octubre 24, 2020

Grotesco ejercicio del poder patriarcal


por: Rosario Aquím Chávez-.


Hemos visto con horror días atrás, como el patriarcado se pavoneaba ante la consolidación del derecho propietario sobre los cuerpos de las mujeres. Esta vez, son los cuerpos racializados de las mujeres indígenas originarias campesinas, los que son obligados a cumplir con el contrato sexual de la heterosexualidad obligatoria y a perpetuar, a través de la función productiva y reproductiva de la vida y sus cuidados, las dos instituciones más decadentes, encargadas de hacer posible el sistema de dominación y de poder patriarcal: la familia y el matrimonio.

El presidente Evo Morales en persona, so pretexto de cumplir con los usos y costumbres ancestrales, en un intento seudo descolonizador, sella la lealtad y complicidad del hombre indígena con el ego conquistador y, por ende con la colonialidad del poder y con la colonialidad de género. Porque nada más grotesco y colonial, que ese ritual caricaturesco de matrimonio colectivo, cuya parafernalia no habla de otra cosa, que del desesperado intento del poder por controlar mediante dispositivos mágico-religiosos, aquello que la pulsión racional no puede ofrecer.

Todos sabemos, que en los usos y costumbres se encuentran solapados los resabios más violentos de la dominación colonial. Sabemos por ejemplo, que en el caso de las culturas de la amazonia, la misión como institución colonial fue un dispositivo de normalización, cuyas principales preocupaciones eran el orden público, la policía y la institucionalización de una norma jurídico-política común. Y, que otro de los dispositivos del poder misional, fue la concentración de indios en esas misiones o reducciones. En estas instituciones de secuestro, comenzaba el proceso civilizatorio y de transformación subjetiva del indio, desde la modificación de su hábitat hasta el desarrollo y fortalecimiento de su alma. Estas transformaciones, destruyeron todas las formas de organización del trabajo, de colaboración, de ayuda mutua y de solidaridad que estas naciones habían logrado construir en torno de su hábitat. Los objetivos que se buscaban con la concentración de los indios en las misiones eran: romper su dispersión y movilidad para que no escapen a la evangelización, “sustraerlos del vicio y la lujuria” al alejarlos de sus casas comunales, ya que para los misioneros las “malocas”, eran lugares de “promiscuidad e inmoralidad”, finalmente se creía que el mantener a los indios en las misiones facilitaría su evangelización y civilización.

Sabemos pues, que las misiones, eran especies de cárceles panópticas, en las que se guardaban los cuerpos para su disciplinamiento y normatización en función de un sistema permanente de vigilancia y de control, y en la que se intervenía el alma, con el fin de lograr su “humanización” y “racionalización”. Sin embargo, sabemos también que al interior de las misiones, existían otras instancias de secuestro menores, no por ello de menor importancia como: el convento, el beaterio, la escuela, los talleres, cada una de las cuales estaba destinada a docilizar o “amanzar” de una manera diferente los cuerpos y almas de los indios sujetados. A partir de esto, podemos intuir a manera de hipótesis, que en las misiones comienza a germinar la genealogía de lo que luego se va a conocer como patriarcado. Ya que es a partir de estas instituciones que aparece una taxonomización sexual, etárea y civil de los cuerpos, una división sexual del trabajo y, se puede distinguir claramente, la imposición de una de las instituciones garante del poder de dominio patriarcal: el matrimonio. Y si profundizamos un poco más, es posible encontrar en la extirpación de la “promiscuidad”, los primeros dispositivos de poder de lo que luego será, la heterosexualidad obligada, cuya base reproductiva es la pareja heterosexual. Algo similar, podemos encontrar si hacemos un análisis del diagrama colonial que se impuso en occidente.

De ahí que, investir al poder de divinidad, arrogarle el rol de rey-sacerdote al estado y, permitirle que en nombre de ese poder absoluto expropie nuestros cuerpos, es permitir una vez más que el oscurantismo medieval misógino y feminicida vuelva a reina entre nosotras, usurpándonos la libertad.

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