octubre 24, 2020

Un aporte a la democracia

En octubre de este año, la democracia boliviana dará un paso más dentro del rico, complejo y tenso proceso de ampliación que se encuentra desde hace varios años. La elección mediante voto popular de varios cargos del Órgano Judicial será un paso de extraordinaria importancia en la superación de los límites de la democracia que hemos conocido en el pasado y un aporte a la teoría política en general.

No es exagerado afirmar que la elección de los magistrados que conformarán el Tribunal Supremo de Justicia, el Tribunal agroambiental, el Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura, coloca a la democracia boliviana a la vanguardia de otras en el mundo en muchas facetas de su constitución. De eso no hay duda y es lamentable que la oposición —integrada por determinados políticos, analistas y un grupo de ciudadanos auto proclamados de “apartidistas”— pierda objetividad en su lucha por construir su espacio político.

Es verdad que los peligros existen y de hecho siempre los hay cuando se incorporan elementos sustantivos para cambiar la naturaleza de las cosas. No hay proceso que sea lineal o esté exento de tensión. En este caso la democratización del Órgano Judicial no será ajeno a eso. Pero, cuando se mira con luz larga y se deponen intereses mezquinos, los éxitos para el país serán bastantes con estas medidas que de haberse mantenido la tradicional designación “al dedo” o por cuoteo político de los hombres y mujeres encargados de administrar justicia. De eso, los opositores no dicen nada y es evidente que prefieren mantener dormida su memoria de largo plazo. Eso es desleal con la democracia.

Es verdad que hay peligros que acompañan a este inédito proceso y de eso debemos estar concientes todos: desde la Asamblea Legislativa Plurinacional hasta la ciudadanía toda, pasando por el gobierno nacional. Quizá sea necesario hacer ajustes sobre la marcha para evitar algunos factores que sean amplificados para deslegitimar esta nueva forma de selección de autoridades del sistema judicial. Los partidarios de democracias restringidas aprovecharán cualquier tipo de errores, como, por ejemplo, el padrinazgo que algún despistado oficialista quiera hacer sobre alguien cuestionado en el medio judicial.

Errores, seguro no se podrán impedir. Pero una cosa es clara: habremos avanzado algo más en la construcción de la nueva estatalidad y los criterios destinados a impedir el manoseo de la justicia, cumplidos parcialmente con la incorporación del Consejo de la Judicatura en la reforma constitucional de 1994, recobrarán impulso y se profundizarán.

Hay que encarar con optimismo lo que se está por hacer y también con responsabilidad y prudencia, pero no por eso sin audacia y firmeza.

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