octubre 31, 2020

Más identidad, menos Policía

por: José Luis Exeni R.

De antiguo se sabe que las crisis, esas agitaciones, pueden (re)convertirse en excepcionales detonantes de cambio. Más todavía: son inmejorables momentos de oportunidad política para pensar, deliberar y decidir. Constituyen pues, las crisis, una invitación a remover todo aquello que, en tiempos “normales”, pareciera condenado al statu quo. Ah, las crisis.

Un buen/mal ejemplo de lo que decimos: la crisis como camino-alternativa, es la reciente situación de trance en la Policía boliviana. No es novedad. Desde siempre, casi como marca de nacimiento, esta institución “del orden” mostró que necesita una reforma integral y sustantiva en sus patios interiores. Sus recurrentes-renovadas crisis, irresueltas, así lo confirman.

El último cuento es conocido. El Presidente Morales, a tiempo de nombrar hace unas semanas un nuevo Comandante General del verde olivo, le dio el mandato (incumplible) de erradicar la corrupción policial en noventa días. No-ven-ta. Antes de cumplirse el fatal plazo, la corrupción fue la que, más bien, como por arte de clonación, erradicó al Alto Mando. Y a fojas cero.

Pero este previsible fracaso en la encomendada misión de “hacer algo” en la Policía boliviana devino en una importante decisión política, varias veces postergada, que las ciudadanas y los ciudadanos bien podríamos celebrar: “quitarle” a la Policía el manejo-control del servicio de identificación personal. El derecho a la identidad legal, sino de fiesta, está en hora de parabienes.

¿Qué implica esta decisión de “rescatar” (casi como una conquista) la identificación personal para que sea administrada por otra entidad que no sea la Policía? En principio, supone avanzar en una cuestión fundamental para el verde olivo que es su concentración en labores de seguridad ciudadana. Implica también “librarla” de una fuente cotidiana, al menudeo, de corrupción.

Pero lo más importante radica en la posibilidad, dependiendo de cómo se la gestione, de construir el anhelado servicio único de identidad ciudadana como condición-garantía del derecho a la identidad de todas y todos. Esto es, para decirlo a ritmo de consigna: nunca más una boliviana o un boliviano sin documento de identidad. Nunca más un indocumentado-inexistente.

Ahora bien, como todo sueño, decirlo es muy sencillo, casi impalpable. Lo complicado, como toda realización, radica en pasar del sueño a la duermevela y de ésta, si acaso, a la realidad. Más temprano que tarde debiéramos contar en este país con un documento único de identidad, libre de sospechas, que asegure el ejercicio pleno de nuestros derechos.

Vuelvo a la crisis como oportunidad política. A principios del año pasado, cuando se discutía en la Asamblea Legislativa el proyecto de Ley del Órgano Electoral Plurinacional, se planteó la posibilidad cierta de crear un servicio autónomo que se ocupe del registro de todos los hechos vitales de las personas así como de su identificación. Exaltada, la Policía no lo permitió.

Decía entonces, la verde olivo, que ellos no podían apartarse de las cédulas de identidad por motivos económicos (es una de sus principales fuentes de ingresos legales, a reserva de los ilegales) y por razones de seguridad (a la usanza de los Estados-policía que llevan prontuarios de cada persona para efectos de control). Decían eso y frenaron la necesaria reforma.

Ahora se quedaron sin discurso. O al menos no tienen cómo legitimarlo-defenderlo. Por un lado, el Tesoro General compensará a la Policía por los recursos que deje de percibir; por otro, será el mismo Estado el responsable del servicio, por lo que no cabe ningún riesgo para la “seguridad pública”. Esta vez, pues, en tal asignatura pendiente, no debiera haber marcha atrás.

Y, mientras tanto, ¿qué hacer con la Policía boliviana como institución del nuevo Estado Plurinacional? Además de erradicar la corrupción, mejorar las condiciones laborales y fortalecer el sistema de formación policial, habremos de esperar que, sin plazos fatales-irreales, algún día se logren establecer vínculos de confianza entre estos uniformados y la sociedad.

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