he salido con biohombres, con biomujeres, con trans… Y te puedo decir que cuando eres biomujer, asignada socialmente como mujer, y sales con un biohombre, asignado como hombre, experimentas una reorganización de tu campo social. De repente, tu familia está contenta. Es un sistema de comunicación complejo, en el que emites signos que son descodificados: estoy de acuerdo con el sistema de producción, y voy a reproducir la nación tal como la conoces”.

Para Beatriz, el cuerpo es una arquitectura indisolublemente ligada a las instituciones médicas, jurídicas y políticas. Esta certeza la obtuvo debido a que nació con una deformación de mandíbula, merced a la cual, a sus 18 años, tuvo que ser operada con fines funcionales, pero también estéticos. Esta operación, fue para ella como “un cambio de sexo”, en el sentido de un cambio de identidad. “…fue un modo de normalizar mi cara. A partir de ahí empiezo a distanciarme de todo eso de qué eres tú naturalmente, o qué son tus tripas, o que la cara es el espejo del alma. Mi cara no es el espejo del alma, es el espejo de la medicina plástica de la España de los ochenta”.

El nuevo régimen

Beatriz habla del ‘régimen farmacopornográfico’ como un régimen de sobreadicción, sobreconsumo y destrucción. Es como si esta cultura de la producción, del consumo, de la desigualdad, de la violencia, de la guerra… en última instancia, haya decidido de forma colectiva, su propia destrucción.

Pero, ¿cómo oponerse a esta cultura de la guerra? Preciado cree que ese es el reto de la izquierda del siglo XXI: ser consciente del estado de depresión colectivo y, provocar un despertar revolucionario. La izquierda tiene que plantear alternativas radicales a la cultura de la guerra, “una es el acceso igualitario a las técnicas de la violencia. Toni Negri decía: hay que darle armas al pueblo, puesto que el Estado está armado. Yo diría: hay que darles armas a las mujeres, puesto que los hombres están armados”.

A la manera negriciana, que nos plantea el contra-imperio a partir de un éxodo del imperio, Beatriz Preciado cree que es necesario consolidarcomunidades disidentes con todos aquellos que hemos sido apartados a los márgenes de lo político: los gays, las lesbianas, los yonquis, las putas. Para ella, es importante, dinamitar las políticas coloniales del siglo XV, que tienen que ver con la familia, la nación, la raza, porque éstas se han agotado. La disidencia consiste en abrirse a lo no familiar, no nacional, no racial, no generizado, porque los emblemas de la biopolítica son precisamente el género, la heterosexualidad, la familia, la raza y la nación. “Pero también un régimen farmacopornográfico en el que el sexo es objeto de consumo y producción. La colisión de esos dos regímenes lleva a una situación delirante, en la que puedes acceder a operaciones de cambio de sexo, pero sólo con las condiciones exigidas para normalizarte”.

Desde este punto de vista, los protocolos de reasignación de sexo, para Preciado, no son lo más importante, ya que éstos están siempre regulados por el Estado. Lo importante es que hay una multiplicidad de maneras de ser transexual. Y en estas mil y un formas invisibles, lo que importa es, escapar a los dispositivos de normalización, entre los cuales los dogmas acerca de la identidad sexual, juegan el papel principal. “De hecho, la sexualidad es muy comparable a las lenguas. Aprender otra sexualidad es como aprender otra lengua. Y todo el mundo puede hablar las que quiera. Sólo hay que aprenderlas, igual que la sexualidad. Cualquiera puede aprender las prácticas de la heterosexualidad, de la homosexualidad, del masoquismo…”.

Feminidad, lesbianismo, heterosexualidad: Figuras de la historia

Beatriz considera que la sexualidad es siempre invisible. Lo que es visible son los estereotipos que la gente tiene sobre la sexualidad lesbiana otrans. “El género y la sexualidad se definen dentro de un marco que con Jacques Rancière podríamos llamar policial: cada cuerpo es considerado únicamente como un individuo susceptible de ser gobernado, como un órgano funcional, que debe reproducir la norma de género y reproducirse. Es dentro de este marco policial donde es posible después establecer agenciamientos políticos”.

De ahí que la diferencia entre las biomujeres y las mujeres transexuales sea la relación que establecen con este conjunto de normas políticas creadoras de los límites entre masculinidad y feminidad.

“Yo retomaría la diferencia que para hablar de la cultura negra establecía Aimé Cesaire entre la noción sustancialista de raza y la noción histórica. Para Cesaire era preciso desnaturalizar la raza para poder luchar contra sus inscripciones históricas. Algo semejante podríamos decir con respecto a la identidad sexual. Desde un punto de vista político, no tiene sentido hablar de feminidad, lesbianismo o de heterosexualidad como entidades cromosómicas o anatómicas, sino como figuras de la historia. Así que alguien se puede sentir orgullosa de ser lesbiana, pero debe al mismo tiempo ser consciente de las condiciones policiales de producción de su propia identidad. Es ahí donde se libra la batalla política y hoy esa batalla tiene que ver con el acceso y el uso de las tecnologías del género, algunas de estas tecnologías son hormonales, otras son discursivas o pertenecen al ámbito de representaciones mediáticas, o de las técnicas de reproducción, o se presentan como instituciones sociales, etc. Por tanto, el problema no es definirse como lesbiana o como trans, sino cuál es el acceso a las tecnologías del género y cuáles son las normas sociales y políticas que en cada caso se ven movilizadas. No olvidemos que antes de que uno o una pueda decidir definirse como lesbiana o heterosexual, una identidad le ha sido asignada a través del reconocimiento médico o jurídico, de la aceptación social o de la exclusión, de la aprobación o de la injuria, de la inserción en un sistema educativo… Por tanto, ser lesbiana, más que una naturaleza que uno puede reconocer y aceptar o no, es una condición histórica, policial, que se puede convertir también en espacio de agenciamiento político”.

Conocer a Beatriz Preciado es una tarea pendiente. Ella ha comprometido su visita a Bolivia para el primer semestre del próximo año. En la espera, sólo queda mantener una actitud crítica con respecto a los efectos normalizadores y excluyentes de toda identidad sexual.

“He pensado en cambiarme de sexo pero ¿hacia qué sexo?; he pensando en cambiarme de nombre pero ¿hacia qué nombre? Prefiero una multiplicidad de identidades móviles. Sigo utilizando Beatriz Preciado para firmar porque la posición de “escritora-mujer-lesbiana” es menos habitual que una posición masculina en el discurso tradicional de la filosofía”.

*     Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UCB), master en Desarrollo Agrario y Filosofía Política con mención en la temática “Saberes y Poderes Locales” (CIDES-UMSA).

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