octubre 21, 2020

EE.UU. busca perforar la CELAC

Estados Unidos no puede impedir la reunión constitutiva de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), prevista para este 5 de julio en Caracas, pero sí tiene posibilidades de perforarla. Para eso ha puesto en marcha una estrategia encubierta, con el apoyo de la diplomacia de algunos países, para bajar las expectativas de tal manera que la OEA siga siendo el organismo predominante en el continente y para impedir, así mismo, la incorporación de nuevos principios y concepciones que buscan la ampliación de la democracia y una nueva pensar la integración y la unidad de los pueblos.

De acuerdo a información de fuentes políticas y diplomáticas confiables, todas ellas vinculadas a Estados Unidos, hay tres ideas centrales que son motivo de debate a pocos días de la reunión en Caracas: el carácter de la CELAC y la relación con la OEA, los tipos de Estado y las formas de gobierno que se deben establecer en su carta constitutiva y los alcances de los procesos de integración.

Para buen entendedor eso significa no poner en discusión que el organismo supraestatal más importante del continente es la OEA y que, por tanto, la CELAC, sin Estados Unidos y Canadá, debe convertirse en un foro secundario y subalternizado a los principios del primero. Si esto llega a confirmarse, significará el triunfo delPanamericanismo -cuyo ropaje ha ido cambiando permanentemente- sobre ellatinoamericanismo, cuyo sueño ha sido encarnado por los pueblos desde la resistencia a las metrópolis hispano-luso americanas hasta el neocolonialismo estadounidense.

Como consecuencia de esa primera definición, lo que Estados Unidos alienta es que la CELAC no trascienda el concepto de democracia establecido en la Carta constitutiva de la OEA, ratificada en la Carta Democrática Interamericana y en otros documentos. Esto implica concebir a la democracia representativa -hoy insuficiente para alcanzar legitimidad en el mundo- como la única forma de gobierno y el capitalismo -aunque no se lo dice de esa manera- como el único tipo de Estado.

Esta posición, según se dice, ha sido trasladada de manera coincidente por Chile y México -dos de los países más importantes del denominado Eje Pacífico que Estados Unidos va modelando- y contrasta con la posición de otros países (ALBA y además Brasil y Argentina) que son partidarios de construir una plataforma más amplia. Esto significa reconocer la existencia de varias formas de democracia (llámese representativa, directa, participativa, deliberativa y comunitaria) y, por tanto, del principio de la autodeterminación de los pueblos para dotarse del sistema político con el que mejor se identifiquen y que mayor relación tenga con su historia.

En tercer lugar, Estados Unidos, cuya presión es ejercida sobre varios países del denominado Eje Pacífico a partir de los Tratados de Libre Comercio (TLC), espera que la reunión de la CELAC no altere el libre comercio, que es más de ida que de vuelta, como de manera dramática lo experimenta México a partir de enero de 1994.

Es decir, se trata de minimizar hasta el máximo esos “otros” sentidos de la integración y la unidad latinoamericana, cuyas expresiones político-institucionales en los últimos años han caminado más bien tras la materialización de principios como la igualdad política y no solo jurídica, la complementariedad económica, la cooperación y el respeto a la auto-determinación.

La posición de los Estados Unidos era de esperarse. América Latina y el Caribe se han convertido en los últimos años en un espacio geopolítico de disputa por la hegemonía entre un proyecto de dominación que solo quiere el fortalecimiento de los nuevos monopolios en la era de la globalización y “otros” proyectos que a partir de la demanda de la multipolaridad apuestan a lograr una autonomía frente a los Estados Unidos.

De ahí que no sea exagerado afirmar que dos son las causas más importantes que explican el origen de la propuesta de la CELAC: el malestar que provoca el control de los Estados Unidos de la OEA, cuyas actuaciones merecen un cuestionamiento casi frecuente en los temas de mayor importancia para el continente y la necesidad de construir un espacio común para los países de América Latina y el Caribe, en los que se reflexionen y resuelvan los problemas latinoamericanos.

Guiado por la “doctrina Monroe” -de la América para los americanos- la dominación de los Estados Unidos se ha desarrollado a través de diversos mecanismos: económicos, intervenciones militares (abiertas y encubiertas), subversión de procesos populares mediante USAID y otros agencias “no gubernamentales” y, entre otros, el control de la OEA, que en los hechos ha legitimado todo lo anterior. En la década de los 60 lo hizo a través de la Alianza para el Progreso, en los 80 con el consenso de Washington y en los 90 con el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y los Tratados de Libre Comercio (TLC).

La OEA nunca se pronunció en contra de la invasión estadounidense a Guatemala en 1954 y a Republica Dominicana en 1959, así como calló en la invasión de Bahía Cochinos en 1961 -derrotada por el pueblo cubano- y en 1983 al pequeño país de Granada.

Por contrapartida, América Latina y el Caribe viven un momento político interesante, aunque en medio de tensiones. Entre los “otros” proyectos se encuentran los horizontes del socialismo y del Buen Vivir planteados por los países miembros del ALBA, cada cual desde su propia especificidad, y la de una suerte de “capitalismo latinoamericano” liderado por Brasil, Argentina y al que se sumará Perú. El común denominador de todos ellos, lo cual ha posibilitado una diálogo y trabajo no visto en el pasado, es la mirada desde y hacia América Latina y el Caribe, un acercamiento a otros países del “Sur” del mundo y un mayor distanciamiento o ruptura, dependiendo de qué país se trate, del tutelaje o la dominación estadounidense.

El continente ha sido escenario de importantes eventos en los últimos años, que dan cuenta del resurgimiento de una tendencia “latinoamericanista”. Entre los más importantes se destacan la constitución del ALBA en 2004, la fundación de la Unión de Naciones del Sur en 2008 y la triple cumbre de 2008 en Brasil de Mercosur, Unasur y CALC, donde se puso en evidencia otras concepciones de integración y unidad, así como la existencia de otras formas de pensar la democracia, la economía, la cultura y la propia relación entre los pueblos.

En síntesis. Más allá de las fotos y las declaraciones previas, la reunión de Caracas será histórica. Se desarrollará en medio de tensiones. De la capacidad que tengan los países que lideran una posición latinoamericanista para no caer en las provocaciones y de mirar el largo plazo, sin que eso signifique ceder a temas de principio, pero manejando tiempos y jerarquizando temas, dependerá el avance progresivo de esta ola emancipadora en el siglo XXI.

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