octubre 25, 2020

Constitución de sujetos y subjetividades

por: Raúl Prada Alcoreza

Dejamos de lado en el mapa teórico pendientes otras figuras conceptuales en torno al sujeto, las que tienen que ver con la psicología social, pero también las que tienen que ver con las corrientes marxistas. Según la psicología social el sujeto se constituye a través de los grupos con los que se vincula incluso desde antes del nacimiento. Por eso aquella habla de un «sujeto sujetado» pero también productor y creativo, en tanto posee la capacidad de transformar su mundo y a sí mismo 1

En las corrientes marxistas se puede considerar al sujeto social como clase, clase que se constituyen en la lucha de clases 2, clase que pasa de ser clase en sí a clase para sí, cuando pasa de la lucha económica a la lucha política. Se trata de un sujeto histórico constitutivo del proyecto anticapitalista por excelencia, el comunismo. Se entiende que se trata de un sustrato histórico que sostiene acciones de resistencia, de rebelión, de sublevación y de insurrección, de un sujeto encargado de abrir el horizonte del comunismo como alternativa al capitalismo. La enunciación de este sujeto ha sido sostenida hasta la caída de los estados socialistas de la Europa oriental (1989-1991).

En Bolivia se puede decir que la enunciación de su convocatoria ha sido sostenida hasta la experiencia de la Asamblea Popular (1971), incluso extendiéndose un poco más, hasta la caída de la UDP (1984). Después de desaparecer este sujeto proletario de las formaciones enunciativas gravitantes y de las cartografías del poder en ejercicio, se abre el abanico de sujetos y subjetividades que también resisten a las formas del capitalismo, a las polimorfas estructuras de dominación, de relaciones de poder, al Estado colonial, al Estado patriarcal. Ciertamente la emergencia de estos posicionamientos subjetivos comienza mucho antes de la caída estrepitosa de los Estados socialistas de la Europa oriental, antes del derrumbe de la hegemonía discursiva de la enunciación del sujeto de clase; sin embargo, se hacen plenamente visibles en el ejercicio de sus resistencias y estrategias alternativas una vez desmoronado el imaginario del proletariado.

En el continente de Abya Yala emerge un espesor de subjetividades, un campo de posicionamientos de sujetos, con capacidad de interpelación integral y de larga duración histórica; este espesor y este espacio de subjetividades puede ser nombrado como el relativo al sujeto plural indígena. La emergencia de su enunciación comenzó en la región andina con los levantamientos indígenas del siglo XVIII, después reiteradamente e intermitentemente aparece en la forma de levantamientos y sublevaciones en defensa de los territorios comunitarios, dando lugar en los momentos más intensos de la lucha a la enunciación de un proyecto político de reconstitución. Uno de esos momentos intensos se da con la masacre del valle, la ruptura del pacto militar campesino y el surgimiento de un discurso anticolonial y descolonizador, un proyecto político-cultural reconocido como katarista. La expresión efectiva y práctica, territorial, se da con el bloqueo nacional de caminos de 1979 organizado por la CSUTCB, bajo la dirección de Genaro Flores. Sin embargo, los momentos más intensos que derivan en un quiebre histórico y en un desplazamiento epistemológico se dan en el periodo de luchas insurreccionales de 2000 a 2005, después de una acumulación de resistencias y periodos constitutivos que arrancan con la marcha indígena de tierras bajas por el territorio y la dignidad (1990-1992).

El sujeto plural indígena se concibe como naciones y pueblos, como culturas y civilizaciones, como resistencias múltiples anticoloniales, no se concibe como clase, aunque las clases sociales estructuradas por el capitalismo periférico la atraviesen. Su identidad no se construye dialécticamente, en un devenir delen sí a un para sí, sino mas bien como una alteridad radical, como una diferencia absoluta con la civilización y cultura dominante, la modernidad, aunque la manifestación heterogénea de las modernidades proliferantes termine constituyendo su auto-referencia y su hetero-referencia. La identidad se construye como memoria, como lectura de la inscripción colonial en los cuerpos. La emancipación entonces tiene que ver con la recuperación de los símbolos y valores, aunque en el mundo en que vivimos se hayan transformado. Lo importante es construir la significación del mundo desde el imaginario de la ancestralidad, como valor supremo frente a la degradación capitalista. Se trata de la recuperación de los territorios, de los espesores culturales, como alternativas a la mercantilización. Podríamos decir que se trata de una constitución nómada debido a la circularidad de los movimientos, la dinámica de los recorridos, la transformación hermenéutica de las redes sociales. En otras palabras, se interpreta el presente desde otro lugar, desde los márgenes, desde una afuera resistente, no subsumido, que permanece como espacio de refugio, aunque también se combina el movimiento con resistencias desde adentro. Esta capacidad de movimiento y articulación le ha permitido a la subjetividad plural indígena amarrar varios escenarios de lucha, la lucha por la reconstitución con la lucha por la interculturalidad, la lucha por los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios con la lucha por la recuperación de los recursos naturales, la lucha cultural con la lucha anti-neoliberal, la lucha comunitaria con la lucha urbana. La mayor expresión de convocatoria y de alianzas se encuentra en el proyecto alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo del vivir bien. Con la alternativa del vivir bien se abre una perspectiva distinta en el combate contra el capitalismo, la defensa de los derechos de los seres vivos de la madre tierra, articulándose entonces con las luchas ecologistas. Se entiende entonces que el sujeto plural indígena es el sujeto del proceso de cambio, es el sujeto del proceso constituyente y el sujeto de la fundación del estado plurinacional comunitario y autonómico.

La irradiación del sujeto plural indígena, de las múltiples subjetividades resistentes y las líneas de fuga alterativas, no excluyen otras identidades colectivas, al contrario las integran en un juego hermenéutico intercultural abierto. No se entiende entonces por qué se acusa al movimiento indígena de excluyente, culpándolo de racismo invertido; lo que ocurre es que al quedar suspendidos los privilegios de la hegemonía mono-cultural, mono-nacional y mono-civilizatoria se abre un ámbito de relaciones nuevos, horizontales, interculturales, complementarios a los que no se está acostumbrado. El sujeto plural indígena se ha convertido en el articulador de nuevas alianzas en la lucha contra el capitalismo, en la construcción de la condición plurinacional, de la condición intercultural, de la condición comunitaria y de la condición autonómica, también en el articulador de una integración complementaria de las sociedades, naciones y pueblos con los seres vivos y los ciclos vitales.

Este es el horizonte histórico abierto por los movimientos sociales, las naciones y pueblos indígenas originarios, ahora nos toca ver las contradicciones del proceso, sobre todo las contradicciones entre este espesor de subjetividades nómadas y las estructuras de poder instituidas, las sedimentaciones institucionales acumuladas, las prácticas cristalizadas en las costumbres y las conductas, las formas gubernamentales liberales heredadas.

1    Wikipedia, enciclopedia libre.

2    Edward Palmer Thompson: Tradición, revuelta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Barcelona; Crítica-Grijalbo, 1979.

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