octubre 23, 2020

Amor Estatizado

Asistimos la última semana a un acto masivo difícil de clasificar. Los propios autores le dieron diferentes denominaciones desde hace un año cuando el Viceministerio de Descolonización del Ministerio de Cultura anunció su intención de reunir a muchos hombres y a muchas mujeres enamorados.

Recuerdo que en sucesivas ocasiones se fueron entregando datos del programa, inicialmente con el escenario del Lago Titicaca, de la Isla del Sol. Se habló de bodas, de ritos andinos, de descolonización. La fecha se postergaba, aparentemente no había mayor interés. En aquella ocasión busqué el Plan Operativo de ese ministerio, para ver dónde se colocaba la iniciativa, pero no tuve éxito.

En el último trimestre del 2010, con más fuerza luego de la aprobación de la Ley contra al Racismo y toda forma de discriminación el viceministro Félix Cárdenas insistió en su idea, una boda colectiva con formas andinas para contrarrestar el matrimonio católico traído por los colonizadores.

Hasta la fecha no encontré antecedentes de esta institución precolombina, ni en Guaman Poma de Ayala, ni en los cronistas, ni entre modernos etnógrafos o antropólogos, o en la historia oral. Hay un par de libros sobre el sexo en la época inca, pero no se describen matrimonios. Oblitas Poblete que tanto trabajó sobre la cultura kallahuaya habla de algunas costumbres en ese ámbito. Por ejemplo, a las adúlteras se las desempeñaba desde los riscos para que paguen su culpa. Algo diferente a Jesús que cuando conoce a una de ellas se limita a pedir que alguien sin culpa lance la primera piedra. Varios autores nombran al sirviñacu, costumbre que antecede a las modernas ideas de “vivirse juntos” o del amor libre de los movimientos hippies de los años 70. Julia Elena Fortún cuenta de los castigos públicos a las mujeres aymaras que abortan.

Durante los primeros meses de este año, volvió el tema de la boda colectiva con diferentes titulares: contra la imposición de la Iglesia Católica, contra el matrimonio neoliberal, el nuevo matrimonio plurinacional. Cambiaron fechas y lugares y al final, el gran día en el Coliseo Cerrado de La Paz.

¿Cuántos asistentes vestían sus ropas auténticas? ¿Cuántos fueron disfrazados? Veamos las fotos y los registros audiovisuales para tener las respuestas. Quizá Cárdenas nos podría enseñar de dónde sacó experiencias escritas u orales sobre los ritos que ahí se practicaron como “matrimonio”, “boda”, empezando por el concepto.

También llamó la atención la promesa de vivienda para todas las parejas. ¿Dónde se construirán esas casas? ¿En los pueblos? ¿En las laderas paceñas? ¿En Oruro? ¿Serán viviendas baratas? ¿Cómo se hace un plan de vivienda social si cada pareja se supone vive en lugares alejados? ¿Dar vivienda a los que fueron a la fiesta del coliseo es discriminación con otras parejas?

Otro tema es el costo de la ceremonia, de dónde salió el presupuesto que además hay que multiplicar por tres porque el viceministro está empeñado en hacer otras fiestas. Ese mismo día, la Orquesta Indígena de San Ignacio de Moxos anunciaba su precaria situación porque el estado no le da un peso, igual que sucede con otras iniciativas culturales que incidieron en la vida cotidiana de jóvenes desde El Alto a la Chiquitanía. Peor aún ahora que la cooperación internacional se va del país.

Y la cereza, única en el mundo, es que el Estado vigilará trimestralmente a las flamantes parejas para observar que los matriquis vayan por buen camino. ¿Quiénes serán los nuevos controladores del amor? Estaremos atentos al nuevo capítulo.

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