octubre 27, 2020

El cambio desde mi apellido (Parte I)


“La discriminación nace en uno mismo cuando uno siente vergüenza por el nombre que lleva o por el que no lleva” (Celima Torrico Cejas)

Un cambio de apellidos puede significar para un hombre o una mujer dignidad y respeto, por eso, cuando se plantea desde el Estado Plurinacional de Bolivia esta posibilidad que conlleva la modificación de leyes, hablamos de un proceso interno de legitimación y autoestima.

Los bolivianos y bolivianas por mucho tiempo vivimos sometidos a leyes copiadas de legislaciones que responden a realidades muy alejadas de la nuestra, de ahí la urgencia de revisar cada una de ellas y adecuarlas a esta nueva forma de pensar Bolivia.

En el caso de las mujeres bolivianas este cambio significa la recuperación de su dignidad, no es concebible que en este gobierno caracterizado por la inclusión y la equidad de género, reflejados en la Constitución Política del Estado, en el gabinete de Ministros y Ministras, y en otros innumerables escenarios, continúen en vigencia los artículos 10 y 11 del código civil; o los artículos 74 y 174 del código de familia; o los artículos del 96 al 98 del código niño, niña y adolescente; entre otras.

Los artículos del código civil mencionados se encuentran en el Capítulo III De los derechos de la personalidad, hacen referencia al apellido del hijo y al apellido de la mujer casada, indican textualmente “Artículo 10°.- APELLIDO DEL HIJO El hijo lleva el apellido o apellidos del progenitor o progenitores respecto a los cuales se halla establecida su filiación”. Al respecto se debería complementar el mismo permitiendo a los 18 años el hijo o hija pueda solicitar la modificación de su apellido paterno en casos donde el padre no se haya hecho responsable de su crianza o manutención, cambiando el mismo por el de la madre. Justo reconocimiento para mujeres que han recibido de los progenitores de sus hijos o hijas nada más que el apellido.

“Artículo 11°.- APELLIDO DE LA MUJER CASADA I. La mujer casada conserva su propio apellido, pudiendo agregar el de su marido, precedido de la preposición “de” como distintivo de su estado civil, y seguir usándolo aún en estado de viudez. II. En los títulos profesionales usará su apellido propio. III. La mujer divorciada no tiene derecho a seguir usando el apellido de su ex-marido, salvo convenio entre partes, o, a falta de él, con autorización del juez, en mérito al prestigio ya logrado con ese apellido en la actividad profesional, artística o literaria. IV. En otros casos el uso del nombre se rige por las disposiciones particulares de la ley”, transcrito de manera textual este articulo nos refiere que la única manera de reflejar el estado civil de una mujer casada es cambiando su apellido por el del marido con la preposición “de”, misma que denota un sentido de propiedad del varón sobre la mujer, cuando el matrimonio es en realidad la unión de la pareja en igualdad, no es necesario cambiar de apellido para demostrar que es la esposa de alguien, este simple cambio evitaría la cantidad de tramites a los que se ve sometida la mujer al contraer nupcias y dejaría sin efecto aspectos como los indicados en el parágrafo 3 de este mismo artículo.

La ley de despatriarcalización contempla las modificaciones señaladas y muchas otras, que tienen como objetivo recuperar la dignidad de mujeres, niñas y adolescentes, en un gobierno que vela por la equidad de género, que ha demostrado ese interés en diferentes acciones. En una próxima entrega se tratarán los códigos de familia y de niño/niña y adolescente.

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