octubre 22, 2020

Venezuela a 12 años de Chavismo y los límites del “progresismo”

por: Manuel Sutherland *

Los cambios en Venezuela no han sido profundos, sino puntuales o de forma. A pesar de haber rediseñado la Constitución en 1999, la centralidad de la defensa a la propiedad privada, la igualdad de las condiciones a la inversión extranjera y el estado dador de ayudas financieras a la burguesía no se ha cuestionado. De hecho, la Ley Orgánica del Trabajo, que sufrió un reversión neoliberal en 1990, no fue ni tan siquiera reformada en el período en el cual el chavismo obtuvo el 99% de los votos de la Asamblea Nacional con el abandono masivo de la oposición. Por ello, afirmamos con certeza, que los cambios del progresismo del siglo XXI, no atentan contra ninguna de las estructuras sólidas del capital en la región.

Por la forma democrática-burguesa de ascensión al poder y la inexistencia de un verdadero partido político (el chavismo triunfó con un movimiento electoral -MVR-) no parece en el horizonte ningún tipo de atisbo que indique intenciones formales de adelantar cambios en las relaciones de explotación capitalistas. Incluso, hay una cierta tendencia a relativizar aspectos formales del sistema capitalista, con afirmaciones y ensoñaciones morales como: “revolución ciudadana, capitalismo andino, burguesía patriótica, economía “mixta” etc.” No hay indicios de querer ir más allá del marco burgués. Por el contrario, hay una seria y amarga intención de proponer “soluciones” superficiales a los problemas de extrema gravedad que padecen los trabajadores en cada país.

En estos modelos progresistas de monoexportación -el 95% de las exportaciones de Venezuela son petróleo-, se encuentran con feroces trabas para mejorar parcialmente las condiciones económicas. Por todo ello, se concentran en un asistencialismo fuertemente mediatizado que se afinca en distribuir recursos de manera clientelar, entre la población en situación de miseria, sin atacar la causa de tal inanición. Así, es previsible una exaltación positiva a la pobreza, exordios continuos a los próceres, fuerte desarrollo mediático de los pequeños avances que se logran y un intento desesperado de diferenciación con los políticos que tradicionalmente arruinaron estos países.

Todo esto produce seguir bajo la dinámica del capital, como la devaluación del 100% en Venezuela, la subida del IVA, el incremento sideral del endeudamiento externo (el más caro del mundo) e interno (1206% en 8 años) e indicadores de represión policial como en la fábrica Mitsubishi en Anzoátegui, son muestras de que las cosas no andan del todo bien.

No ha habido en Venezuela el acto histórico llamado revolución socialista. Jamás. La revolución como acto profundo y de saltos transformadores, no ha pasado por este país. No ha sucedido ninguna revolución socialista como quiebre histórico en la cual una clase social (la burguesía) pierde su poder político-económico y otra (la clase obrera) gana ese poder, destruye el Estado capitalista, expropia los medios de producción y reorganiza el trabajo social bajo criterios de no explotación y búsqueda de satisfacción de las necesidades sociales. Eso no ha pasado acá, ni de lejos. Aún el Estado es capitalista, el 67% del PIB lo dirige la burguesía y las grandes inequidades derivadas de la explotación capitalista no han declinado. El 20% de la población más pobre apropia cerca del 4% del ingreso, el 20% más alto apropia más del 55%. Mil razones más afirman la necesidad de luchar por una verdadera revolución socialista que supere la idearentista, que radica en hacer creer que la administración popular de la renta petrolera es revolucionaria.

El chavismo a debate…

Siendo muy concretos podemos comentar que el chavismo como gobierno es un híbrido, o un reciclaje de varios funcionarios de rango medio de partidos políticos de derecha y una casta militar de valores patrióticos, que estaba indignada por la deshonestidad e inequidad en la distribución de la riqueza, y que imaginó, que al tomar el Estado, se podría redistribuir mejor el ingreso, adecentar a los empresarios explotadores, corregir a los especuladores sinvergüenzas, disminuir la corrupción (a fuerza de llamados a la moral bolivariana) y que se podía construir una patria grande mediante el uso de la renta petrolera para ayudar a los más pobres a (muy de moda) vivir bien.

Si bien lo anterior es el cuadro del gobierno desde 1999 hasta el 2003, como primera etapa, podemos vislumbrar que entre 2003 y 2005, etapas posteriores al golpe de derecha y la virulencia saboteadora de la burguesía tradicional, el gobierno comienza a tomar posiciones más ofensivas y drásticas en contra de la ultraderecha y otros factores que le disputan el poder.

Del 2005 al 2007, tercera etapa, el gobierno empieza a plantear la noción de socialismo del siglo XXI, sin ninguna similitud al planteamiento de los creadores de esa corriente: Heinz Dieterich, Paul Cockshott, Allin Cottrell. El socialismo del siglo XXI del chavismo, jamás fue desarrollado por sus proponentes, jamás se planteó a nivel de teoría o programa de superación de la realidad concreta. Sólo fue una especie de idea que quería mostrarse como un nivel superior al capitalismo y mejor a los llamados socialismos “reales”. En esa época fluyeron las ideas, proyectos y la economía tuve un auge que coronó el histórico triunfo del chavismo en las elecciones presidenciales (2006), con una mayoría abrumadora y con el discurso del socialismo como bandera. El final de esa etapa lo constituye la derrota del proyecto de Reforma a la constitución.

Luego, en lo que yo llamaría la cuarta etapa, el chavismo entró en una vorágine regresiva en muchas ideas y planteó acercamientos más estrechos con la burguesía, etc. Acá se moderó el discurso “socialista” y se planteó ganarse a la clase media y ralentizar el proceso de la mano de un enorme gasto público que fue aupado por los precios del petróleo más altos de la historia (2008).

Del 2009 a la actualidad es la quinta etapa, fase en la cual, las dificultades económicas, la depresión en el sistema capitalista, la caída de los precios del petróleo y la imposibilidad de importarlo todo -Venezuela importa casi el 70% de lo que consume-, dieron al traste con la estrategia chavista de gastar tanto como sea posible.

¿Las masas apoyan al chavismo?

Si, el chavismo tiene un discurso abstracto, lleno de universales huecos y frases populares. Dicho se discurso se traduce también (no se debe negar) en una serie de programas de asistencia social que brindan a la población en estado de pobreza (extrema y latente) una serie de servicios y beneficios sociales que jamás obtuvieron, esto son las Misiones. Esos programas se muestran por afuera del Estado burgués y mal que bien cumplen papeles de apoyo primario y básico en aspectos como prioritarios como salud y educación.

Exaltar las superficialidades “progresistas” de todos los gobiernos no fascistas del orbe, no es revolucionario. El llamado es a analizar con el marxismo a todos los gobiernos y determinar con sinceridad sus alcances y limitaciones.

  • Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista (ALEM) www.alemistas.org

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